Villarán no roba ni deja robar

El legislador Víctor Andrés García Belaunde, en la línea de los expresidentes Fernando Belaunde y Valentín Paniagua, combatió a su manera la dictadura fujimorista desde el cinco de abril del 1992 y está contra cualquier intento de perpetuarse en el poder. Defiende la democracia y a las gestiones elegidas por el pueblo. Ahora está a favor del NO a la revocación. En este diálogo, resalta un punto esencial de la gestión de Susana Villarán: la lucha por la transparencia. “Cuando se combate la inmoralidad, se pisan muchos callos”, dice.

| 17 febrero 2013 12:02 AM | Entrevista | 1.9k Lecturas
Villarán no roba ni deja robar
Entrevista. VÍCTOR ANDRÉS GARCÍA BELAUNDE

Más datos

Los revocadores carecen de motivos reales para sacar a Villarán del cargo, salvo sus ganas de volver a la Municipalidad. Ella no es deshonesta, no es incapaz, no es ignorante, no es una mujer que vive de espaldas a la realidad de los que más necesitan, no ha cometido un acto o inconducta moral escabrosa. Entonces no hay razón para revocarla; por eso Acción Popular está con el NO.

Resignación
La renuncia del Papa

—Usted que es católico, ¿cómo ha tomado la renuncia del Papa Benedicto XVI?
—Con resignación cristiana. Creo que lo mismo debió hacer el papa anterior, porque el deterioro de Juan Pablo II por edad era notorio. Eso hizo sufrir mucho no solo al Papa sino a toda la cristiandad. Yo estoy seguro que Ratzinger, quien estuvo muy cerca de Juan Pablo II y que seguramente ha visto cosas al interior de la Iglesia, no quiso repetir la historia y, como es brillante y sabio, ha tomado la decisión.
1983

—Las encuestadoras han constatado que la tendencia en cuanto al proceso de revocación es que el NO está subiendo y el Sí, descendiendo, ¿cuál es su percepción?
—A un mes del proceso, creo que aquella tendencia no cambiará. Estoy seguro que va a ganar el NO. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los electores deciden en las 72 horas previas a la consulta y muchas veces siguen las tendencias.

—¿Cuál es la razón fundamental por la cual Acción Popular apoya el NO a la revocación a la alcaldesa Villarán?
—Hay varias razones. Primero, porque consideramos que los revocadores representan la piconería. Son un grupo de gente que se ha visto desplazada de las arcas municipales y quiere regresar. Hay que recordar que la revocación empezó antes de que Villarán asuma el cargo. No tenía ni cinco días de gestión la alcaldesa y sus contrincantes estaban ya recolectando firmas para sacarla. Esto demuestra claramente que los revocadores carecen de motivos reales para sacar a Villarán del cargo, salvo sus ganas de volver a la Municipalidad. Ella no es deshonesta, no es incapaz, no es ignorante, no es una mujer que vive de espaldas a la realidad de los que más necesitan, no ha cometido un acto o inconducta moral escabrosa. Entonces no hay razón para revocarla; por eso Acción Popular está con el NO.

—¿Cree usted que el mayor mérito de la gestión de Villarán es luchar contra la corrupción?
—Yo creo que Susana Villarán no roba ni deja robar. Hacer eso en el Perú es muy difícil. Lo más fácil es dejar que otros hagan sus pillerías, que otros roben. Lo fácil es voltear la cara cuando hay un acto de inmoralidad. Cuando se combate la inmoralidad, se pisan muchos callos.

—En estas circunstancias en que el NO está subiendo, ¿cree usted que Alan García mostrará su apoyo explícito al Sí?
—Mire, yo creo que el Apra trae mala suerte. El abrazo del oso del Apra es terrible. Si el Apra sigue apoyando al Sí, el Sí seguirá perjudicándose. Todo lo que el Apra toca, lo malogra, lo perjudica, lo disminuye. Eso es una larga historia, además el Apra hoy es cuatro por ciento a nivel nacional y en Lima probablemente sea dos por ciento.

—Le preguntaba por García.
—En el caso de García. Creo que él hace bien en no intervenir de manera evidente y directa en el proceso, aunque su partido sí haga campaña haciéndole caso. Vemos que García no hace declaraciones contundentes ni tajantes sobre la revocación. Creo que está midiendo, porque si Susana Villarán ganara, todos los que han apoyado la revocación quedarán muy mal: el Apra, Solidaridad Nacional y los otros.

—¿Cómo evalúa el papel del fujimorismo?
—Creo que está haciendo bien al no inmiscuirse en la campaña, al decir que sus militantes elijan de acuerdo a su propio parecer. Es un manejo acertado el que está haciendo este grupo político. El fujimorismo tiene muchos motivos para atacar a Villarán por ser una alcaldesa progresista, pero está bien que se mantengan de manera neutral.

—El exalcalde de Lima, Luis Castañeda, al fin dijo el jueves que marcará el Sí a la revocación. ¿Usted cree que él tenga buenas intenciones para la ciudad?
—Yo creo que al decir que marcará el Sí no ha soltado ninguna novedad. Todos estábamos seguros que él estaba detrás del Sí a la revocatoria. Yo creo que ha sido un buen alcalde y creo que quiere regresar; pero en democracia hay que saber esperar.

—Castañeda ha sido de las filas de Acción Popular.
—Él fue de Acción Popular, claro que sí. Tuvo un extraordinario maestro o padrino. Me refiero a Eduardo Orrego, quien fue alcalde de Lima entre 1981 y 1983. Eduardo Orrego lo quería a Castañeda como a un hijo. Lo formó, lo promocionó, lo ayudó siempre. Lo hizo regidor, le dio cargos importantes en la Municipalidad. Creo que aprendió muchas cosas de él. Como ambos eran chiclayanos, se llevaban muy bien. Yo he visto a Castañeda en el entierro de Orrego totalmente apenado, triste, llorando. Yo conozco a Castañeda de joven. Fui a su matrimonio inclusive; pero no lo he visto en estos tiempos. Creo que es una persona trabajadora y con mucha experiencia municipal.

—¿Sabe por qué dejó Acción Popular?
—Es difícil saberlo con certeza; en todo caso, él es quien lo sabe. Creo que en 1989, estoy especulando, pasó algo y decidió alejarse del partido.

—¿Lo sacaron, lo expulsaron?
—No, no, no. Nunca fue expulsado. Dejó el partido seguramente porque pensó tal vez que ya había cumplido su tiempo dentro de la organización. Se fue en muy buenos términos. Tengo entendido que el primer premier de Alberto Fujimori, Juan Carlos Hurtado Miller, lo recomendó a Castañeda al gobierno y fue ahí que él entró a trabajar en el antiguo Instituto Peruano de Seguridad Social, actualmente EsSalud, con resultados que ya conocemos. Fue así que empezó una carrera política independiente. Acción Popular tenía cierta simpatía por Fujimori, pero después del golpe del cinco de abril se acabó todo tipo de acercamiento. Castañeda empezó a trabajar antes del golpe y continuó después de que Fujimori atentara contra la democracia.

—Se comenta mucho que dentro de su partido hay una rivalidad con el legislador Yonhy Lescano, ¿qué es lo que ocurre?
—Yo me llevo bien con él. Yo diría que no hay ninguna rivalidad. Lo que pasa es que a veces estamos en desacuerdo en algunos temas y eso esto todo. Hay discrepancias porque Acción Popular es un partido democrático, solo eso.

—¿Usted quiere volver a ser candidato presidencial de Acción Popular en el 2016?
—No. Yo fui candidato presidencial el 2000 por imposición, digamos, por mi partido, porque yo no quería. Además, Valentín Paniagua y Fernando Belaunde querían que yo fuese el candidato y no pude negarme. Esa campaña me costó un gasto enorme de energía y de dinero. Repetir eso lo veo lejano. No le veo ninguna posibilidad; sin embargo, el partido tendrá que tomar la decisión.

—¿Qué opina usted sobre el tema manido de la candidatura de la primera dama Nadine Heredia?
—Si llegara a ser candidata sería un acto nefasto. Sería una reelección camuflada. Sería fatal. Sin embargo, quiero decir que Nadine Heredia tiene un futuro muy grande, pero, en política, hay que saber esperar. El Perú está creciendo de manera sostenida y envidiable, gracias a la sucesión democrática de los gobiernos. Vamos en camino de alcanzar a Chile y a Colombia y nadie debe tratar de entornillarse en los cargos. Hay que recordar que la política siempre influye en la economía. No hay que forzar las normas. Vamos bien con la sucesión democrática de los gobiernos.

—¿Cómo evalúa el trabajo de la llamada Megacomisión que investiga el último gobierno de García?
—Creo que es una comisión que abarca demasiado. Las megas no conducen a nada. Si se hace una megacomisión es para no llegar a nada, y eso es lo que han hecho. Investigar, fiscalizar, todo un gobierno es absurdo, es impracticable. En cinco años pasan tantas cosas. Somos un Estado grande, muy grande, con muchas autoridades, con muchos recursos. Creo que debieron investigar casos muy precisos, muy puntuales.

Las famosas adendas
“Lamento mucho que un proyecto legislativo mío que busca mayor transparencia en los contratos de concesión con la regulación de las adendas haya sido observado hace dos meses por el Ejecutivo. Esto me parece mal síntoma. No se trata de dar una libertad absoluta a los inversionistas que llegan al Perú. Las adendas en los contratos de concesión son muchas veces usadas para no cumplir normas claves y pasar por alto cosas importantes; por eso, es necesario regularlas. Falta una fiscalización precisa y exigente a los concesionarios. Las adendas siempre se hacen a favor de los concesionarios, nunca a favor del Estado. Tú ganas una concesión ofreciendo el oro y el moro y hasta sabiendo que no puedes cumplir lo que ofreces y luego aparece una adenda y te soluciona el problema y no cumples el contrato inicial y perjudicas al Estado, perjudicas a todos”.

QUIEREN PASAR A LA HISTORIA A PUNTO DE PLACAS
Hay una plaquitis en el Perú

—Durante el fujimorismo borraron el nombre de Alan García en una placa en la Antártida. El gobierno mandó a poner su placa en el continente blanco en el muy sonado viaje del presidente Ollanta Humala. Usted sabe que el expresidente Belaunde firmaba sus obras con la famosa frase: “El pueblo lo hizo”. La alcaldesa Villarán siguiendo la pauta pone “Lima lo hizo” en sus obras. ¿Qué opina sobre el afán de pasar a la historia gracias a una placa?
—Lo que puedo decir es que hay una plaquitis en el Perú, una enfermedad muy desarrollada en el país. Todos se mueren por tener una placa, en las universidades, en los colegios, en las municipalidades. Hay placas por todos lados en las regiones. A veces pasamos por las calles y vemos unos enormes carteles que llevan el nombre del alcalde local y es tan grande el cartel que hasta puede costar más que la obra que anuncia. Esta plaquitis hay que desterrarla. Es bueno que los presidentes de estos tiempos no le ponen su nombre a las avenidas que construyen. El expresidente Augusto Bernardino Leguía hizo una avenida y le puso de nombre su nombre. Menos mal que ahora se llama “Arequipa”. Bueno, esto ya se cambió por suerte, aunque en las dictaduras de izquierda siguen existiendo. Si hablamos de placa o la plaquitis podemos decir que se trata de un regazo de lo que hacía Leguía. Es una continuación nefasta, una manera de perennizarse en la historia a punto de placas. Tiene larga historia. El expresidente Benavides inauguró el hospital Obrero, hoy Almenara. Llegó Prado en 1939, le quitó la placa de Benavides, le hizo unos arreglitos y volvió a inaugurar el hospital con una placa suya. El gobierno militar hizo lo mismo en 1968 con una obra de Belaunde. Le quitó la placa a la variante de Pasamayo y a la autopista Pucusana, obras que son de Belaunde. García en 1985 hizo lo mismo. Le quitó la placa al hospital María Auxiliadora que la hizo Belaunde. Le quitó la placa al hospital de Neoplásicas que hizo Belaunde. Además le quitó la placa y le cambió de nombre a la autopista Ricardo Palma y le puso Ramiro Prialé, quien no ha escrito nada, pese a haber sido un buen ciudadano y buen militante del Apra, ahora tiene una autopista que debe llevar el nombre del grande escritor Ricardo Palma. ¿Por qué le cambiaron de nombre? Porque García volvió a inaugurar la obra que ya había sido inaugurada por Belaunde después de ponerle asfalto a dos kilómetros de esa gran autopista. Belaunde hizo los puentes que cruzan el río Rímac, hizo el corte del cerro, los kilómetros de asfalto; pero el gobierno de García le quitó mérito a Belaunde poniendo asfalto a apenas dos kilómetros; y todavía invitaron a Belaunde a la supuesta inauguración. Belaunde no sabía de qué autopista le estaban hablando. Del Castillo tuvo que explicarle de que se trataba de la autopista Ricardo Palma que había sido cambiada de nombre a Ramiro Prialé. Belaunde respondió con esta frase: espero que la obra de la autopista que lleva ahora el nombre de un aprista sea terminada por los apristas. Lo triste es que la autopista se ha quedado donde Belaunde la dejó. Debería estar en Chosica. Pero no avanzaron un kilómetro. Belaunde empezó la obra pensando que la autopista debía llevar al pueblo llamado Ricardo Palma que está pasando Chosica.


Paco Moreno
Redacción


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