“La crisis del fútbol es terminal”

Aldo Panfichi, sociólogo, catedrático de la Universidad Católica, estudioso del fútbol peruano y autor del libro Ese gol existe. Una mirada a través del fútbol, analiza la crítica situación del fútbol peruano. Clubes débiles y con una organización caudillista, una grave crisis dirigencial, la violencia de las barras bravas y resultados deportivos que nos colocan en el sótano de Sudamérica, marcan esta grave crisis de nuestro fútbol. Estos temas, y la posible privatización de los clubes de fútbol, son abordados por Panfichi, hincha acérrimo de Alianza Lima, en la siguiente entrevista.

| 09 noviembre 2009 12:11 AM | Entrevista | 3k Lecturas
Aldo Panfichi
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-¿Estamos ante una crisis terminal del fútbol peruano, con pésimos resultados deportivos y clubes con grandes deudas y al borde de la bancarrota, o hundidos en una guerra interna por el poder, como es el caso de Universitario y Alianza Lima, los dos más importantes del país?
-Me parece que si, que estamos en un momento terminal. En términos de resultados estamos últimos en Sudamérica. En lo institucional, la crisis es todavía peor. Los clubes de fútbol son institucionalmente muy frágiles. Tenemos clubes que crónicamente han incumplido sus obligaciones básicas, como pagar impuestos, tener un sistema de transparencia y rendición de cuentas claro. Una organización improvisada, precaria y arcaica, como la que tienen los clubes de fútbol, no puede llevarnos a tener éxitos deportivos.

-¿Los clubes, que deberían ser un espacio de la sociedad civil, han sido capturados por caudillos que actúan como dictadores?
-Los clubes de fútbol, en lugar de ser espacios de construcción de prácticas y hábitos democráticos, se han convertido en botines de pequeños grupos que se disputan su control. La idea de clubes surge en Inglaterra cuando nace el capitalismo como sistema económico y la democracia como sistema político, como un espacio democrático igualitario entre gente de distintos sectores sociales unidos por una pasión deportiva. Los clubes fueron la base sobre la que se construyó la cultura democrática inglesa. Cuando la idea del club se trasladó al Perú, que no era una sociedad industrial ni capitalista, se mezcló con la cultura de la hacienda. Por eso, los clubes de fútbol no se convirtieron en un espacio democrático, de respeto a la opinión colectiva, y han sido manejados como una hacienda, con dirigentes que piensan que pueden hacer lo que quieran sin darle cuentas a nadie, que tienen un estilo personalista, caudillista y de hacienda pre reforma agraria

-Ese manejo gamonal de un club no es nuevo, pero antes se conseguían resultados deportivos relativamente buenos.
-Es cierto, el fútbol siempre se manejó así, como una hacienda, con la diferencia que antes había padrinos con plata y hoy tenemos padrinos sin dinero, caudillos oportunistas que buscan utilizar los clubes para hacerse conocidos y hacer carrera política o económica. El fútbol mundial ha cambiado, se ha profesionalizado y se ha vuelto un negocio, una industria, pero nosotros seguimos como en el viejo artesanado.

-¿El deterioro de la dirigencia deportiva ha ido paralelo al deterioro de la clase política?
-El deterioro de la dirigencia deportiva es peor que el de la clase política. En la política hemos vivido años de descreimiento de los partidos políticos, pero luego la descentralización y la regionalización han generado, para bien o para mal, el surgimiento de nuevas alternativas políticas desde las provincias. En el fútbol no ha ocurrido nada de eso.

-¿El fútbol es un enclave conservador que se resiste al cambio?
El Perú se ha transformado en distintos ámbitos, pero el fútbol se mantiene igual. El fútbol profesional es el último refugio de la cultura más tradicional y arcaica de la sociedad peruana. Y ahí convergen los aventureros que quieren vivir del fútbol. Esta forma de organización se ha agotado, no porque las asociaciones sean malas, sino porque han sido capturadas por esquemas presidencialistas.

-¿Privatizar los clubes, convirtiéndolos en Sociedades Anónimas, como se propone en un proyecto de ley presentado hace unos días, es la solución a la crisis del fútbol?
-El hecho de que estemos en una situación crítica y desesperada hace que la gente trate de aferrarse a la ilusión de que con esta medida vamos a salir de la crisis. La propuesta de ley es positiva en la medida que abre un espacio de deliberación y discusión sobre las formas de institucionalidad que debe adquirir la práctica del fútbol profesional y dejar de lado algo que ha colapsado…

-Pero este proyecto de ley, antes que abrir una discusión sobre distintas formas de institucionalidad, lo que busca es convertir los clubes de fútbol en Sociedades Anónimas.
-La ley, efectivamente, es bastante compulsatoria, porque si bien no anula otras formas de organización, como las asociaciones civiles, sí da una serie de beneficios a quienes se conviertan en Sociedades Anónimas, con lo que está marcando la ruta a seguir. Debe haber un amplio debate público sobre las distintas formas de organización deportiva que existen.

-¿Antes de pensar en privatizar los clubes de fútbol, no habría que pensar en crear mecanismos para que los clubes funcionen como el espacio social y democrático que deberían ser?
-Eso es lo que debería ser, pero es poco viable. Yo tengo una visión muy pesimista sobre la posibilidad de cambiar los clubes.

-¿Convertir los clubes de fútbol en Sociedades Anónimas no es un retroceso social al privatizar un espacio público de la sociedad civil?
-Teóricamente sí, pero en la realidad no, porque los clubes peruanos nunca han funcionado como espacios de la sociedad civil. Aunque conceptualmente, efectivamente se esté privatizando un espacio de la sociedad civil, es muy difícil defender a los clubes, porque no cumplen su rol de sociedad civil.

-¿El fracaso de los clubes de fútbol es un fracaso de la sociedad civil?
-Si, y es una reducción del espacio de la sociedad civil.

-¿Qué efecto social puede producir la privatización de clubes como la U y Alianza?
-Eso va a ser lo más duro de vender y de tragar. La afición deportiva está basada en un radicalismo emocional, entonces se van a decir cosas como “mi corazón no se vende”, “un sentimiento no se vende”. Las identidades deportivas pertenecen a miles o millones, y que esa identidad tenga un dueño es un tema complicado. Algunos dirigentes, que perderían el control de los clubes, van a tratar de manipular a las barras, a la opinión pública, para oponerse a la privatización.

-¿La grave crisis del fútbol puede hacer que la hinchada acepte una privatización de sus clubes que en otras circunstancias rechazaría?
-Esta propuesta de ley se da en un contexto bastante favorable para su aprobación, porque la gente está harta y está buscando una luz, una salida. Ese hartazgo y pérdida de confianza en el futuro del fútbol peruano tal como está, puede hacer que la gente acepte una ley que hace dos años habría sido inaceptable. La opinión pública está altamente sensibilizada para una salida rápida.

-¿Apoya la transformación de los clubes de fútbol en Sociedades Anónimas?
-Yo estaría por la idea de un accionariado difundido, en el que los propietarios de un club no sean pocas personas, sino miles de inversionistas pequeños que puedan comprar acciones en la Bolsa, en una especie de capitalismo popular.


“La dirigencia le debe mucho a las barras bravas”

-¿Las barras bravas son instrumentalizadas por los dirigentes para consolidar su poder?
-Esa instrumentalización se da con las entradas y favores que la dirigencia le da a la cúpula de la barra, a la que los dirigentes usan como guardia pretoriana. Hay una economía que se genera en las barras con la venta de las entradas que reciben, las banderolas con publicidad. La dirigencia le debe mucho a las barras bravas. Por eso es que a los dirigentes no les interesa cumplir con la carnetización de las barras...

-¿La carnetización está destinada al fracaso?
-No creo que los dirigentes cumplan, porque los líderes de la barra se oponen a la carnetización porque tienen problemas policiales y no quieren ser identificados. La dirigencia no tiene voluntad de solucionar el problema de las barras, porque las utiliza para fortalecer su poder y además les tiene miedo.

-¿Los dirigentes necesitan a las barras para gobernar los clubes?
-Las dirigencias tienen compromisos con las barras para gobernar. En el caso de Alianza, ahora Alarcón le debe todo a la barra, porque pudo sacar a los otros dirigentes del local del club con el apoyo de la barra, que sirvió como fuerza de choque. Alarcón vive de ese apoyo de la barra, sobre todo ahora que está cuestionado.

-¿No cree, entonces, que se logre disminuir la violencia de las barras bravas?
-No creo que la violencia disminuya; lo que va a pretender es un maquillaje.

-¿El fútbol es un generador de violencia a través de las barras bravas, o esa violencia es producto de la marginalidad social y económica, y encuentra en el fútbol una excusa para expresarse?
-Es una violencia social extendida. El gran problema de esta violencia es un sistema político y económico que produce jóvenes excluidos de la posibilidad de incorporarse, vía educación o trabajo, a la dinámica de reproducción económica. Los jóvenes que quedan fuera son los protagonistas de esta violencia, que es el resultado de un sistema económico que crece pero produce exclusión. El fútbol no produce la violencia, el fútbol crea el espacio de masas para que esa violencia se exprese, pero la violencia no solamente está en el fútbol.

-¿Cómo solucionar el problema de las barras bravas?
-La solución es múltiple. Se debe recuperar la autoridad en la calle para poner orden, pero al mismo tiempo hay que darles a estos jóvenes habilidades ocupacionales, posibilidades, fortalecimiento sicológico, prevención de drogas. No se les puede dar solamente palo, porque te responden con piedras.


“Guillermo Alarcón es un tránsfuga”

-¿Como socio de Alianza, qué autocrítica hace de la responsabilidad que tienen los socios del club por permitir que se encuentre en la crítica situación dirigencial por la que atraviesa?
-Los socios tenemos una enorme responsabilidad, pero es una situación muy difícil, porque para entrar hay que estar dispuesto a pelear con gente mafiosa. Todos los socios de Alianza somos culpables de lo que está pasando y tenemos que hacer una autocrítica muy grande. Somos cómplices.

-¿Se justifican los cargos contra el presidente de Alianza, Guillermo Alarcón, de manejar el club como un dictador y no rendir cuentas de los ingresos del club?
-Se justifican totalmente. Hubo una irresponsabilidad cuando Claux, luego de ser bloqueado para postular a la presidencia de Alianza, puso como candidato a Alarcón, que tiene un enorme récord de cuestionamientos por sus deudas en Infocorp, por la forma como salió del Banco de Materiales, por la venta de Collique. Alarcón fue personero de Franco en la primera elección y lo abandonó cuando Claux lo llamó para ser candidato a la presidencia. Alarcón tiene una concepción de liderazgo personalista, caudillista, y la gente que entró con él en la dirigencia tenía una idea de manejo corporativo del club. Lo que ha habido es un choque entre estas dos concepciones de cómo debe manejarse el fútbol.

-¿Hay un manejo corrupto en Alianza?
-Es difícil afirmar eso, pero hay un manejo oscuro, no hay transparencia. Alarcón no informa sobre el destino del dinero del pase de Jefferson Farfán, que es de un millón y medio de dólares; ni sobre el dinero del contrato con Telefónica, que fue un contrato cuestionado, firmado por “Cuchi” Souza Ferreyra poco antes de dejar la presidencia del club en el contexto en el que otra empresa, DirecTV, ofrecía más dinero. Alarcón queria investigar ese contrato, pero no lo hizo. Que Alarcón se niegue a rendir cuentas del manejo del dinero del club genera sospechas, sobre todo si es una persona que tiene deudas con Infocorp, no tiene trabajo conocido, ha estado metido en varios escándalos, tiene la casa embargada.

-¿Alarcón es un tránsfuga?
Definitivamente que sÑ Se ha cambiado de bando y ahora los que perdieron las elecciones están en el poder con Alarcón.

-¿Qué salida puede tener esta guerra dirigencial?
-Debe haber una tregua hasta que termine el campeonato, porque falta muy poco, y después de eso debe haber una Asamblea para resolver este tema.

Entrevista: Carlos Noriega


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