“Una buena relación con Bolivia es esencial”

Diego García Sayán, canciller durante el gobierno de Alejandro Toledo y actual director general de la Comisión Andina de Juristas, analiza la política exterior peruana, a partir del duro enfrentamiento verbal con Bolivia, que en estos días ha tenido un nuevo capítulo, el peso ideológico que le da el gobierno de Alan García a las relaciones internacionales y el escaso protagonismo del Perú en los foros multilaterales.

| 31 agosto 2009 12:08 AM | Entrevista | 751 Lecturas
(1) García Sayán cree que el Perú ha perdido peso internacional. (2) Imagen del aislamiento. García abandonó la Cumbre de Unasur antes de tiempo.
Diego García Sayán

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Cada improperio que se lanzan Perú y Bolivia seguramente debe ser celebrado por Chile.
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García Sayán también se refiere a los resultados de la reciente cumbre de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), que trató el espinoso tema de las bases militares norteamericanas en Colombia.

-¿Fue un error de Alan García acusar a Bolivia y Chile de tener un acuerdo secreto, cuando la agenda de trece puntos que ambos países negocian es pública?
-Es cierto que la agenda de trece puntos que negocian Bolivia y Chile es pública. No quiero atenuar los errores que puedan haberse cometido en esa entrevista, pero el Perú tiene derecho, no a entremeterse en la relación bilateral entre Chile y Bolivia sobre esos trece puntos, pero sí a ser informado si hay una negociación sobre territorios que fueron peruanos.

-¿Con las últimas declaraciones de Alan García, en las que calificó a Evo Morales como un presidente obsecuente con Chile, lo que ha ahondado el enfrentamiento con Bolivia, sale ganando Chile?
-Sin duda. Cada improperio que se lanzan Perú y Bolivia seguramente debe ser celebrado por Chile.

-¿Es un error estratégico de la política exterior peruana pelearse con Bolivia cuando el Perú tiene un conflicto con Chile por la frontera marítima que está en la Corte de La Haya?
-Más allá de quién tiró la primera piedra, para los intereses del Perú es muy malo tener una mala relación con Bolivia. Por razones históricas, geográficas, étnicas, Bolivia es y tiene que seguir siendo un aliado del Perú. Víctor Andrés Belaunde decía que Perú y Bolivia son pueblos gemelos. Hay intereses permanentes del Perú y de Bolivia que hacen absolutamente esencial una relación cercana. Una buena relación con Bolivia debe ser una prioridad de nuestra política exterior…

-Pero sucede todo lo contrario y la relación con Bolivia está muy deteriorada.
-Hay señales de que se ha menospreciado la importancia de la relación con Bolivia y eso tiene que ser rectificado. Este es el peor momento de la relación con Bolivia si la comparamos con todo el siglo XX. Es un momento crítico.

-¿En la relación con Bolivia priman las diferencias ideológicas que tiene Alan García con Evo Morales antes que una política de Estado?
-Es más o menos ostensible que entre Alan García y Evo Morales no solamente hay diferencias políticas importantes, sino también es notorio que no hay empatía ni química, sino más bien antipatía y resistencia entre ambos. Esa animadversión lleva a que se puedan producir excesos verbales de uno y otro lado. Eso es un error. Las relaciones entre los países no pueden limitarse a la simpatía o a la animadversión entre los jefes de Estado. Si esta relación ahora está deteriorada, hay que hacer lo necesario para corregirla…

-Pero por las declaraciones del canciller García Belaunde, que han sido muy duras contra el gobierno boliviano, no parece haber voluntad de mejorar las relaciones con Bolivia.
-Si nos guiamos por las declaraciones, éstas no prometen nada positivo, ni de un lado ni del otro. Eso tiene que corregirse.

-¿Alan García ha ideologizado su política exterior, poniendo sus animadversiones políticas por encima de los intereses del país?
-Cuando juramentó el nuevo gabinete afirmó que en América del Sur hay una guerra ideológica y que el Perú toma partido en esa guerra ideológica. Eso es un error. Constatar que hay una fragmentación, un proceso de contradicciones en Sudamérica que no tiene precedentes, es una cosa, pero convertirse en un elemento activo en ese impulso al conflicto es un error. Sin embargo, felizmente existen situaciones como la relación con Ecuador, que es muy buena y no se ha visto afectada por las diferencias ideológicas con el gobierno de Correa.

-Pero en esa guerra ideológica, en la que se ha embarcado García, la prioridad de su política exterior parece ser enfrentarse a Venezuela y a Bolivia.
-Ese elemento está presente, es cierto. Sería un error que el Perú pretenda convertirse en el adalid de una posición ideológica en Sudamérica para enfrentar a otra posición ideológica. El Perú no debería caer en ese juego, que es una especie de licuadora, trituradora, demoledora. Los intereses de Estado, los intereses nacionales, tienen que prevalecer. El Perú debe manejarse con la prudencia de saber que tiene que coexistir con este escenario, guste o no guste, y que con todos los países debe mantener la relación más constructiva que se pueda.

-¿El Perú se ha aislado en su relación con la región?
-En cierto sentido eso es correcto. Las relaciones con los otros países de la región podrían ser más cercanas, pero no perdamos de vista un escenario de conflictividad, de contradicciones, que no se ha dado con esa intensidad hace muchísimos años.

-El presidente García ha estado ausente en casi todas las reuniones presidenciales regionales. Fue a la última reunión de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), pero se retiró antes que culminara. ¿Esto ha debilitado la posición internacional del Perú y ha contribuido a su aislamiento regional?
-No asumo necesariamente la palabra aislamiento, pero sí creo que se ha perdido peso internacional. El Perú debería tener mayor gravitación internacional y jugar un papel más activo en los escenarios multilaterales, como la OEA, el Grupo de Río. La distancia frente al multilateralismo es un error. El Perú fue miembro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, por una gestión que hicimos durante el gobierno de Toledo, y esa presencia pasó sin pena ni gloria.

-¿Coincide con quienes critican como tibia la reacción del gobierno peruano frente al golpe en Honduras?
-Es cierto que se pudo haber condenado con mayor firmeza el golpe y se podrían haber dado señales políticas más firmes contra el golpe, como el recibir en Lima a Zelaya como jefe de Estado, como han hecho otros países, porque Zelaya sigue siendo jefe de Estado. De hecho el Perú no ha estado en la primera línea de condena al golpe.

Bases norteamericanas aumentan la polarización

-¿Quién salió ganando en la reunión presidencial de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), Colombia o los países que rechazan las bases norteamericanas en territorio colombiano por ser una amenaza para la región?
-A pesar que ha quedado claro que hay una mayoría discordante con la posición de Uribe, y que indudablemente el presidente colombiano no ha salido respaldado, creo que ha sido un empate, porque las cosas en esencia quedan como estaban antes. La declaración de Unasur refleja una preocupación legítima por la presencia militar norteamericana en Colombia, pero no condena, como pedían varios países, el acuerdo militar entre Colombia y Estados Unidos. En términos de efectos políticos concretos para cambiar el curso de las cosas, no hay nada nuevo.

-No hubo una condena a las bases norteamericanas, pero se precisó que la presencia militar de Estados Unidos en Colombia no puede amenazar la soberanía de otro país sudamericano y se acordó que el Consejo de Defensa de Unasur pueda inspeccionar las bases norteamericanas en Colombia.
-Es importante el acuerdo de que la presencia de fuerzas militares extranjeras no pueden amenazar la soberanía y la integridad de cualquier nación sudamericana, pero esa declaración repite principios sobre la soberanía que están en las cartas de la OEA y de las Naciones Unidas, de manera que no hay nada nuevo bajo el sol. Que el Consejo de Defensa de Unasur pueda conocer en detalle el acuerdo militar entre Colombia y Estados Unidos es un aspecto positivo. Pero para que Unasur pueda comprobar que un acuerdo militar con fuerzas extranjeras amenaza la soberanía e integridad de una nación, tiene que tener una capacidad institucionalizada de seguimiento y de análisis cotidiano de la realidad que no tiene.

-¿Las bases norteamericanas en Colombia son una amenaza para la estabilidad y la seguridad de la región?
-Estas bases generan desconfianza y han contribuido a aumentar la polarización que existe en la región. Indudablemente la historia latinoamericana y su trajinada soberanía dan lugar a que existan resquemores y preocupaciones. El precedente de lo ocurrido en Ecuador (el ataque colombiano a un campamento de las FARC en territorio ecuatoriano), explica, en parte, la preocupación por la existencia de estas bases. Hay que partir de la realidad de que el acuerdo para las bases norteamericanas en Colombia ya se firmó. Ahora lo importante es establecer un buen mecanismo de seguimiento multilateral a las operaciones militares en esas bases.

-¿Unasur ha acordado hacer ese seguimiento?
-El problema es que Unasur probablemente no tenga la capacidad de establecer esos mecanismos de seguimiento, porque no tiene un grado mínimo de institucionalidad. Tal vez sería más aconsejable que un espacio con más experiencia, como la OEA, sea utilizado para ese proceso.

Carlos Noriega
Entrevista

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