Literatura cumbia

Como escritor y comentarista deportivo de ESPN, Washington Cucurto es provocador. Sus textos tienden a romper esquemas, a recoger ese lenguaje y pensamiento de la calle y a transgredir el lugar común.

| 23 agosto 2011 12:08 AM | Entrevista | 1.9k Lecturas
Literatura cumbia
Washington Cucurto, seudónimo de Santiago Vega, es un personaje que confunde en sí mismo, a propósito, la realidad con la ficción.

Más datos

“Borges aparecía también en muchos de sus propios cuentos. Hacía reportajes (entrevistas) donde se reía de todo el mundo; era muy irónico… Él sabía que era un personaje, y el viejo de burlaba de todo… nombraba autores desconocidos… Se burlaba de Perón, de muchas cosas, de Roberto Arlt. Decía que Arlt no sabía escribir, que tenía que ir al colegio. Y cuando escribía, se reía de nosotros”.
1969

Una de sus bromas serias es habernos hecho creer que se llama Washington Cucurto; otra, haber hecho de éste un personaje que, incluso, aparece en los relatos que escribe. Cucurto es quien escribe, pero también quien aparece en la ficción, y quien firma los comentarios deportivos.

Su último libro, “El rey de la cumbia”, lo trajo a Lima, donde tuvieron buena acogida sus artículos sobre la última Copa América; sobre todo “Chiroque cambiará el mundo”, donde se lee: “¡Viva William Chiroque, que es distinto, que nos demuestra con su manera de jugar simpática que el fútbol no está muerto en su lucha contra los robots del fútbol moderno!”.

—Fue un gesto bastante provocador hablar así del jugador peruano.
—Es que Chiroque jugó una Copa bárbara. Hasta el Manchester lo quiere.

Cucurto abusa de la credulidad de quienes lo leen y de quienes creen todo lo que leen.


Seudónimo provocador

Han pasado muchos años desde que Santiago Vega (Quilmes, 1973) decidió asumir el seudónimo de Washington Cucurto y volverse una figura del mundano mundo de las letras y el fútbol.

—¿Por qué eligió el nombre de Washington Cucurto?
—Yo usaba “curto” para decir “no curto ese baile”, “no curto ese camino”, y una vez se me trabó la lengua y dije “yo no cucurto…” y así fue. Y lo de Washington, porque era el más morocho de un grupo de blancos. Y como en Uruguay (donde residía entonces) le dicen a los negros “negros de Washington”, “negros de…” algún otro lugar… Pero Washington es lo más común, y me lo puse.


Cronista deportivo

—Dijo que Argentina tuvo lo suyo, pero Uruguay era mejor en la Copa América.
—Es la crónica por la cual más me insultaron. Escribir para el hincha es tirarle margaritas a los chanchos. Son muy fanáticos y no entienden que el fútbol no solo es ganar.

—Habló también de los robots del fútbol moderno.
—El gran robot del mundo es el superprofesionalismo, que convierte a las personas en objetos incapaces de discernir, de pensar, de buscar alternativas. Sucede donde hay una idea central, donde hay una autoridad que es incuestionable, en todos lados, no solo en el fútbol.

—El futbolista tiene que ser creador.
—Tiene que ser, digamos, un rebelde de alguna forma. Un futbolista, hoy en el mundo es un gran actor social. Imagínate: Messi podría hacer una revolución en cualquier país del mundo; sin embargo, los futbolistas están acostumbrado al sistema, a la vida que llevan; en vez de ser protagonistas, son herramientas de un poder. Messi podría ser un gran altruista social, ayudar a la gente, pero, bueno, prefiere jugar en el Barcelona, ganar 100 mil millones de euros, y no se da cuenta de que el fútbol puede ser una herramienta para algo mejor. Maradona, creo, era el representante de... ¡Maradona es un animal político

—Ha escrito que la poesía se encuentra en el fútbol, y también en las caderas de una mujer.
—No solamente está relacionado con la belleza, lo emocional. La poesía puede aparecer en cualquier lado, en tu casa, jugando al fútbol, en el trabajo; no es algo propio de la literatura o de las artes. De hecho, hay muchos poemas sin poesía.


Personaje literario
Es un escritor “underground”, él mismo construye su propio “establishment” literario con una prosa que sonroja, emociona, conmueve, repulsa y entretiene. Libros como el poemario “La máquina de hacer paraguayitos” o los dos relatos que conforman “Cosa de negros”, y también “Hasta quitarle Panamá a los yanquis”, lo mostraron al mundo como es: le gusta jugar cuando escribe, innovar, provocar, nunca llegar al lugar común, hablar sobre los personajes “centrales” (como él mismo lo llama) que son los inmigrantes que buscan un suelo más amable que el propio. El lugar común de Washington Cucurto es el lugar que no conoces.

—Washington Cucurto es también personaje de los libros que él mismo escribe —dice Washington Cucurto—. El protagonista de esa Buenos Aires poco difundida, de esas palabras raras y, bueno, es el que también escribe los libros, el que habla las cosas de fútbol; un personaje desfachatado, si se quiere. Muy atolondrado, muy que va al frente, va al choque y a veces no piensa mucho; más con la vitalidad que con el pensamiento mismo. Muestra su visión del mundo, una visión un poco torcida.

—A veces machista.
—Y violento, también. Grotesco.

—Santiago Vega no es así.
—No, yo soy una persona muy tranquila.

En apariencia, es una persona tranquila. No lanza las lisuras que sus personajes sueltan en sus libros. Contrasta con el protagonista del relato “El rey de la cumbia”, cuento del libro homónimo editado por Estruendomudo; el hombre que escucha y baila cumbia, vive a ese ritmo y delira por las protuberancias femeninas y los líquidos del cuerpo que exuda la calle. Su personaje es sexualmente liberal y ve en el ritmo cumbiambero la forma de moverse en la vida. Y sin embargo, el Cucurto que uno puede conocer en la realidad es algo más tranquilo: viste zapatos casuales, un “jean” medio gastado, una chaqueta y libros en la mano; parece un universitario clasemediero sobredesarrollado hacia arriba y hacia los lados, despreocupado luego de haber dado un regular examen.

—¿Es cierto que usted, cuyo último libro es “El rey de la cumbia” no baila cumbia?
—No es cierto. Yo sí soy bailarín de cumbia. Le dije que no a una periodista de algún momento. Para mí, el reportaje (la entrevista) es una ficción: miento, engaño. Depende del día. Para mí, el reportaje es otra faceta más; como escribir una nota, escribir un libro. No tengo un reportaje sincero y abierto, simplemente lo voy manejando en base a mis estados de ánimo.


El juego de escribir y opinar
Sus frases efectistas lo han convertido en ese personaje al que hay que corregir. Bromea continuamente, juega con su interlocutor en una entrevista o con los lectores en sus libros o artículos.

—En “El rey de la cumbia”, una mujer selvática dice “Es increíble cómo España captó a nuestros escritores y los convirtió en pavos reales del pensamiento europeo”.
—Sería la mujer de algún guerrillero, como Tiro Fijo. Es la voz de un personaje. Ese es un cuento un poco distinto de lo que hago actualmente; tiene un tono distinto.

—“Vargas Llosa es lo peor que le pasó al Perú, él y Fujimori”. ¿Piensa usted igual?
—Todos me preguntan eso. En realidad, no importa lo que yo pienso. Lo que piensa el autor no me interesa. A mí me interesa lo que dice el personaje. Pero la gente tiende a confundirme.

—Es lógico porque sus personajes se parecen bastante a usted e incluso son el Washington Cucurto que usted ha inventado en la realidad.
—Es verdad. Yo ayudo a esa confusión. No trato de aclararla. Es como un juego.


La biografía de Ramón Valdés
Es fundador de la editorial Eloísa Cartonera, que utiliza cartones, material reciclado, para la edición de libros. Tiene uno de ellos en la mano, de su autoría, con el título “Poeta en Nueva York”. Ha escrito un poemario homónimo de la obra de Federico García Lorca, a quien admira.

Pero de García Lorca pasa a “El Chavo del Ocho” con total facilidad. Hace tiempo anunció que deseaba hacer una biografía de Ramón Valdés, quien encarna al personaje Don Ramón en la serie. Podría ser una exageración, pero no para Cucurto, un escritor-personaje exagerado que aprecia lo popular

—¿Qué desea explorar de él? ¿Por qué es importante?
—Me interesa. Estoy inspirado en él. Es un personaje popular. Los personajes populares me interesan mucho. En “El Chavo del Ocho” todos están muy bien caracterizados. ¡Tendríamos que darle el Nobel de Literatura! (a Roberto Gómez Bolaños). Son grandes “sketches” con grandes guiones, y mucha cosa pensada, todo elaborado; pura risa, mucho chiste… La biografía es un proyecto parado durante años. Me parece que se lo merece porque ha hecho reír a generaciones enteras. Y me parece que es valioso revalorizar lo popular, lo sencillo, el habla cotidiana…

—Es un exceso hacerle una biografía.
—No lo creo. ¿Vos sabés que cuando se murió Don Ramón estaba aferrada al cajón la Bruja del 71 y no paraba de llorar? Doña Clotilde, su amor imposible…


Borges, realista atolondrado
El nombre de “realismo atolondrado”, ¿acuñado por él mismo?, podría resumir su “literatura”. Y también su postura como escritor de ficciones, poemas y artículos periodísticos que destilan frescura: frescura por lo desfachatado de sus pensamientos y frescura por esa renovación del lenguaje escrito tomado del habla popular, una involución de la gramática para los puristas y ‘lectores serios’.

—Se habla de su prosa como la de un “realismo atolondrado”; pero esta designación parece escrita y pensada por Washington Cucurto.
—Sí, me agarraste, fui yo. Todo es como un juego, ¿no? De pronto se me presenta esta posibilidad de que me empiecen a decir Cucurto en Argentina. Yo tomé conciencia y empecé ese personaje dominicano, Cucurto, de un país desconocido para los argentinos, un inmigrante. Y me parecía muy interesante que se burlara de la clase media argentina. Es como una burla al sistema. Así se construyó el personaje: también es un escritor, es un bailantero, pero es también un muchacho que trabaja en un supermercado…

—Pero que ahora escribe para ESPN. Uno no sabe en qué momento la ficción abarca la realidad.
—Como Borges. Borges era como Cucurto. Borges aparecía también en muchos de sus propios cuentos. Hacía reportajes (entrevistas) donde se reía de todo el mundo; era muy irónico… Él sabía que era un personaje, y el viejo de burlaba de todo… nombraba autores desconocidos… Se burlaba de Perón, de muchas cosas, de Roberto Arlt. Decía que Arlt no sabía escribir, que tenía que ir al colegio. Y cuando escribía, se reía de nosotros.

Quien lo escuchara no lo podría creer. Acaba de comparar su prosa con la de Borges. Cucurto compara a Cucurto con Borges. Habla de un cuento de Borges que inicia con una broma: “Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche…”. Es el cuento “Las ruinas circulares”. “Era un bromista serio —dice, creíblemente—. Era un bromista fino”.

—Jugaba con nosotros. César Hildebrandt le dijo alguna vez si le tomaría a él también el pelo como a otros periodistas, ya que era una broma decir que quería ser olvidado. Nadie escribe para ser olvidado. ¿O sí?
—No, no creo; Borges era muy gracioso. Pero es que es muy evidente. El cuento de los hermanos que se pelean por una mujer y, al final, la matan los dos a ella es una ironía. “La intrusa” es una cosa ultraviolenta contra las mujeres. De repente Borges le escribió ese cuento a una mina que no pudo coger.

Otra broma seria de Cucurto. En otra voz sería imperdonable lo que acaba de decir, pero en Cucurto todo es cumbia.


Marco Fernández

¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.


En este artículo: | | | | |


...
Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital

Colaborador 1937 LPD