Bingham siguió la huella de Simón Bolívar

A 100 años que el explorador norteamericano Hiram Bingham diera a conocer al mundo la existencia de Machu Picchu, su personalidad así como sus hazañas siguen causando controversia. Un paisano suyo, el joven historiador Christopher Heaney, presentó recientemente el libro “Las Tumbas de Machu Picchu”, en el que asegura que el interés de Bingham por el pasado inca surgió después de conocer sobre la vida y las expediciones independentistas del Libertador Simón Bolívar.

| 30 diciembre 2012 12:12 AM | Especial | 2.1k Lecturas
Bingham siguió la huella de Simón Bolívar
Hiram Bingham, un polémico aventurero que se llevó la gloria (y algo más) del supuesto descubrimiento de Machu Picchu.
PARA LLEGAR A MACHU PICCHU

Más datos

Sin embargo, más pudo su espíritu de explorador, sobre todo luego de conocer la vida de Bolívar, por lo que viajó a Venezuela, Colombia, Argentina y Chile, en este último país alguien le sugirió que lo interesante se encontraba en el Perú y es así que llega a nuestro país por el sur, recorre Mollendo y Arequipa hasta llegar al Cusco, donde queda deslumbrado luego de conocer las ruinas de Choquequirao.
2199

Durante más de cinco años, Heaney, maravillado por la arqueología peruana, al igual que Bingham, se dedicó a investigar en archivos y libros, tanto en bibliotecas peruanas, principalmente de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, colecciones privadas de personalidades cusqueñas y en documentos de la propia Universidad de Yale, todo lo relacionado a ese personaje que, pese a sus contradicciones, forma parte de la historia del Perú.

Heaney, quien realizó sus investigaciones gracias a una beca de la Comisión Fullbright y que hoy es investigador afiliado del Departamento de Humanidades y del Programa de Estudios Andinos de la Pontificia Universidad Católica del Perú, presentó su obra en el Museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia de Pueblo Libre, en el que uno de los presentadores señaló que se trataba de un libro extraordinario “muy cercano a la posición peruana”, mientras que otro calificó a Bingham como el publicista de Machu Picchu y señaló que era arrogante y que decía ser el descubridor de la ciudadela.

CHOQUEQUIRAO LO DESLUMBRÓ
En diálogo con LA PRIMERA, Heaney señaló que Bingham fue hijo y nieto de misioneros del noroeste de Estados Unidos y sus padres pretendieron que siguiera el camino religioso, pero más pudo su espíritu aventurero.

“Después de doctorarse en Yale, en Historia Universal, decidió seguir estudios de historia de América Latina. Era la época de la famosa doctrina Monroe y el anhelo de Bingham era codearse con los poderosos de su país, por lo que un tiempo enseñó historia a sus hijos”, dice Heaney.

Sin embargo, más pudo su espíritu de explorador, sobre todo luego de conocer la vida de Bolívar, por lo que viajó a Venezuela, Colombia, Argentina y Chile, en este último país alguien le sugirió que lo interesante se encontraba en el Perú y es así que llega a nuestro país por el sur, recorre Mollendo y Arequipa hasta llegar al Cusco, donde queda deslumbrado luego de conocer las ruinas de Choquequirao. Para entonces había contraído matrimonio con una dama que heredó una gran fortuna, lo que le sirvió para efectuar su travesía.

TELLO Y EL DESLUMBRAMIENTO
Es en el año 1909 que se vincula por carta con el bibliotecario limeño Carlos Romero, quien le sugiere comunicarse con Julio C. Tello, lo que hace y empieza una interesante correspondencia con él, la cual está en parte en la Universidad de Yale y el resto en la de San Marcos. Gracias a Tello, conoce Vicos y Vilcabamba y regresa a su país con la decisión de regresar y encontrar ciudades incas.

En 1911 vuelve al Cusco y se relaciona con personajes que le hablan de una ciudad inca escondida entre la vegetación de la selva. Uno de ellos era Melchor Aliaga, quien conocía bien el lugar. Es así como el 24 de julio, llevado por el niño Recharte, llega a Machu Picchu y se da cuenta que se trata de un “descubrimiento” importante para la historia.

Vuelve a Estados Unidos con la noticia de su hallazgo, que resulta interesante para el periodismo, la Universidad de Yale y National Geographic, por lo que en 1912 recibe dos becas, de las dos últimas instituciones, para explorar el lugar, tomar fotografías y escribir de qué se trata.

Cuando Bingham regresa al Cusco con siete ayudantes, gobernaba el Perú el presidente Augusto B. Leguía, con cuyo gobierno firma un acuerdo que le permitía realizar labores de exploración arqueológica en todo el país. A su vez las autoridades cusqueñas permiten que los lugareños lo ayuden en sus tareas de exploración, lo que sucedió, pese a la oposición de intelectuales de la Ciudad Imperial y del propio Julio C. Tello, que temían que los valiosos vestigios del incanato se perdieran o fueran a parar a otras manos.

Los peruanos que no estaban de acuerdo con autorizar las exploraciones de Bingham, entre ellos Eugenio Larrabure y Unanue, calificaron el permiso como una especie de monopolio, lo que hizo que Bingham se diera cuenta que no resultaba fácil su tarea.



POSICIÓN DECENTE
En esas circunstancias llega al poder el presidente Guillermo Billingursth, quien durante el poco tiempo que le tocó gobernar pretendió desarrollar un gobierno nacionalista, lo que le fue impedido por los grupos de poder que deciden su derrocamiento.

El presidente, en una actitud principista que sorprendió a la opinión pública, emitió un decreto supremo señalando que las piezas de Machu Picchu podían salir solo con el compromiso de ser devueltas, “lo que enojo mucho a Bingham, porque demostraba que Perú era un país fuerte y de avanzada”, asegura Heaney.

Bingham regresó a Estados Unidos, pero ocultó lo del decreto supremo porque había asumido llevar las piezas de Machu Picchu. En 1913, de vuelta al Cusco, dio una conferencia de prensa en la que ofreció financiar y desarrollar un llamado Centro de Colaboración en Ollantaytambo para estudiar las piezas sin que tengan que salir del país.

Además, como una forma de calmar los ánimos en su país, empezó la compra de colecciones incaicas privadas en manos de familias cusqueñas, las que enviaba a Yale, lo que originó que los intelectuales cusqueños, entre los que se encontraba el historiador Luis E. Valcárcel, lo denunciaran ante la Prefectura.

Pese a estas vicisitudes, Bingham se llevó a Yale 136 cajas con restos óseos, huacos, cerámicas y otros objetos de Machu Picchu, aunque según Heaney, su intención fue que regresen a su lugar de origen. “Hubo una esperanza que cusqueños y norteamericanos trabajaran juntos, pero ahí quedó”, dice.

SANTUARIO
Heaney asegura que Bingham tuvo una personalidad ambiciosa, que ofreció promesas que no cumplió, pero que felizmente la totalidad de las piezas regresaron a nuestro país “las últimas el pasado mes de noviembre, justo al cumplirse un siglo de haber sido llevadas y ahora se exhiben en la Casa Concha del Cusco”.

El autor del libro asegura que Machu Picchu fue un lugar sagrado de los Incas y que las tumbas encontradas no pertenecían a la nobleza inca, sino mayormente a los trabajadores del lugar.

“Bingham se creía honrado, pero no lo era; sin embargo, algunos de sus siete hijos tuvieron conductas éticas como el que en la Segunda Guerra Mundial, cuando se desempeñaba como diplomático en Francia, ayudó a judíos a salir del país librándolos de caer en manos nazis. Otro aseguró que su padre tenía la seguridad que todas las piezas de Yale regresarían al Cusco y lo mismo pedía siempre National Geographic. Ahora los casi 150 descendientes de Bingham prefieren mantenerse al margen de la actuación de su famoso antepasado.”


Denis Merino
Redacción


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.

En este artículo: | | | | | | | |


...
Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital

Colaborador 1937 LPD