Adiós a una pionera en derechos humanos

Para Pilar Coll, a diferencia de algunos otros clérigos que laboran en estas tierras, los derechos humanos no eran una cojudez, sino algo por lo cual entregar la vida. A ello dedicó la suya. Pionera mayor, la activista, abogada y misionera española llegó al Perú en los años 60 y desde entonces se puso a trabajar por las causas más nobles.

Por Diario La Primera | 16 set 2012 |    
Adiós a una pionera en derechos humanos
Pilar Coll vivió 45 años de su vida en el Perú sirviendo a los más necesitados y a las víctimas de la violencia política en el Perú.

Más datos

MISIONERA

Llegó al Perú en 1967 como misionera para trabajar en la Unión Nacional de Estudiantes Católicos en la ciudad de Trujillo. Con los años se unió a la Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS) en Lima, donde asesoró a quienes perdieron sus puestos de trabajo como represalia por el paro nacional del año 1977.

Por ello la noticia de su muerte, en una clínica de Lima, ha conmocionado a quienes la conocieron y/o supieron de su labor en defensa de los derechos humanos y la democracia en el Perú. Coll fue la primera secretaria ejecutiva de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos en Perú, en los difíciles años ochenta, cuando la violencia interna en el país se encontraba en sus momentos claves de muerte y destrucción, sobre todo en las zonas del Ande.

Por ello es calificada como una de las mejores representantes españolas en el Perú, una embajadora moral que sufrió en su natal España los embates del franquismo (perdió familiares en esa época), lo que la marcó y por lo cual decidió estudiar Derecho, en un momento en que la idea de ejercer esa profesión en su país era una quimera.

De España al Perú
La abogada de profesión, nacida en Huesca (Aragón, España) el 30 de enero de 1929, sufrió de pequeña la muerte de su padre durante la Guerra Civil Española. Ya de joven, pierde por la tuberculosis a sus dos hermanas. Tal vez esas dos experiencias, producto de las armas y la pobreza de una España devastada por la guerra, le marcaron el camino a seguir, porque a sus 21 años de edad decide estudiar Derecho en Barcelona. A sus 29 años ingresó al Instituto de Misioneras Seculares. Debido a ello viaja por su país y luego recibe la invitación para trabajar en el Perú.

Llegó al Perú en 1967 como misionera para trabajar en la Unión Nacional de Estudiantes Católicos en la ciudad de Trujillo. Con los años se unió a la Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS) en Lima, donde asesoró a quienes perdieron sus puestos de trabajo como represalia por el paro nacional del año 1977.

En 1987, Pilar Coll se convirtió en la primera secretaría ejecutiva de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. Su principal labor fue colaborar en la investigación de las denuncias de desapariciones en Ayacucho (la cuna de Sendero Luminoso), ciudad castigada que recibió las balas de una guerra cruzada en la que la mayor perjudicada fue la población civil.

Luego estuvo dedicada a la labor social, visitando presos y luchando por las reparaciones a las víctimas de la violencia interna, así como “evangelizando” en materia de derechos humanos, para que éstos y su importancia sean conocidos por la población. En los últimos años integró el Consejo de Reparaciones, encargado del registro de las víctimas del terrorismo.

Memoria de Coll
Es notable su labor en el interior de los penales. Sobre los presos, alguna vez dijo: “Si los Derechos Humanos se violan en todas partes, en las cárceles está el emporio de estas violaciones, a las que hay que añadir los abusos y arbitrariedades de la administración de justicia”.

Sobre ella, el exprocurador Ronald Gamarra escribió alguna vez: “La contribución vital de Pilar se da en la labor social, al lado de los sectores más pobres, y particularmente en la difusión y defensa de los derechos humanos. Ella le ha dedicado su vida y todo su esfuerzo a trabajar por estas causas. Su aporte ha sido fundamental para la organización y existencia del movimiento de derechos humanos en nuestro país”.

Al respecto, la misma Coll declaró en una entrevista para EFE, en 2008, que viajó “mucho a las zonas de emergencia y era una figura bastante incómoda para todos: para Sendero Luminoso porque éramos defensores de unos derechos que consideraban burgueses, y para las fuerzas del orden y los gobiernos sucesivos, pues porque éramos una piedrecita en el zapato”. En eso consistía su trabajo, en defender a las víctimas de los derechos humanos, independientemente del bando al que pertenecían a los agresores, en un momento en que se había perdido el respeto al ser humano y la vida.

Distinciones
La activista recibió distinciones y diversas condecoraciones y premios por su destacada labor. Ente ellos, la Orden de Isabel La Católica otorgada por el rey Juan Carlos de España en 1993. En años más recientes, en 2008, recibió la Medalla de la Defensoría del Pueblo del Perú. La intelectualidad en el país reconoce su trabajo y ese lauro es más notable que los que cosechó en su agitada vida hasta la madrugada de ayer, en que falleció a sus 83 años de edad.


Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital
Diario La Primera comparte 119374 artículos. Únete a nosotros y comparte el tuyo.