Adiós mundo cruel

Está visto y comprobado que los seres de este mundo impío hemos nacido para soportar una vida perra, plagada de sobresaltos, temores y arrebatos naturales e inventados para reventarnos la pita.

| 09 diciembre 2012 12:12 AM | Especial | 1k Lecturas
Adiós mundo cruel
Sobrevivientes
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Toda la gama de mortificaciones juega en contra de la humanidad de la cual formamos parte y gracias a nuestras habilidades para el enredo y la desfachatez, desfilamos olímpica y orgullosamente al frente de la masa con la bicolor bandera quechueslovaca al tope.

La historia nos ha deparado las más grandes tribulaciones desde que un tal Manco, más desatinado que el pelotero de los Jotitas, se le ocurrió la peregrina idea de zambullirse en el Lago Titicaca junto con su gorda después de una noche de juerga; y con la resaca completamente viva, fundar un incanato que sería nuestra madre patria.

Más tarde llegaron los españoles y sentaron las bases y la doctrina del agarra lo que puedas que nadie dice nada, rómpele la mano a tu prójimo si quieres ganar un juicio, soporta los conciertos a precio huevo de la chinesca Banda Pum Pum con su vocalista el chapulín Animael Guzmán y diviértete con la reedición en vivo y en directo de las tropelías del Chino Chu Chang y del rompecorazones Alan Ba Bá con sus fieles abracadabrantes muchísimos más de cuarenta pendeivis, hechos previsoramente narrados y aumentados en el volumen de las “Mil y unas noches” de Gaviria, obra cumbre de la literatura del Medio Oriente y Las Cucardas, escrita por el cholo gringo Harvard.

Como si esto fuera poco y después que, en los últimos tiempos hemos sufrido los trágicos pronósticos sísmicos de una sarta de pitonisos extranjeros y nacionales, sangrantes anunciadores de falsas victorias electorales, amén de dos locas rusas intoxicadas con “marimba” de la mala, se reactivan las siete profecías Mayas que fijan el plazo final para la extinción de la especie humana en el día 21 del presente mes, al cumplirse 13 años después de 1.999.

Con tales augurios que son el despiporre y nada alentadores, creyentes y no creyentes, cuerdos y deschavetados, pobres y ricos, analfabetos y eruditos, no tenemos más alternativa que comenzar a temblar con el Mal de San Vito, que no fue puntero del Alianza Lima o bailar de la mano con los zancudos el Dengue de Pérez Prado, desapareciendo honrosamente antes de la terrible fecha.

Sabemos que los Mayas fueron grandes astrólogos y avanzados matemáticos, razón suficiente para comenzar a practicar el uno y el dos ciclístico, donde mejor nos acomode y sin mucho esfuerzo prosta-ovárico y hemorroidal.

Felizmente, El evangelio de San Lucas y el Apocalipsis de San Juan, sin tantos rodeos nos pintan el desastre mundial en forma distinta y sin necesidad del molestoso y obligatorio pis. No obstante, también de mandan por la franca cuando anuncian el revoltijo de los planetas, sacudones terráqueos, marejadas; y para colmo, el juzgamientos de probos y réprobos sin la menor posibilidad de romper manos y salirse con la nuestra.

Ante tan malas expectativas, sea por los pitagóricos anuncios Mayas o por las aseveraciones de santos de nuestra devoción, no tenemos más remedio que analizar la sintomatología previa al cataclismo y sugerir alguna medida precautoria para no ser de los primeros en la inmolación. Cortésmente, los niños y las damas adelante por favor.

Efectivamente, los acontecimientos supuestamente premonitorios del fin del mundo ya se han hecho evidentes en nuestro querido Perú desde hace un huevo de años. Natalia Malagana, por ejemplo, ha enviado a las vóley bolistas de todos los países del barrio sudamericano y al público asistente al Coliseo Grau del Callao, directamente donde la grandísima flauta que los creó, Manuel Purga y su selección mundialista de fulbo es un fósil del Pleistoceno, la mentira es el mejor plan de gobierno pre electoral, los niños se han alimentados con Nicovita y té de bolsita, mujeres asesinadas por sus dorimas ebrios, asaltos sistemáticos a la caja fiscal, reducción de la pobreza matando de hambre a los pobres, pillaje con careta de robocatoria, magistrados y parlamentarios aumentando sus gordos ingresos con la misma rapidez con que enyucan a cesantes, jubilados, maestros, policías y miembros de las Fuerzas Desarmadas; y para rematar durante sesenta años de indolencia gubernamental, los vecinos del Sur se han tirado buena parte del Mar de Grau con anchovetas, machas, cangrejos con inclusión del cebiche, chirimoya y el antidiabético Suspiro a la Limeña.

Sintetizando, y para calmar los preocupados ánimos, decimos que el aborigenato peruano es afortunado por no tener razón alguna de asustarse por la llegada del Fin del Mundo, Maya o Bíblico, pues este fenómeno que preocupa al orbe hace mucho rato lo vivimos estoicamente sin protestar. Eureka: ¡Al cacho con los Mayas. Somos cojonudamente sobrevivientes!


Álvaro Balarezo Vallebuona
Colaborador


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