“Borges me decía: Su padre la educó para mí”

A Jorge Luis Borges le gustaba Pink Floyd y The Rolling Stones: una influencia de la joven María Kodama. De esto y más conversó Bezzubikoff, poeta huancaíno radicado en Nueva York, con la viuda y defensora de la memoria de Borges.

| 16 enero 2013 12:01 AM | Especial | 2.4k Lecturas
ENTREVISTA CON MARÍA KODAMA

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“Estábamos esperando en el Hotel Palace, en Madrid, que vinieran a buscarnos para ir a cenar; nosotros decimos ir a comer… Borges estaba sentado, y, de pronto, veo a este señor que se arrodilla frente a él… Mick Jagger le toma la mano a Borges y le dice: ‘Maestro, yo lo admiro. He leído su obra’. Y, Borges como no ve, le dice: ‘Perdón, ¿usted quién es, señor?’. Y él le dice: ‘Mick Jagger’. ‘¡Ah!, uno de los Rolling Stones’, le contestó Borges. Casi se desmaya Mick Jagger”.
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Una de las lecturas que se puede hacer en la obra de Borges es que el destino actúa sobre los personajes, quienes llegan a ser instrumentos del destino. ¿María Kodama se encontró con ese destino llamado Borges?
-Sí, claro.

-Pero usted intervino en ese destino, usted lo aceptó.
-Bueno, siempre, como en todos los encuentros entre los seres humanos, hay un acuerdo, una aceptación.

-Lo que me impresiona es que permanece aún esa vigilancia, ese cuidado.
-Sí, porque fue un amor único.

-Y la valentía como con el caso de Poniatowska, que le atribuyó el poema “Instantes” a Borges.
-¡Qué horror esa señora!, cómo pudo hacer una cosa así. Yo no puedo aceptar eso. Cómo puede seguir insistiendo que es un error cuando eso es algo deliberadamente hecho. ¿Un error? Uno se equivoca en una fecha, un nombre, una letra, pero no puede equivocarse continuando una entrevista (la de 1973), algo que no existió, agregando algo en la entrevista cuando esa persona ya no estaba. Leyéndole unos poemas; uno de los cuales no es de él. Además, con el agravante de que Borges le acepte eso. Yo tardé ocho años de mi vida hasta que encontré el poema original de esa señora, Nadine Stair, acá en Nueva York, publicado por la editorial Bantam Press en una antología.

-Pero que en verdad sus inicios se remontan a un caricaturista.
-Eso no lo sé. Yo llegué hasta ese poema de esa señora que era lo que querían los tribunales de Buenos Aires para que me dieran un certificado mostrando que yo me presentaba diciendo, con las pruebas, que eso no era de Borges. Porque yo no quiero que un día acusen a Borges de plagiar, o, a mí, de cómplice de plagio, que es mucho más grave, ¿cierto?

-Es de una enorme valentía enfrentarse a un sistema y sacar del mercado toda una edición publicada y una pena que aún asuman que ese poema sea de Borges.
-Y como muchos que circulan que no son de él. O como otro señor que publica unos poemas apócrifos de Borges y dice que mientras yo no los reconozca, él los va a seguir publicando. Por mí, que los publique. Cómo voy yo a permitir una cosa apócrifa.


Jorge Luis Borges le decía a María Kodama que el padre de ella la educó para él, por su cultura. También la juventud de Kodama influyó en el escritor argentino.

-¿Y eso?
-No, ¡por Dios¡ todos los días de mi vida ocurren cosas así. Es terrible.

-Bueno, pero una vez leí la anécdota de Borges con Mick Jagger ¿Es cierta?
-Sí, sí. Ahora que estuvo en Buenos Aires lo vi.

-¿Cómo fue realmente?
-Estábamos esperando en el Hotel Palace, en Madrid, que vinieran a buscarnos para ir a cenar; nosotros decimos ir a comer. Entonces, estábamos esperando, y siempre en los hoteles hay gente importante. Borges estaba sentado, y, de pronto, veo a este señor que se arrodilla frente a él. Y yo no tuve tiempo para decirle algo a Borges, porque yo misma quedé en un estado así...

-¿Anonadada?
-Sí, anonadada. Lo admiro. En mi época cantábamos sus canciones. Bueno, entonces Mick Jagger le toma la mano a Borges y le dice: “Maestro, yo lo admiro. He leído su obra”. Y, Borges como no ve, le dice: “Perdón, ¿usted quién es, señor?”. Y él le dice: “Mick Jagger”. “¡Ah!, uno de los Rolling Stones”, le contestó Borges. Casi se desmaya Mick Jagger. “¿Cómo, maestro?, ¿me conoce, lo que yo hago?”. “Sí, gracias a María”. “No puedo creerlo”. Pero es cierto, hay una película que a lo mejor ya la viste, que se llama “Performance”.

-Me parece que no.
-En esa película aparece la cara de Mick Jagger leyendo un poema de Borges con el retrato de Borges detrás de él, enorme. Se llama “Performance”. Una locura de película, pero esa primera escena es genial.

-También leí que en su cumpleaños le gustaba escuchar “The Wall”, de Pink Floyd.
-Sí.

-¿Y de dónde venían estos gustos?
-Bueno, es que a veces íbamos al cine juntos. A él le gustaba ir mucho al cine. Y cuando era cine inglés, alemán, francés, italiano, él podía seguirlo porque dominaba esos idiomas. Aunque no viese, no importaba porque él escuchaba. La música lo fascinó. Es muy fuerte la música de Pink Floyd. Da mucha energía. Quedó fascinado. Él decía que el “Cumpleaños feliz” era un canto totalmente tonto. A partir de que no le gustaba, nunca más lo puse. Pero como quedó fascinado con “The Wall”, hacíamos la ceremonia de cumpleaños de él solos con una pequeña tortita. Yo no sé cocinar, así que la compraba, y, bueno, le ponía de música Pink Floyd.



-¿Qué otra música le gustaba a parte de Brahms? Sé que le encantaba.
-Sí, Brahms le encantaba. Él decía que era un sordo musical. Pero, por ejemplo, le gustaba Bach, que para un sordo musical no creo que guste, pero, bueno. Y, si no, le gustaba mucho las músicas folclóricas. Por ejemplo, la música griega, la música del Japón. Sobre todo, la música griega. El jazz le gustaba muchísimo. Estuvimos en un gran festival de jazz en Nueva Orleans.

-He visto la fotografía. Se le ve elegantísimo.
-Era una cosa de locos. Los dos estábamos impecables mientras la gente de afuera de las casas estaba semidesnuda tirándose agua con las mangueras por el calor infernal. Tengo unas fotos que nos sacaron; estamos los dos elegantes. Yo también me acostumbré al blazer; de blanco siempre.

-Cierto, usted estaba también elegantísima.
-Mis amigos me decían: “Vos te vestías a los 18, a los 20 como una señora de 50”. Estaban furiosos.

-Usted era mujer diferente para su época. Supongo que Borges debió de tener un gusto intelectual por usted.
-Totalmente. Yo sabía leer a los cinco años y leía todo lo que caía a mis manos. Hacía las interpretaciones más absurdas. Cuando crecí y volví a leer las cosas que había interpretado, eran totalmente delirantes. Pero fue fantástico. Además, mi padre era japonés. Nacido, criado y educado en Japón y le encantaba el arte. Entonces, mi formación artística, en lo que respecta a pintura, era mucha. Y a él le hubiera encantado que yo pintara, pero yo no sirvo para la pintura. Entonces, Borges me decía que mi padre me había educado para él. De repente lo has leído, pero mi padre me dio la primera lección de estética de mi vida. Yo era muy chica y seguramente escuché la palabra. Mis padres estaban separados. Entonces mi padre como todos los padres de hijos separados venía a buscarme para salir. Entonces, un día yo le pregunto: “Kodama, ¿qué es la belleza?”

-¡Qué pregunta!
-Yo era pequeña; había oído la palabra y me llamó la atención seguramente. “Bueno, yo la semana que viene le voy a mostrar un libro”, dijo. Y es un libro que todavía conservo. Trajo un libro de arte griego de Penguin. Entonces abre el libro donde estaba señalada La Victoria de Samotracia. Y le digo: “Pero, Kodama, no tiene cabeza”. Yo, toda mi vida hasta que él dejó de vivir, volví a preguntárselo. Le decía: “Kodama, explíqueme qué es la belleza” y él se reía y me lo repetía. El decía: “¿Quién le dijo a usted que la belleza es una cabeza?”. Entonces me dijo que mirara los pliegues de la túnica de La Victoria de Samotracia. Esos pliegues agitados, están agitados por la brisa del mar. Esos pliegues que contienen toda la brisa del mar: esa era la belleza. Era maravilloso mi padre.

-Usted se vestía de blanco para que Borges la identificara mejor y el blanco es el color de luto en el Japón.
-En el Japón, sí.

-Pero, entonces usted no seguía algunos ritos.
-No, yo soy totalmente agnóstica. Y, bueno, si me vestía de blanco, era porque él podía distinguir la luz y la sombra y sabía dónde estaba yo.

-Qué impresionante que Borges le haya dicho aquello de lo de su padre.
-Borges me decía: “Su padre la educó para mí”. Claro. Yo conocía mucho de pintura a través de mi padre, y, Borges, me di cuenta, había estado en casi todos los museos de Europa cuando era adolescente. Entonces, cuando viajábamos, yo le describía la realidad que descubríamos juntos a través de cuadros.

-¿Entonces tuvieron una relación formidable?
-Única. Por eso, 26 años después sigo respondiendo las impertinencias de muchos periodistas y la difamación de las señoras despechadas y los señores que quieren ser Borges.


Evgueni Bezzubikoff
Desde Nueva York


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