Transporte, Mercado y Estado

Entrevistar a un profesional de la talla de Luís Ramírez, es un reto para el comunicador, que está obligado a intentar estar en el nivel del tema tratado, hurgar en la relación entre el mercado y el Estado, vinculado con nuestro problema, el transporte terrestre público peruano.

| 28 octubre 2009 12:10 AM | Entrevista | 2.6k Lecturas
Transporte, Mercado y Estado
(1) Urge la intervención del Estado para proteger a los usuarios, dice el experto Luis Ramírez. (2) Evitar los accidentes, una misión fundamental (3) Ni mucho Estado, ni mucho mercado, a cada cual lo que corresponda.
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-¿El Mercado o el Estado?
-En los extremos no cabe discusión, es “dar al César lo que es del César”, Mercado, a las cosas del mercado y Estado, a las cosas del Estado. El problema es cuando nos quedamos en los extremos y aplicamos por dogma lo uno o lo otro, y esa paradoja recorre nuevamente Latinoamérica; y es que las reformas “pro mercado” en esta parte del mundo han generado muchas veces desencanto y frustración, como lo generaron las reformas “pro estado”, aplicadas en el Perú en los 70 y que ahora aplican otros países de la región; por ello, es pertinente enfocar lo que hay entre los extremos en este debate. Es muy latino movernos como un péndulo, pero cada oscilación es muy costosa y ese costo lo pagan los ciudadanos de a pie, no los políticos de la palestra y el aplauso.

Para enfocar el tema sin perdernos en el camino, tomaré como ejemplo el transporte interprovincial de pasajeros (TIP), cuyos problemas, como la informalidad y los accidentes, son conocidos por todos, pero no así las causas, que tienen mucho que ver con tu pregunta.

En la legislación que desreguló el sector en 1,992, es evidente la aplicación de la teoría neoliberal, que postula al mercado como la vía para alcanzar un mayor bienestar y desarrollo económico y eso es correcto, de manera general, pero no absoluta. En su expresión más pura esta teoría postula que toda intervención del Estado en la economía es indeseable e ineficiente en si misma, pues en condiciones de libre mercado, este alcanzará su propio equilibrio, que siempre será la opción mas eficiente para el interés prioritario de la sociedad. Preconiza el paradigma del mercado perfecto como sinónimo de eficiencia.

-El TIP ¿cumple con esos requisitos del mercado perfecto?
-Aparentemente, el TIP cumple con lo básico que teóricamente debe tener un mercado “perfecto”: Gran cantidad de demandantes y ofertantes, el producto es homogéneo, existe libre acceso al mercado, hay libre competencia y libre asignación de precios y hay razonable transparencia entre los competidores.

-¿La desregulación sirvió para que el transporte se haga más eficiente?
-No es el caso que la desregulación del TIP lo haya vuelto más eficiente. Si bien en el corto plazo se logró mayor oferta y menores tarifas, caímos en una trampa, porque en el mediano y largo plazo las condiciones negativas son muy graves y superan largamente los beneficios; sin embargo, son más importantes para políticas y políticos de corto plazo: La calidad del servicio mayoritariamente es pésima; la mayoría del parque vehicular es muy antiguo y sigue empeorando; la seguridad vial es de las peores del mundo, principalmente, como consecuencia de condiciones laborales paupérrimas para la gran mayoría de pilotos; es masiva la evasión de tributos, planillas, seguros y todo lo que se pueda; existen todo tipo de prácticas informales y las externalidades que paga la sociedad suman miles de millones al año.

-¿Pero cómo es posible que esa teoría que funciona en el mundo, no funcione en el TIP?
-Planteas una acuciante paradoja, aún no resuelta en las políticas de Estado en el Perú. ¿Será que un chaman impide que la “mano invisible” funcione en el TIP? A partir de la desregulación del sector, el Estado se retira porque entiende que no es su rol intervenir en el mercado, entonces dejó de cumplir otro fundamental, el de proteger la seguridad y la vida de millones de ciudadanos que utilizan los servicios del TIP, dejó la cautela de estos bienes públicos al mercado. No se entendió que el mercado requiere de la presencia del Estado, pero en otro rol, ya no el de proteger a las empresas, sino el de proteger al usuario, la parte débil de esta relación, y al hacer esto puede crear condiciones para que el mercado funcione con razonable eficiencia.

La falta de entendimiento y de políticas de Estado, que la Ley de Tránsporte y Transito Terrestre, no reconoce al transporte público de pasajeros como servicio público, pero por un Decreto de Urgencia si reconoció al transporte aéreo como tal.

-¿Que sucedió con el retiro del Estado en los años noventas?
-El retiro del Estado y el ajuste económico de inicios de los 90 impulsaron el ingreso masivo de personas atraídas por la ilusión de una ganancia rápida y la percepción errónea de un ingreso fácil. Son estos miles de ciudadanos quienes han protagonizado el crecimiento desproporcionado de la oferta en todos los tipos de transporte terrestre en el Perú, que fue el gran colchón social para el ajuste económico. Teóricamente, en condiciones de libre mercado debería funcionar mejor el sistema de transporte, pero este no es un mercado perfecto, (como nada en este mundo), tiene fallas y en el TIP se da una que se denomina “asimetría de información”.

-¿Que significa asimetría de información?
-La asimetría de información consiste en que el consumidor no puede percibir y por tanto valorar aspectos importantes del servicio que va a elegir y que, en este caso, tienen que ver con su propia seguridad, mientras que el proveedor del servicio sí lo conoce y manipula esta situación para evadir costos y obtener una ventaja ilícita en el mercado. Un ejemplo, de este fenómeno es lo que sucedió con CLAE en la década de los 80, cuando el público llevó masivamente sus ahorros atraído por elevadas por tasas de interés, pensando que estaba ahorrando, pero estaba “timbeando”, mientras Manrique y sus cómplices sabían que estaban sentados en una enorme pirámide, como las que se han derrumbado recientemente en Wall Streat.

En el TIP el público usuario en su estado natural (educación, cultura e idiosincrasia) valora el precio y en algunos casos la apariencia del bus, pero no podrá apreciar y valorar, aspectos sustantivos del producto (el servicio) que debe elegir, pues no puede saber si el piloto es profesional, si está en planilla o se cobra de la ruta y debe trabajar sin descanso; ni sabe si el piloto tiene evaluación médica y capacitación o al menos se la ha hecho el examen de alcoholemia.

Tampoco puede conocer si el bus es de la empresa o de un afiliado que no tiene como responder por las garantías del servicio, si el seguro está pagado, si el bus tiene mantenimiento técnico adecuado, ni si es un bus o un camión carrozado. etc. En esas condiciones debe tomar una decisión, “con la información que tiene”, (la apariencia y el precio) por ello su decisión es la más racional, pero adversa y tal como sucedió hace años con CLAE, el público asume un riesgo del cual es inconciente.

-¿Estamos ante una situación de abuso que genera ventajas a una de las partes?
-Lo antes descrito y la ausencia de Estado, generan las condiciones propicias para el abuso y la distorsión del mercado, dan ventaja al operador, para que se “tome un subsidio”, evadiendo condiciones de seguridad que el usuario no está en condiciones de percibir y valorar. El operador evade seguros, planillas, mantenimiento, tributos y todo lo que pueda darle ventaja en el mercado, aunque esto atente contra la seguridad y la propia vida del público.

Y como el mercado sí funciona, aunque con fallas, donde hay ventaja y libre competencia, pues hacia allí va la tendencia y por eso el mercado del TIP, como otros modos de transporte terrestre se ha dirigido hacia la informalidad. No es la maldición de un chamán, no es la culpa del ministro, del Congreso, de los transportistas, de los usuarios o de la empresa; es culpa de todos; pero el problema parte de la falta de entendimiento de cómo funcionan los mercados entre los extremos.

-Si el mercado tiene fallas, ¿qué se debe hacer?
-Está claro que el mercado tiene fallas y que de acuerdo a la teoría económica y al sentido común, ello exige la intervención del Estado para cautelar el bien supremo de la sociedad que es la seguridad y la propia vida de sus ciudadanos, (que en este caso suman unos 70 millones de viajes al año), avanzaremos (con los que quedan) hacia como debería ser esta forma de intervención:

1. Lo expuesto y otras consideraciones no justifican que el estado anteponga el interés de las empresas al de los usuarios, como para regresar en el túnel del tiempo a políticas que si bien no trajeron la catástrofe que vivimos en el Perú desde de los 90, tampoco fueron buenas.

2. La competencia estaba en el ministerio y no en el mercado, (donde debe estar).

3. A esta actividad debe poder entrar quien quiera, pero no de cualquier manera.

Ese es el rol del Estado, en un mercado que no sólo tiene fallas que impiden su funcionamiento eficiente, sino que implica graves externalidades en perjuicio de la sociedad, de las cuales la mayor, es la accidentalidad, que afecta el bien supremo de la sociedad y del Estado, la vida de sus ciudadanos. Entonces la paradoja cobra ribetes acuciantes: ¿para que sirve el Estado? ¿Para qué sirve el mercado?

-¿En el caso específico del TIP de pasajeros, cómo debería intervenir el Estado?
-El Estado está llamado a establecer y verificar las condiciones que el usuario no puede percibir y valorar por sí mismo y dar una garantía que los servicios a disposición del público, cumplen con requisitos mínimos, independientemente de qué empresa se trate. Como lo hace en la aviación comercial o en el sistema financiero. El Estado debería hacer que el operador asuma e interiorice esos conceptos “difusos” de seguridad y respeto a la vida y que, obviamente, interiorice los costos inherentes.

Que entre cualquiera, pero no de cualquier forma. Cumplir este rol, implica que el Estado previene que los términos de competencia no otorguen ventaja al evasor y, por tanto, fomente la evasión e informalidad generalizadas. Para hacer tortillas hay que romper huevos, con la reforma caímos en esas trampas de corto plazo, que haya cantidad de oferta, aunque sea en exceso, aunque se coman con los fierros su patrimonio, aunque se coman entre ellos; eso asegura precios bajos, aunque cueste vidas. O “el problema social” que no es el de los transportistas sino el de millones de usuarios que padecen el verdadero problema de un sistema de transporte caótico.


Urgente, una reforma

-El transporte terrestre público de pasajeros ¿necesita una reforma?
-Se cae de maduro que el transporte terrestre requiere una reforma de segunda generación, que mantenga los esquemas de competencia pero en un marco de regulación que le permita al Estado cumplir con su obligación de asegurar a los ciudadanos un Transporte Terrestre Público seguro y eficiente o cuanto menos decente.

Este ejemplo debe ser ilustrativo para recapacitar en que las opciones más eficientes para el desarrollo, no son cuestión de ideología, que el mercado o el Estado no son un fin en sí mismos, sino un medio para lograr la solución mas eficiente. La opción preferente del mercado como mecanismo económico que por naturaleza es más eficiente, no debe asumirse ideológicamente y se debe aplicar más mercado o más Estado según mejor convenga al interés de la sociedad y a los objetivos de su desarrollo, por ello no se entiende la incongruencia de “tolerancia cero”, por ejemplo, y a la “formalización” del transporte interprovincial en autos colectivos, con reglamento y todo, pero que no deben cumplir ninguno de los requisitos del transporte interprovincial; la permanencia de buses camión o buses transformados, que son lo mismo para la inseguridad, que exista una ley de detracciones tributarias hace mas de 3 años sin que se cumpla, porque han vencido varios plazos para el empadronamiento, pero siguen circulando más de mil buses omisos, etc.

-El transporte terrestre público ¿precisa de una política de Estado?
-Al César lo que es del César. Queda claro que el Estado tiene un rol y una responsabilidad que cumplir en el transporte terrestre; es evidente que se requiere de una política de estado para asumirlo y cumplirlo, pero no significa la negación del mercado sino su aprovechamiento para generar un desarrollo eficiente de la actividad, con más mercado o más estado, pero siempre con transparencia, capacidad y responsabilidad, y ¿porque no? con amor al país.

Carlos Noriega
Entrevista


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