Bertone, el hombre que disocia

Una de las mayores acusaciones que pesa contra Benedicto XVI es haberle dado excesivo poder a su amigo, el secretario de Estado Tarsicio Bertone, a quien se culpa de escándalos de alto vuelo, entre otros, el lavado de dinero de la mafia que hasta hoy no es explicada.

14 febrero 2013 12:02 AM | 1.5k Lecturas
Bertone, el hombre que disocia
Tarsicio Bertone se convirtió en el poder detrás del trono.
El secretario de Estado copó el poder y barrió al director del banco que quiso poner en claro las cuentas de la mafia.

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“Cuando los cardenales lleguen aquí para el cónclave (..) van a tener esto en la cabeza, van a mirar con dureza la forma en que se sirvió al Papa Benedicto, y creo que muchos de ellos creen que la carga del pontificado que finalmente pesó demasiado sobre Benedicto estuvo causada en parte por algunas de sus luchas internas”, dijo Thavis.
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Sus críticos le reprochan a Benedicto su decisión de mantenerlo en el cargo cuando cuatro influyentes cardenales le pidieron su cabeza en el verano de 2009. Esa decisión le granjeó las antipatías de quienes, en un principio, estaban dispuestos a apoyarle para limpiar las arcas vaticanas.

El economista Ettore Gotti Tedeschi fue llamado en 2009 por Benedicto XVI para adecentar las cuentas del Instituto para las Obras de Religión (IOR), más conocido como el Banco Vaticano, pero pronto entendió que la tarea no solo era difícil sino peligrosa.

Su primer escollo fue enfrentar al cardenal Bertone, quien se opuso a medidas que buscaran transparentar el manejo del banco, entre ellas ciertas cuentas secretas que, al parecer, pertenecían a miembros de la mafia. Durante dos años batalló sin suerte hasta que fue despedido aprovechando el escándalo generado por las filtraciones de ‘Paoletto’, el mayordomo del Papa.

Tras ser desalojado sin miramientos, el banquero de Dios temió por su vida y así se lo dejó escrito a dos amigos: “Si me asesinan, aquí dentro está la razón de mi muerte”. En junio de 2012, cuando un agente de los Carabineros le informó que su presencia en su casa no tenía nada que ver con su expulsión del banco, sino para investigar un turbio asunto de comisiones ilegales en la venta de helicópteros a India, relacionado con el grupo Finmeccanica y la Liga Norte, Gotti Tedeschi respiró tranquilo:

“¿A un registro? He pensado que veníais a pegarme un tiro”, dijo. Los policías dirigidos por el capitán Pietro Raola Pescarini, encontraron en sus archivos centenares de páginas sobre importantes personajes de la Santa Sede, como Bertone o el secretario particular del Papa, George Gänswein, con los que Gotti Tedeschi habría hablado, entre otros asuntos, sobre el gran escándalo del blanqueo de capitales en el banco.

En las cuentas vaticanas habría dinero sucio de políticos, empresarios, de mafiosos o de bandas criminales como la de La Magliana, que dominó Roma entre mediados de los 70 y los 90, y uno de cuyos últimos capos, Enrico de Pedis, fue enterrado en la basílica de San Apolinar.

Por eso es que algunos analistas se van apartando de la tesis de que Ratzinger fue víctima de las intrigas para sostener la de su incapacidad para gobernar la Iglesia. Aunque otros afirman que los escándalos, en muchos casos, estuvieron motivados por los propios ayudantes del Papa y que estuvo deficientemente aconsejado por algunos de sus cardenales, como afirma John Thavis, autor del libro, “The Vatican Diaries”.

Ratzinger mismo, en su discurso de renuncia ante el colegio cardenalicio, admitió que para manejar la barca de Pedro no bastaba solo con la oración, sino también con el vigor, tanto del cuerpo como del espíritu.

El papado de Benedicto XVI también se vio salpicado por los escándalos de abusos sexuales por parte de sacerdotes en Europa y Estados Unidos, la mayoría de los cuales ocurrieron antes de que él llegara al cargo. También despertó la ira de los musulmanes al comparar el islam con la violencia. Los judíos también se molestaron por la rehabilitación de un religioso que negó el Holocausto.



ELECCIONES
Se reduce la influencia europea
Ciertos observadores recordaron que en noviembre pasado, cuando Benedicto XVI designó el último grupo de cardenales, entregó el título a seis nuevos miembros entre los que no había italianos ni europeos, lo que fue interpretado como su deseo de equilibrar el Colegio Cardenalicio, dominado por europeos.

Entre los candidatos a futuro Papa figura el cardenal hondureño Oscar Rodríguez Maradiaga, presidente de Caritas, quien no se considera apto para el cargo. “Es un trabajo implacable, no soy adecuado”, confesó en una entrevista.



A BASÍLICA LLENA
Ovación durante la misa
Una multitud congregada en la Basílica de San Pedro brindó una estruendosa ovación al Papa durante su última misa pública, la cual estuvo cargada de emotividad. “Gracias, ahora regresemos a la oración”, dijo el Pontífice de 85 años, poniendo fin a varios minutos de aplausos que claramente lo emocionaron.

En un gesto inusual, los obispos se quitaron sus mitras como muestra de respeto y algunos de ellos lloraban conmovidos. Uno de los sacerdotes en el altar, que según la tradición se encuentra sobre la tumba de San Pedro, sacó un pañuelo para secarse las lágrimas.

Los responsables de la Iglesia siguen tan impactados por la decisión que los expertos vaticanos tienen aún que decidir cuál será su título y si continuará llevando el hábito blanco de papa, el rojo de cardenal o el negro de sacerdote ordinario.

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