Al mejor postor

El tránsfuga político o, en palabras más duras, el que traiciona a su partido y a sus compañeros, ya sea por razones pecuniarias (el fujimorismo pagaba 15 mil dólares mensuales) o de cualquier otra índole, es un mal endémico de nuestro Parlamento. Ese mal tiene generalmente motivaciones ilegales, inconfesables y socialmente inaceptables más que ideológicos, según una definición universalmente aceptada.

| 04 octubre 2009 12:10 AM | Especial | 488 Lecturas
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En este Congreso (2006–2011) los casos de transfuguismo han menudeado. Así la primera deserción corrió por cuenta de Álvaro Gutiérrez, Carlos Torres Caro, Rocío Gonzales y Gustavo Espinoza, quienes abandonaron al Partido Nacionalista para acercarse a la agrupación gobiernista. Tanto Gutiérrez como Torres Caro lograron un puesto en la mesa directiva del Parlamento y quién sabe cuántas ventajas más. Rocío Gonzales hasta ahora ha logrado mantener su curul, con la venia de la triple alianza gobernante del Legislativo, a pesar de tener una sentencia por robo de electricidad. Y si bien el APRA dice haberle bajado el pulgar, se perciben maniobras para mantenerla en su escaño

También para acercarse al gobierno, Walter Menchola, Hildebrando Tapia, Fabiola Morales y Michael Urtecho rompieron su alianza con el Partido Popular Cristiano y formaron otra bancada. Urtecho es miembro de la directiva del Congreso y Fabiola Morales integró la directiva anterior.

Y ni hablar de los upepistas José Vega, Aldo Estrada, Karina Beteta, José Anaya y otros que ingresaron con votos del nacionalismo y rompieron con este para obtener algunos privilegios, como el ingreso a la directiva del Congreso, penas benignas por serias infracciones al reglamento del Parlamento o perdón para todos sus pecados y pecadillos.


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