Importancia de una pregunta

En 1986 Perú pidió a Chile discutir un acuerdo de límites marítimos a partir Tratado de 1929. Chile respondió diciendo que estudiaría el asunto. Finalmente, dijo que no tenía sentido discutir otro acuerdo porque Perú y Chile tendrían ya un “Tratado de límites marítimos con Perú y Ecuador” desde 1952. Perú no reconoce tratado alguno de límites marítimos porque en aquel momento los tres países se pusieron de acuerdo para defender juntos las 200 millas de mar territorial frente a la presencia de naves pesqueras extranjeras que se llevaban las ballenas de sus costas. Entonces no había una legislación internacional para celebrar ese tipo de tratados y se reconocía solo 3 ó 10 millas de mares como propiedad de cada país costero. No hubo un mapa de límites ni las coordenadas debidas, solo una “Declaración de Santiago” de los tres países defendiendo sus derechos de pesca. El acuerdo de límites marítimos con Ecuador se firmó en 1911, sin mencionar ni una palabra de los supuestos tratados de 1952 y 1964.

| 16 diciembre 2012 12:12 AM | Especial La Haya | 1.1k Lecturas
Importancia de una pregunta
CHILE Y PERÚ EN LA HAYA:
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En la última década del siglo XX, 40 años después de la Declaración de Santiago, los chilenos dibujaron sus primeros mapas para sostener oficialmente que el Tratado de 1952 habría resuelto el problema. Curioso modo de resolver el tema, sin el acuerdo peruano y suponiendo que los gobiernos peruanos eran suficientemente tontos y torpes para haber acordado unos límites que favorecían plenamente a Chile, pues un triángulo de más de 65 mil kilómetros cuadrados, que quedan dentro de las 200 millas peruanas a partir de una línea equidistante cuyo punto de partida es el Punto de Concordia quedarían en manos chilenas. Se trata de una importante extensión de aguas en un mar rico en recursos.

Los gobiernos chilenos disfrutan de una enorme extensión de tierra y mar peruanos invadida y expropiada en la guerra de 1789-1983. En 1952, vieron la oportunidad de ensanchar su territorio estableciendo arbitrariamente una línea no equidistante que recorta las 200 millas peruana, dejando intactas las 200 millas chilenas, y llamando “Aguas de alta mar” a aguas que están dentro de las 200 millas peruanas. Con sus aires de superioridad y su conocidas terquedad y soberbia, los chilenos sostienen que tienen la razón, que han sido siempre respetuosos del derecho internacional y que Perú no tiene razón alguna en reclamar.

Al aceptar la petición peruana en 2005, la Corte Internacional de La Haya tiene ahora la responsabilidad de establecer los límites marítimos entre los dos países y si el gobierno de Chile acepta su fallo, se habrá cerrado plenamente el capítulo de las fronteras entre los dos países, como se cerró el mismo capítulo con Ecuador con los tratados de 1998 y de 1911. La corte de La Haya sabe que no hay un tratado de límites marítimos entre Chile y Perú.

Es muy importante la pregunta planteada por uno de los vocales de la Corte para saber si ambos países sabían en 1952 que podían “proclamar y delimitar una zona marítima de soberanía y jurisdicción exclusivas sobre el mar que baña las costas de sus respectivos países, hasta la distancia mínima de las 200 millas marinas desde las referidas costas”.

La delegación peruana respondió con un No rotundo. Envío esta columna 24 horas antes de la presentación chilena y supongo que al gobierno chileno le quedan dos caminos: un sí igualmente rotundo o un sí a medias si quiere dejar abierta una puerta para una solución salomónica que permita a Chile ganar y perder, al mismo tiempo.

Ya sabemos que Piñera dijo con sus aires de seguridad y soberbia que Chile no busca una solución salomónica. Sabemos también que quienes llegan a presidentes son políticos especialistas en devorar sapos, y que la cuestión de los sapos es solo una metáfora para deglutir las palabras rimbombantes que se dicen sin pensar dos veces.

Después de las sesiones de la Corte en La Haya tendremos que esperar el fallo final que tardará algunos meses. En ese tiempo los triunfalismos y las soberbias podrían quedar entre paréntesis y seguirán su curso los problemas de ayer y de hoy, por eso de las inversiones chilenas que avanzan viento en popa en Perú gracias a la generosidad del fujimontesinismo que les abrió las puertas y los gobierno siguientes que las abren más y más, y por eso del armamentismo chileno para defender las inversiones de Chile más allá de sus fronteras. Viene a mi memoria el regalo de Fujimori con una concesión por 30 años, renovables por 30 más, del Hotel de turistas en Machu Picchu a una empresa chilena por un alquiler mensual de 6 mil dólares para el Cusco, dinero que se cubre con los ingresos de menos de un día. Si esta información es cierta, debiera ser muy grande la vergüenza peruana.

Como escribí antes, pueden los chilenos querer copar todos nuestros cielos con sus aviones de LAN CHILE, comprar Machu Picchu, todas las grandes tiendas comerciales, el Valle de Ica y el Valle Sagrado de los Incas, pero el problema de fondo es que hayan peruanos dispuestos a darles una mano para satisfacer esos deseos.

No olvidemos esa clara advertencia del ejército chileno para defender sus inversiones fuera de sus fronteras. Si el gobierno peruano de hoy ve la política peruana más allá de los negocios, debiera frenar en seco esa embestida que ya tendría 11 mil millones de dólares invertidos. Si no fuera así, su declarado nacionalismo terminaría siendo solo de papel.

(Hay razones serias, lectoras y lectores para no temer que el 21 de diciembre se acabe el mundo).


Rodrigo Montoya Rojas
Colaborador


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