Ancianidad sin angustias

Sus rostros, sus palabras, sus bromas, muestran a los ancianos del Centro Residencial Gerontológico “Sagrada Familia” del Rímac como lo expresa el nombre de la institución. Algo difícil en quienes fueron olvidados por hijos y otros familiares, lo que los obligó a refugiarse en esta institución de la Sociedad de Beneficencia de Lima Metropolitana (SBLM).

| 28 abril 2013 12:04 AM | Especial | 2.9k Lecturas
Ancianidad sin angustias
Centro Residencial Gerontológico Sagrada Familia cumple 24 años en el Rímac.
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En este albergue 26 varones y 15 mujeres pasan sus días sin preocuparse mayormente por la posibilidad de una muerte cercana. “Tratamos que sus días sean de paz, amor y lejos de preocupaciones, es importante mantenerlos ocupados con actividades físicas, artísticas y desarrollando en ellos sus capacidades mentales y espirituales”, expresa María Pantoja, socióloga que dirige los Centros Residenciales Gerontológicos de la SBLM.

Semejando a los niños que practican en sus colegios para presentarse en una velada, encontramos a los ancianos en un ambiente especial de la casa hogar ensayando números de canto, baile y poesía para la actuación que este martes 30 realizarán por el 24 aniversario de la segunda etapa de esta institución benéfica.

Entre los numerosos ancianos llama la atención la pareja conformada por Daniel Baluarte de 83 años y su esposa Flor Sáenz de 74, quien recita de memoria el poema de Gustavo Adolfo Bécquer “Volverán las oscuras golondrinas”. Ellos aseguran que los 54 años de casados han sido y siguen siendo para ellos una bendición. “Más aún cuando hace 23 años llegamos a este lugar donde nos sentimos como en familia y disfrutamos con los demás de gratos momentos”.

Junto a ellos el periodista Miguel López Mejía quien trabajó algunos años en el diario El Comercio y luego en una emisora capitalina que cerró. “Quedé en la calle, presenté mis papeles a la ONP (Oficina Nacional de Normalización Provisional) hace diez años y nada, vivía desesperado, crié a dos hijos adoptivos de los que no sé nada, hasta que encontré este lugar donde llevo cinco años, he subido de peso, tengo atención médica, habitaciones cómodas, baño con agua caliente, algo increíble, he vuelto a pintar, dibujar y preparar mis platos vegetarianos, estoy muy contento”, dice enseñando sus trabajos.

OLVIDADO POR HIJOS
Antenor Ames, algo resignado porque no ve hace muchos años a sus dos hijos, nos dice: “Me imagino que tengo nietos, pienso en ellos pero nada puedo hacer solo agradecer el estar acá, fui rescatado del inframundo, vivía una existencia dramática, pero eso felizmente terminó y ahora estoy tranquilo”.

Risueña, bien arreglada y maquillada aparece Carolina Medina quien llegó años atrás al albergue con su fallecido esposo. “Nosotros somos miraflorinos, no tuvimos hijos, alquilábamos un departamentito pero quisieron aumentarnos el pago en dólares y no podíamos pagar, nos iniciaron juicio de desahucio, andábamos angustiados hasta que vi en un periódico un aviso sobre este hogar, mi esposo me dijo cómo vamos a ir al Rímac?, pero lo convencí de conocer, vinimos y nos gustó, nos quedamos, acá celebramos nuestras bodas de oro, él murió hace cinco años y me deprimí pero con la ayuda de Dios y de las profesionales salí adelante y aquí me tiene”.

Sandra Saldaña, la joven sicóloga que atiende a los ancianos de estos Centros se refiere a la importancia de cuidar la salud mental de las personas de la tercera edad: Hay que darles cariño, atención y entretenimiento para desarrollar su autoestima. Periódicamente los llevamos a pasear a parques, museos y diversos lugares”.

Este Centro que antes llevaba el nombre de Jesús Nazareno fue edificado a mediados de 1800 por el médico Lorenzo Soria quien en su testamento señala: “Mando que la casa con cuartos situada en la calle Malambo de mi propiedad la dejo para señoras pobres vergonzantes e hijas mujeres, comprendiendo a las personas que por consanguinidad me sean relacionadas hasta el cuarto grado”.

En 1985 es declarada inhabitable, reconstruida vuelve a abrir sus puertas como “Sagrada Familia” en 1989. “La intención era recibir a matrimonios desamparados pero por la demanda se convirtió en mixto, los que tienen pensión pagan el 30 por ciento, todos reciben ayuda de la Beneficencia y la solidaridad de empresas o gente que llega periódicamente con donativos”, explica Pantoja..

Adentrarse en este predio es como trasladarse a otro lugar muy diferente al ruidoso del popular distrito limeño. Consta de 73 habitaciones de dos piezas cada una, distribuidas en tres pabellones de amplios pasadizos y simpáticos jardines y faroles. Los ancianos tienen libertad para pasar momentos en la sala de televisión, la biblioteca, el oratorio o bien salir a dar un paseo el momento que lo consideren conveniente.


Denis Merino
Redacción

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