“Asu mare” en el diván

Cuando veía el número de espectadores que iba alcanzando esta película, me preguntaba ¿por qué no habrá sido así con otras películas peruanas como “Las Malas Intenciones” o “Lima 13”? Lo vi claro al verla. Fui a la hora de almuerzo para evitar el gentío sin embargo el cine estaba casi lleno y las risas de todo el público no pararon de inicio a fin de la película.

| 27 mayo 2013 05:05 AM | Especial | 2.6k Lecturas

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Sin dejar de lado la gracia y el humor con el cual Alcántara nos cuenta su historia, creo que el gran público hizo una gran catarsis también como una defensa para no mirar aquello tan doloroso con lo que convivimos dentro de nosotros mismos y con lo que nos rodea cada minuto del día en esta sociedad.
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Reí mucho. La risa que produce “Asu mare” es gratificante porque el humor es liberador . “El humor no tiene solo algo de liberador, como el chiste y lo cómico, sino también algo de grandioso y patético, rasgos estos que no se encuentran en las otras dos clases de ganancia de placer derivada de una actividad intelectual. Es evidente que lo grandioso reside en el triunfo del narcisismo, en la inatacabilidad del yo triunfante aseverada. El yo rehúsa sentir las afrentas que le ocasiona la realidad, rehúsa dejarse constreñir al sufrimiento, se empecina en que los traumas del mundo exterior no pueden tocarlo, y aun muestra que solo son para él ocasiones de ganancia de placer. Este último rasgo es esencialísimo para el humor”. (Freud. Pág. 158. El Humor. 1927. Obras Completas. Vol. XXI. Edit. Amorrortu. Bs. As. Argentina. 2001).

Pero cual sombra de esa risa, me fui sintiendo invadida por una profunda pena. ¿Cómo podía sentir pena si todo el mundo no paraba de reírse? Pensé hasta si sería debido a mis cambios hormonales de los 40, o si podía ser resultado de los “puntos ciegos” en mi mundo interno.

HISTORIA DE DOLOR

Después pude entender lo que me ocurría. No solo era tristeza, también impotencia, tristeza, rabia, desesperanza lo que sentía al lado de la risa. Muchas emociones y muy dolorosas conocidas, sentidas en las sesiones con tantos jovenes que al igual que Machín no tuvieron un padre que los protegiera, cuidara, amara o les hiciera posible una sana identificación.

Machín no solo se salvó sino se hizo un triunfador, pero ¡cuántos de nuestros muchachos quedan hundidos para siempre! Qué impotencia saber que muchísimos nunca llegan a subLimar su historia de maltrato, abandono, dolor, marginación y hasta hambre y frío.

El dolor social fue un sentimiento presente a lo largo de la obra. Ese blanqueamiento angustiante y persecutorio que niega nuestro ser y desprecia lo más esencial de nosotros, llámese lenguaje, piel y hasta con aquello que nos cubrimos, el vestido.

El desprecio y autodesprecio se extiende muchas veces hasta al propio nombre y el sueño necio de “ser alguien” a pesar de las vallas imposibles que conduce a ser engañados. Y todo eso junto, incluida la violencia hacia la mujer donde el Perú tiene la gran “Marca Perú” de LatinoAmérica. Mucho, ¿verdad?

POR QUÉ MACHÍN SALIÓ ADELANTE

Mi hipótesis es que puede haberse dado la presencia de varios factores: un factor constitucional propio de él, es decir, sus propios genes; y factores determinantes como ser el segundo hijo varón que muchas veces trata de agradar a la madre y lograr el sueño de ella; tener una madre que aunque agresiva, creyó en él con fe y fuerza inquebrantables.

Machín fue mirado y pensado por la madre como alguien grande. Él se identificó con esto y logró el sueño de verse mirado por un mar de gente con el amor que lo miraba la madre y tener la compañera que también le diera lugar importante aunque después de un proceso nada fácil -pasa hasta por una etapa “dark-Drogas”. “Qué importante la figura de una madre suficientemente buena” decía el psicoanalista Donald Winnicott.

Sin dejar de lado la gracia y el humor con el cual Alcántara nos cuenta su historia, creo que el gran público hizo una gran catarsis también como una defensa para no mirar aquello tan doloroso con lo que convivimos dentro de nosotros mismos y con lo que nos rodea cada minuto del día en esta sociedad. Y pensar que así tan cargados los peruanos debemos andar.

Finalmente solo me queda decir: “Bien, Machín”. Hay que ir a verlo.

Ximena Castro de Quantrill

Psicóloga, Psicoterapeuta Psicoanalítica de adolescentes.

Colaboradora


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