Un viaje a la pobreza

Carlos Meneses asegura que en casi doscientos años de vida republicana el Perú no ha acertado nunca en elegir a un buen presidente y teme por el futuro del país.

Por Diario La Primera | 01 agosto 2009 |  1.5k 
Un viaje a la pobreza
(1) Escritor peruano Carlos Meneses: “Me siento un auténtico exiliado”. (2) “Creo que sí, sí es Carlos Oquendo de Amat”. (3) “El Perú está peor que antes y eso es muy peligroso”.

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Me pongo en el otro plano y no sé qué pasará, creo que frente a la grave situación peruana, debe haber una toma de conciencia de los intelectuales porque los políticos han fracasado.
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Carlos Meneses nació en Lima (1930). En 1958, estrenó 7 obras de un acto. Sobre todo es un apasionado novelista y narrador de cuentos. Ha publicado Edén moderno (novela) fue premio Ciudad de Valencia, 2002. El héroe de Berlín (Lima, 2007). Ha escrito Tránsito de Oquendo de Amat (Las Palmas de la Gran Canaria, Inventarios Provisionales.

- ¿Qué aprendiste en la Universidad de San Marcos?
- Bueno, debo confesar que estuve en otras Universidades, en San Marcos y en la Universidad de Buenos Aires, luego estudié agronomía un año. En San Marcos comencé estudiando ciencias económicas, pero no encajaba y pasé a estudiar Letras. En 1950 me llamaron para integrar la sección deportes del diario Última hora que dirigía Raúl Villarán. Pero pasó a ser redactor jefe y asumió ese cargo Guillermo Cortez Núñez, antes yo trabajé con él en las revistas Ya y Equipo. Eso me alejó por muchos años de los estudios y por eso es que me fui a Buenos Aires, allí mal estudié, mal comí y mal viví, pero trabajé para France expres. Entrevisté a varios personajes argentinos.

- Luego regresaste al Perú.
- Así es y reanudé mis estudios en el 56 en San Marcos hasta terminarlos. Pero todo me sirvió para tener un horizonte más amplio. A uno de mis profesores que más recuerdo desde el colegio y luego en la Universidad, es Estuardo Núñez, quien tiene más de 102 años, es admirable su lucidez y fortaleza física. Me reconoció y hablamos sobre Vallejo.

- ¿Por qué te fuiste del Perú?
- La verdad es que desde adolescente quise ir a Europa. Mi ideal desde los 15 años era vivir en tres ciudades: Buenos Aires, Nueva York y París. Salí del Perú después de haberme divorciado porque tenía el ancla del matrimonio ¿no? Entonces, una vez libre me fui, todo el 61 estuve en París, pero el 62 fui auxiliar en el sur de Francia, en la cátedra de José Durand. Después me instalé en Madrid y allí un excelente amigo mío que se llamaba Juan José Calle, me preguntó qué hacía. Le contesté: “Nada, porque no tengo trabajo”. Es así como llegué a Mallorca, gracias a él. El 4 de enero de 1964 empecé a trabajar en un diario de Mallorca.

- ¿Eres un escritor exiliado o un escritor migrante?
- Me encantaría ser exiliado pero lamentablemente no me han echado. Pero en el fondo me siento más exiliado que migrante, no soy un migrante. Hubo un momento de asfixia pero Juan José Calle me salvó. En Mallorca me adapté y he llegado a dominar bastante bien la idiosincrasia, publiqué mucho sobre escritores y políticos de Mallorca. Simultáneamente me tocó descubrir la estancia de Borges y publiqué sus poemas de los veinte años, sus cartas, sus polémicas, todo eso me permitió tener una presencia. Tuve suerte porque además después descubrí, como sabes, la tumba de Carlos Oquendo de Amat.

- Pero tus cuentos y novelas tienen temas peruanos.
- Bueno, es verdad, es una buena observación. En un ochenta por ciento son efectivamente peruanos.

- Y, ¿cuál es tu mejor cuento?
- ¡Ah!, ¡qué pregunta! Yo diría que ninguno, todos son malos pero si hay que elegir uno que se llama Cabo ranchero, es un cuento totalmente criollo, traté de escribir una cuestión muy distinta a Ciro Alegría.

- Pero en el cuento Lo que puede un pianista, hay una notable plasticidad en el lenguaje.
- No sabía. Es un cuento muy moderno porque pertenece a otra época, como sabes on ese cuento gané el Premio Peñíscola, que es una ciudad preciosa. Este cuento pertenece a una novela inédita por una simple razón, escribí diez cuentos pero me di cuenta que tenía una novela, han pasado cinco años pero no la he terminado.

- ¿Cuál es tu mejor novela?
- Es una publicada y despreciada en Madrid, en París y en Lima, se llama Huachos rojos, porque nadie la ha leído, no ha tenido suerte.

- Has escrito sobre Vallejo, Guillén, Asturias, Borges y Rubén Darío y ¿por qué no acerca de Arguedas?
- Mira, escribí sobre Carlos Oquendo de Amat porque era una promesa a la familia Oquendo y porque busqué la tumba y la encontré. Escribí sobre ellos porque estuve muy cerca. José Luis Cano me presentó a Guillén, así escribí su biografía. A Arguedas no lo conozco bien, pero tampoco he hablado con él.

- Y ¿Vargas Llosa?
- Muchísimos artículos, pero un libro no me fluye, no me llama. Sé mucho de su obra, por ejemplo, Conversación en la catedral es un mundo que yo he vivido. La casa verde tiene una excelente técnica.

- ¿Compartes los juicios que emite en el libro La utopía arcaica?
- Voy a ser muy sincero, admiro a Mario como escritor y es mi amigo. Uno puede ser amigo porque es un escritor pero tenemos ideas opuestas, depende de ambos y que no moleste, por ejemplo, no cree en lo que yo creo. Pero a él tal vez sí le moleste. Llamó a mi casa para saludarme porque sabía que estaba enfermo.

- No quieres pelearte con él.
- No me parece justo.

- ¿Te sientes más cuentista o novelista?
- Un novelista.

- Pero tus textos están escritos con tus sueños, fantasmas y pesadillas, ¿no es verdad?
- Es una nueva observación, además, con una gran dosis de pesimismo y melancolía, también con una ansiedad enorme que es lo que denomina. Soy un enfermo de ansiedad, por ejemplo, en los cuentos mínimos hay un esfuerzo para ahorrar palabras y decir más.

- Hay una pregunta que nos hecho tus lectores. ¿Por qué no escribiste otro libro sobre Oquendo?
- ¡Ah!, de acuerdo. Debo empezar diciendo que tuve hasta tres ofertas para publicar, mejor dicho para reeditar el libro, las rechacé y se tomó a mal la segunda vez, creyeron que yo buscaba una editorial superior, no es asÑ El motivo es que yo creo que mi libro es malo. Yo no me perdono nada, debería hacerlo de nuevo. No sé.

- Perdona la pregunta, alguien ha dicho que en la tumba de Oquendo no está él.
- ¿Ah!, quien ha dicho eso, sé perfectamente quién es, considero que es muy feo decir eso porque es una irresponsabilidad. Bueno, se trata de un acto de fe y esa mentira es simplemente para llamar la atención. Ese chico estaba de paso por Madrid y quien me llamó fue Antonio Cilloniz y me dijo: “Este chico está en mi casa, deja que pueda llevarlo”. ¿Cómo se le ocurre decir por qué no llamé a un médico? No teníamos ni para el café y vamos a hacer eso. Quien lo identificó y certificó que es Oquendo fue el enterrador, ¿qué mas?

- Y después, ¿qué pasó?
- Les planteé que había que hacerle una tumba. Fui a Barcelona y allí estaba Mario Vargas Llosa, también Fernando Tola y Gabriel García Marquez. Le pedí que sugieran lo que se tenía que hacer. Vargas Llosa dijo que debía recurrirse a una entidad del Perú. Esteban Pavletich movió a varias personas y sucedió que nunca me avisaron, lo cierto es que hay personas que figuran como descubridoras de la tumba de Oquendo, eso no es verdad.

- César Lévano escribió este artículo y “Caretas” publicó esta foto, ¿es Oquendo o no? (Le muestro el artículo de Lévano y la foto que publicó esa revista).
- Mi amigo Molina me mandó esta foto ampliada y me preguntó si era Oquendo. Bueno, yo no he conocido a Oquendo. Pero busqué en mi archivo de fotos y la comparé solo después de algunos días que medité, le contesté: “Creo que sí, sí es Carlos Oquendo”, por los rasgos somáticos. Todo quedó allÑ Mira, para acabar con todas las especulaciones, si alguien dice: “Esto no es así”, tiene que probarlo. Pero es mejor no hacer caso, no deberíamos tocar este tema, es la última vez que me ocupo de estos desagradables asuntos.

- Una vez dijiste que solo escribes acerca de la realidad.
- Es un poco falso. Bueno habría que hablar de la realidad y para mí es lo que he vivido, lo que toco y lo que vivo, lo que sueño. Pero también puedo hacer una abstracción de la realidad e inventar otras realidades, para eso está la literatura.

- ¿Cómo ves ahora al Perú?
Lo veo peor que antes, ha hecho un viaje a la pobreza. El Perú en lo que no ha acertado nunca es en tener un buen presidente, en casi doscientos años de vida republicana. Me cuesta trabajo creer que el Perú a causa de eso desaparezca. Me pongo en el otro plano y no sé qué pasará, creo que frente a la grave situación peruana, debe haber una toma de conciencia de los intelectuales porque los políticos han fracasado.

José Luis Ayala
Editor de Cultura

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