Recuerdo de Robles Godoy

“Cada vez me acerco más a mi muerte” es el título premonitorio de esta entrevista al recientemente fallecido cineasta Armando Robles Godoy, publicada el año pasado en el número 5 de la revista Anubis y una de las últimas concedida por este gran valor de la cultura peruana.

Por Diario La Primera | 17 ago 2010 |    
Recuerdo de Robles Godoy
(1) Armando Robles Godoy nació en Nueva York el 7 de febrero de 1923 y vivió en Chosica, Perú, desde 1933. (2) Falleció el 10 de agosto de 2010 y sus restos fueron cremados.

–¿La vida puede ser más cinematográfica que el mismo cine?
–Creo que no, para mí la cinematografía es un producto de la cultura, es decir de la capacidad creativa del ser humano, mientras que la naturaleza es fruto de la creatividad divina, por decir algo místico. No creo que la realidad tenga más contacto que el hecho de que la creatividad humana modifica la naturaleza. Yo he inventado el neologismo culturaleza, es decir lo opuesto a la naturaleza, es la creación de las cosas que no existen y la modificación de las cosas que existen.

–En el Perú, el problema de la cultura es histórico.
–Hay una especie de tendencia a culturizar con exclusividad la cultura patrimonial, olvidándose que la cultura patrimonial es el resultado de la cultura creativa del pasado, mientras que la cultura creativa del presente, que es la que estamos viviendo todos, es la cultura patrimonial del futuro. En el Perú las autoridades, inclusive los estudiosos y hasta los filósofos, se han concentrado en Machu Picchu, en las ruinas de Sacsayhuamán, en las Líneas de Nazca y en todo lo que es cultura patrimonial, y la cultura creativa, que es precisamente la madre de la cultura patrimonial, está por los suelos y a nadie le interesa. Háblales a las autoridades de cultura creativa y comienzan a temblar.

–¿Por qué esa falta de interés por la cultura?
–Cuando yo escribía en El Comercio dije que existía una cobardía cultural, el nivel cultural nuestro, por una serie de razones, no es algo innato en el peruano, hay muchos factores que contribuyen a esto, tenemos un nivel cultural muy bajo. Cuando mencionamos cultura es tierra de nadie, no saben de qué estás hablando. Esto no crea miedo, porque el miedo no es malo. El miedo es un estado emocional positivo para la defensa de uno, lo malo es la cobardía. La cobardía no tiene ninguna excusa, y se produce eso que yo llamo cobardía cultural. Has visto como, a veces, a las autoridades les da una especie de “fiebre cultural” y quieren hacer cosas, pero fijando límites a la cultura. Inclusive en los periódicos que tienen una página cultural, cuando aparece un aviso publicitario la primera página que quitan no es la de los deportes sino la página cultural.

–¿Para usted la especie humana esta condenada a la autodestrucción?
–No sé si será autodestrucción; pero para mí la especie humana ya mancó, como especie humana me parece que ya ha avanzado demasiado hacia la destrucción del planeta. La Tierra, a mi modo de ver las cosas, es un ser vivo, no es una piedra que va dando vueltas por el universo en el que vivimos, además en el universo somos un grano de arena, es nuestro hábitat, y como todo ser vivo se defiende. Además tenemos la explosión demográfica, una vez que esta excesiva población del planeta Tierra - porque para mi eso de crecer y multiplicaos es una sentencia de muerte- reciba una respuesta planetaria desaparecemos como los dinosaurios.

Ahora yo creo que la misma especie humana puede llegar a estupidizarse, a tal extremo, que su creatividad que es increíble, por que somos de una creatividad maravillosa, logre un dominio de fuerzas que acaben con el globo terrestre, como cuando Hitler vio la guerra perdida y dio la orden que destruyeran París y murieran Sansón y sus Filisteos, no sería raro que pase eso y volemos con el mundo.

–Volviendo un poco al tema de la muerte y lo finitivo, recuerdo la película “Mar Adentro” y la decisión de la eutanasia. El cine, de alguna manera, fue aliado de la propuesta de una muerte asistida, no obstante sabemos que no está de acuerdo por el dolor que encierra todo esto.
–Si, pero no en función de que yo me oponga a la eutanasia, sino a ver a la eutanasia relacionada como un final terrible. Como dice el significado etimológico eutanasia es la buena muerte y yo la veo con un sentido filosófico no como algo vinculado al mal. Un proceso ante la enfermedad y el sufrimiento de la persona, donde es mejor la muerte y punto. Pero en ese ámbito de sufrimiento y dolor también juega un papel la religión con su expiación de no sé que cosa, no sé que cosa es lo que estamos expiando, yo no he hecho nada para que me boten del paraíso.

–Al orgasmo le llamaban la pequeña muerte ¿Qué significado tiene para usted esta definición?
–Maravillosa, porque es precisamente la asociación del máximo placer sexual con otro máximo placer que es la muerte, o sea convertir la maximidad del placer de morir con el placer orgásmico erótico (no me gusta llamarlo sexual, sino erótico), y esa asociación, inclusive, se traduce en el idioma erótico de la especie humana. La expresión morir está asociada con el máximo clímax erótico que puede haber, por ejemplo, cuando decimos me muero de amor. Yo soy adicto al placer de manera que tengo la convicción de que la muerte es tan placentera como la vida, o quizá más. Podríamos decir que la muerte es el orgasmo de la vida.

–Hace 50 años escribió Veinte casas en el cielo, reeditada actualmente, en esa novela hay un personaje llamado el viejo Pedro quien hace una reflexión acerca del rostro de su padre muerto…
–No tengo la menor idea de lo que estaba pensando y sintiendo cuando escribí eso. Para mi “Veinte casas en el cielo” es una experiencia literaria muy extraña porque la escribí hace 50 años y en esa época era vecino de Manuel Scorza, quien en esa oportunidad me tocó la puerta para preguntarme si había escrito algo. Le entregué la novela y la editó en la serie Populibros. Cincuenta años después, mi hija hizo el mismo papel de Scorza, porque le había gustado mucho la novela y me animó a hacer una segunda edición. Es la misma novela, pero con muchos cambios. En mi novela he mantenido las fechas y no he modificado para nada la estructura. Soy un espasmódico del final, cualquier cosa ya sea una película, una novela, un cuento o un poema, el final para mi es la muerte.

–Lugones decía: “Siendo el hombre dueño de su vida, lo es también de su muerte”, lo dijo veinte años antes de suicidarse ¿El ser humano puede planificar durante años su muerte como si fuera el desenlace de una película?”
–No porque el desenlace de una película puede ser desastroso. Tengo la impresión de que cualquier fenómeno creativo, cuando los trabajos son de largo aliento como escribir una novela o hacer una película, el autor llega cansado. Cuando descubrí la importancia de los finales lo traté de aplicar en todo lo que hacía, al extremo que no estoy contento cuando tengo un proyecto de una película , de un cuento o de una novela hasta tener dos cosas que para mí son fundamentales: el título y el fin. Eso, aplicado a la muerte de uno es exactamente lo mismo; no sé como será ese fin, sé cómo quiero que sea porque ya lo descubrÑ Ahora el destino es tan jodido que de repente, hay una figura que la digo y es muy exagerada, estoy caminando por las líneas de Nazca y me cae un piano de cola en la cabeza.

–Arguedas en el Zorro de Arriba y el Zorro de Abajo decía: “Soy cobarde para el dolor físico y seguramente para sentir la muerte”, sin embargo pensó en suicidarse de diversas maneras, tomando píldoras, ahorcándose, hasta que consiguió un revolver y se mató.
–Detesto asociar como compañeros inseparables e indispensables mutuamente el dolor y la muerte. No sé lo que sentiría en el momento que decido morir. Estoy en una etapa en que cada vez me acerco más a mi muerte, lo sé y lo quiero; pero no sé que sentiré dentro de un año, dentro de un mes o mañana. Lo que me produce placer imaginar ahora, de repente en ese momento no me produce ninguna sensación. A la muerte no le tengo miedo, pero sí al horror de la agonía, que para mi estupidiza. Morir en agonía es morir como un imbécil, como un animal salvaje; retorciéndote como un gusano, eso es ridículo, hay que ser masoquista para morir asÑ Entonces en ese sentido no sé como me gustaría morir.

–¿Los suicidas pueden ser cobardes ante la vida y valientes ante la muerte?
–El suicidio puede ser un suicidio de cobardía, también puede haber un suicidio de amor, se puede morir el ser querido y te suicidas detrás de él. Existe un suicidio de valor, es decir de la persona que piensa que es importante que el ser humano tenga no solamente el derecho de vivir, sino el derecho de morir. Si no hay muerte no hay vida, imagínate que un día Jehová se despierta mal humorado y elimina la muerte, nos jodimos, imagínate una humanidad que no muere, entonces la muerte es una condición de la vida y viceversa.

El suicidio tiene otra característica que me gusta mucho y es que en esta especie de contienda entre agnósticos y ateos, donde teóricamente lo opuesto no existe, porque se supone que no hay Dios, a mi me gusta imaginar que hay Dios porque yo necesito un poco de Dios para divertirme y entonces en lo único que superamos a los dioses es que ellos no pueden suicidarse, yo puedo suicidarme, Jehová no. Ningún dios se suicida es un derecho que ellos no tienen.

–Usted ha dicho que quiere descubrir el placer de morir; pero estamos acostumbrados a relacionar la muerte con el dolor.
–Estamos acostumbrados a buscar la salvación eterna con el dolor, somos tanáticos y somos también masoquistas; reniego completamente de todo eso. El dolor, la pobreza y todo aquello que está relacionado con el sufrimiento lo único que logra es bestializar al ser humano, estupidizándolo poco a poco; mientras mayor es la pobreza y el sufrimiento más se bestializa. Han convertido el dolor como una especie de mecanismo para evolucionar hacia una vida eterna.


Iván Sánchez Herrera
Revista Anubis

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