La Haya: el derecho y la fuerza y Convemar

Terminaron los alegatos orales en la CIJ de La Haya. Esperamos el fallo, no sin el resquemor histórico de que Chile pretenda desconocer o no implementar la sentencia. La historia de 1879-1929 está cercana.

| 16 diciembre 2012 12:12 AM | Especial La Haya | 1.4k Lecturas
La Haya: el derecho y la fuerza y Convemar
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El Perú ha sido clarísimo: no hay un Tratado de Límites Marítimos chileno-peruano. Los documentos jurídicos de 1952 y 1954 ni son ni tienen las características propias de un tratado limítrofe. Además, serian dos tratados de límites y no uno.

Asimismo: la posesión de hecho no genera derecho. Por ello, el Perú demanda se aplique la equidistancia y el derecho consuetudinario internacional: fuente de derecho y base de la Convención del Mar aprobada en Abril de 1982 y vigente desde el 94, al influjo de la tesis de las 200 millas que impulsamos desde 1947.

Chile se centra en el argumento de la posesión y trata, en base a su posesión de hecho, de probar que los documentos del 52 y 54 no son una Declaración sobre las 200 millas y convenios marítimos sobre el uso y conservación de los recursos del Pacífico Sur, sino tratados de límites tripartitos que el Perú habría aceptado sin reclamar por cerca de 60 años pacíficamente. La fuerza pretende convalidar un derecho. Débil argumento ante la Corte.

Dicen que pretendemos violar “tratados limítrofes” marítimos y, a la vez, reclamamos se nos apliquen derechos contenidos en la Convemar de la ONU sin haberla suscrito ni ratificado. Pretenderíamos derechos (la línea limítrofe marítima equidistante que reparta las áreas de las 200 millas que se sobreponen) de un instrumento legal al que no adherimos, olvidando que apelamos al derecho consuetudinario internacional.

Más allá de los errores expresados en los actos propios de cada país que dan al otro armas para su argumentación, es evidente que el tema central es de derecho y no de hecho. Varios fallos de la CIJ lo dejan claro. Chile lo sabe, pero cree que tiene en los actos propios del Perú y en su control de facto sobre la zona, sus principales argumentos: “por la razón o por la fuerza”. Se debe imponer el derecho, no la fuerza.



LA CONVENCIÓN NOS FAVORECE
Sin embargo, Chile ha sido insistente en la no adhesión del Perú a la Convemar. Dice que el Perú reclama todos los derechos de los miembros, pero no quiere cumplir las obligaciones, es poco serio. ¿Ellos, que incumplieron los acuerdos de paz post Guerra del Pacífico y se negaron casi 50 años a implementar el plebiscito pactado para que Tacna y Arica decidan a que país pertenecerían dan lecciones de cumplimiento? Finalmente se apropiaron Arica y dejaron a Bolivia sin mar.

¿Abre el tema Convemar algún flanco en el argumento del Perú, a pesar de que fuimos precursores en el derecho moderno del mar? ¿Nos afecta que Chile y Ecuador -que firmaron la Declaración del 52 con nosotros- hayan suscrito ya?

La línea equidistante que pedimos la plantea el derecho internacional consuetudinario condensado en Convemar: en áreas sobrepuestas, si se miden desde las costas de países vecinos como Chile y el Perú, hay que dividir e área por una línea equidistante. Nuestro argumento es impecable por su fuerza jurídica y por razones de equidad.

Pero no deberíamos llevar treinta años discutiendo la conveniencia o no de adherir a Convemar sin que gobierno alguno dé el paso, abriendo un debate nacional. El Perú participó en las tres conferencias preparatorias y fue un importante propulsor antes de su aprobación el 82. Pero ningún gobierno ha debatido y decidido. Pesaron consideraciones sobre el mar territorial, que va más allá del control de los recursos marítimos y sobre el fondo marítimo, pero no es norma internacional. Desde entonces han pasado seis gobiernos, 30 años, y se prolonga la parálisis.

Por un lado, que existe una educación territorialista sobre las 200 millas. La gente entiende que tenemos un mar que es enteramente nuestro y desconocen que en realidad tenemos una zona económica exclusiva más que un mar territorial bajo nuestro absoluto control.

Asimismo, existen poderosos intereses en grandes pesqueros industriales. No son intereses actuales, sino futuros. Hoy en día pescan casi exclusivamente anchoveta, pegada a la costa. No pescan mar abierto, pero podrían hacerlo a futuro y por ello se oponen a la adhesión a la Convemar. Temen que tengan que negociar y requerir un Estado regulador para el efecto.

¿Es la firma de Convemar una necesidad nacional? Más de 160 países ya lo han hecho; quedan pocos fuera. Además, ninguna de sus disposiciones vulnera intereses o leyes peruanas, ni nuestra soberanía. Hace años se adapta toda la normativa interna a Convemar. Y no firmar nos impide intervenir en espacios que están discutiendo la forma como se manejaran los recursos de más allá de las 200 millas, en alta mar, y en entidades de desarrollo científico.

UN JUICIO COMPLEJO
La responsabilidad de la no adhesión del Perú es de la clase política, cuya misión es dirigir a la población y guiarla, pero se ampara en un “no es el momento”. Falta evaluar la correlación de fuerzas internacional real, mirar el futuro con amplitud y pensar en el largo plazo. No lo han hecho los gobiernos anteriores.

El ex presidente Alan García, al tomar durante su mandato la decisión de ir a Corte Internacional de La Haya, no afrontó este tema, sabiendo que Chile lo sacaría a relucir. Y encima manejó la tesis de las cuerdas separadas en las relaciones con Chile: por un lado los negocios y el flujo de capitales chilenos al país casi sin regulaciones y criterios geopolíticos, y por otro los pendientes fronterizos.

Hemos ido a un juicio complejo, con una argumentación consistente, pero pudimos llegar sin dejar flancos inútiles que podamos resolver asumiendo responsabilidades propias de un estadista, más aún cuando las FFAA y la propia cancillería dieron muchas muestras de su postura a favor de la Convemar. Es hora de debatir y tomar decisiones.

Se ha dado una lucha consistente, con argumentos jurídicos sólidos. La CIJ los tomará en cuenta e, intuyo, dará un fallo que maneje la complejidad del caso ajustándose a derecho al inevitable concepto de la equidad que no puede negar al Perú -a Tacna, Moquegua y Arequipa- los recursos marítimos que con justicia le corresponden.


Javier Diez Canseco
Colaborador


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