Hay que defender la industria textil nacional

Enrique Falcone, presidente del Comité Textil de la Sociedad Nacional de Industrias (SNI), advierte del riesgo que corre la cadena textil peruana debido a la importación de hilados a precios artificiales de la India. Según Falcone, hemos perdido mercado y podríamos pasar de industriales textiles a simples maquileros.

| 15 marzo 2012 12:03 AM | Entrevista | 7.7k Lecturas
Hay que defender la industria textil nacional
LA PALABRA DEL COMITÉ

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Enrique Falcone, presidente del Comité Textil SIN afirma que por cada tonelada de hilo de algodón de la India que entra al Perú se deja de sembrar una hectárea de algodón, es decir, en un año tenemos 40 mil hás. menos.

“La única forma de afrontar estos problemas es que el gobierno tome una decisión de Estado para que al Perú no ingresen más mercancías con precios artificiales o por debajo de su costo real y se castigue ejemplarmente a testaferros, subvaluadores y estafadores.”
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–¿Cómo se compone la cadena textil peruana?
–Además de las confecciones, eslabón que lidera la cadena, en el sector están involucradas actividades indispensables para la industria, como la producción de algodón, la producción de lana y pelos finos del sector agropecuario y la de fibras manufacturadas sintéticas y/o artificiales en el sector químico, los cuales son fundamentales en el desarrollo de la cadena.

–¿Cuántos trabajadores dependen de esta cadena?
–Unos 400 mil trabajadores directos, pero dependen alrededor de 1.5 millones de familias. Genera anualmente más de US$ 2 mil millones en divisas y alberga a miles de pequeñas y microempresas. Es la generadora de valor agregado y de empleo formal por excelencia. Con el agro y las confecciones forman una cadena de valor promisoria, solo comparable con la gastronomía.

–¿En qué medida la importación de hilados de la india y prendas de China ponen en riesgo la cadena textil y los empleos? ¿Han recibido quejas de empresarios dedicados al hilado, el tejido, el tinte, y/o las confecciones?
–En efecto, la importación de hilados de la India a precios artificiales o por debajo de su costo real, pone en grave riesgo a toda la cadena, pues si se cae la producción hilandera, se caen seguidamente los algodoneros, y luego los confeccionistas, especialmente los exportadores que no tendrán quién les abastezca de hilados nacionales para cumplir con las normas de origen de los principales TLC. Pasaríamos de industriales textiles a simples maquileros, es decir, perderíamos nuestra principal ventaja competitiva que es la fibra nacional.

–¿Nos puede dar detalles sobre el impacto en la producción nacional de algodón?
–Por cada tonelada de hilo de algodón de la India que entra al Perú se deja de sembrar una hectárea de algodón, es decir, en un año tenemos 40 mil hás. menos. Si bien hoy tenemos una industria textil y de confección competitiva y con alto potencial, ese potencial no se desarrolla al 100 por ciento por la competencia desleal de las importaciones de China e India, con cuyos costos subsidiados es imposible competir.



–¿Y cómo se refleja esto en la producción nacional de hilo?
–En los últimos tres años se ha importado de 25,000 a 30,000 TM de hilo de algodón de la India anuales, que equivale a la producción de unas 8 a 10 hilanderías nuevas (con un promedio de producción de 3,000 a 4,000 TM por año c/u). Es decir, todo ese mercado ha sido arrebatado a nuestra industria por la competencia desleal de la India.

–¿Desde cuándo se viene produciendo esto y qué respuesta han dado las autoridades?
–Desde el 2007 el fenómeno se ha intensificado, pero las autoridades de turno optaron por hacerse de la vista gorda desconociendo un informe favorable del Indecopi, lo que a la larga ha costado el cierre de importantes empresas hilanderas. Por más competitiva que sea nuestra industria hilandera, nunca podrá competir contra un país y una política de Estado, como es el caso de la India que subvenciona a sus agricultores y a su industria, ellos ayudan mediante subsidios encubiertos a que su industria hilandera y en general textil siga creciendo y se presta para ese descalabro internacional. En términos reales, hemos perdido mercado.



–¿Qué medidas se pueden tomar para proteger nuestra industria, si tenemos en cuenta la experiencia de otros países de la región como Brasil y México; y también que no tenemos TLC con India y que con China los textiles han quedado excluidos del TLC?
–Yo no le llamaría proteger, no estamos de acuerdo con ese término, lo correcto es defender, nosotros necesitamos que el Estado no deje de cumplir su función de defender a la industria frente a la competencia desleal. En el caso de China, si bien está vigente el Convenio de Cooperación Aduanera y se han dado normas para fortalecer a Aduanas en la lucha contra las malas prácticas, aún no se nota voluntad para utilizar las nuevas herramientas con mayor rigor.

–Malas prácticas como la subvaluación…
–La subvaluación no solo es una mala práctica de comercio que le quita recursos al fisco, sino que atenta directamente contra puestos de trabajo formales y contra el potencial mismo de nuestra industria.

–¿Qué deberían hacer las autoridades involucradas?
–Sunat/Aduanas debería esforzarse más en detectar y denunciar nuevos casos; nosotros le hemos manifestado en muchas oportunidades nuestra disposición a colaborar pero se requiere mayor energía en esta lucha. Indecopi debería ejercer con mayor fuerza su capacidad de acción para sancionar las prácticas desleales y el engaño al consumidor. Asimismo, el sistema judicial debería procesar los casos con más celeridad y aplicar todo el peso de la ley y desmentir con hechos la frase que dice que “en el Perú no existe delito aduanero”.

–Pero el caso de los hilados provenientes de la India es un tema aparte.
–En el caso de los hilados de algodón de la India, estamos frente a una estrategia comercial para apoderarse del comercio mundial de hilados de algodón, siguiendo el mal ejemplo de China en el caso de las prendas de vestir.

–¿Qué quieren lo hindúes?
–Quebrar a las hilanderías de algodón –o al mayor número posible– para luego venderle al mundo a precios de mercado y sin competencia. Es una estrategia prohibida y condenada por la Organización Mundial de Comercio (OMC).

–¿Qué mecanismos de defensa tenemos en el país?
–Para estos casos existen mecanismos en Indecopi tales como la aplicación de derechos antidumping, de derechos compensatorios o la aplicación de salvaguardias. En el 2008, la industria solicitó se aplique salvaguardias y a pesar que Indecopi nos dio la razón, los “políticos de turno” no lo ratificaron y no quisieron aplicar la medida por presión de los importadores (que se escondieron detrás de pequeños tejedores y confeccionistas de Gamarra). A la larga, eso les está pasando la factura a los mismos que defienden la importación de hilados artificialmente baratos, pues ahora no solo entran hilados de algodón sino también tejidos hindúes a muy bajos precios y dentro de poco llegarán las mismas confecciones que ellos reclamaban tener que producir con los “competitivos hilados hindúes”. Es que se mira el árbol pero no el bosque, piensan que toda la vida continuarán de informales, porque muchos clientes de los grandes importadores de hilados hindúes son informales, pero la informalidad tiene un costo mucho más alto.



–Entonces, ¿cómo evalúa la política pública peruana sobre el tema?
–Estamos pasando del libre comercio al “libertinaje de comercio”. Bajo el sombrero del libre comercio se pensó que el mercado lo solucionaría todo y por eso la conducta en el pasado fue “dejar hacer dejar pasar”. Eso indirectamente apoyó el desarrollo de las malas prácticas de comercio.

–¿Y en términos de problemas sin resolver?
–Si lo vemos de manera global, tres son los problemas del sector desde hace varios años: Primero, la debilidad de las instituciones del Estado para enfrentar las malas prácticas de comercio (subvaluación, delitos aduaneros, triangulaciones e incumplimiento de normas de origen). Segundo, la poca voluntad política para afrontar la dramática caída en la producción de algodón, principal materia prima del sector (alrededor del 50 por ciento de la industria textil es algodonera); y, tercero, la ausencia de una visión clara sobre el futuro de la cadena textil en su conjunto.

–¿Y qué se debe hacer?
–La única forma de afrontar estos problemas es que el gobierno tome una decisión de Estado para que al Perú no ingresen más mercancías con precios artificiales o por debajo de su costo real, y se castigue ejemplarmente a testaferros, subvaluadores y estafadores. En ningún país del mundo, el mercado por sí solo ha solucionado estos problemas, pues el combate a la competencia desleal es una tarea del Estado. De esa forma recuperaremos no solo el mercado nacional para los agricultores e hilanderos de algodón sino también para el mercado de telas y confecciones, que dan empleo, generan riqueza y pagan sus impuestos.

–Si la cadena textil peruana recibiera un gran apoyo gubernamental, ¿qué podría lograr en términos de valor agregado, empleo y comercio internacional?
–Más que un apoyo necesitamos se garantice igualdad de condiciones, la obligación del Estado es garantizar la transparencia del comercio, que no haya informalidad, que no se subvalúe, que no existan “vacas sagradas” que importan por debajo de los precios internacionales y se les permita seguir haciéndolo; hasta hoy no existe un solo importador preso por subvaluar, a pesar que hay leyes muy estrictas. Si se diera eso, el resto es responsabilidad de la industria. Nuestra industria se ha modernizado, hoy trabaja a estándares internacionales y ha conquistado nichos de mercados especializados en el mundo. Ahora esperamos que las nuevas autoridades tengan la claridad para ver la importancia de esta cadena dentro de una estrategia de desarrollo que prioriza la inversión con inclusión social.

Consideramos que el Perú tiene todas las condiciones para ser una industria textil y de confecciones de alta calidad en el mundo. Tenemos, de un lado, una materia prima de calidad –como los algodones Pima, Tangüis, IPA 56– reconocidas internacionalmente; también tenemos una excelente ubicación geográfica, cercana al principal mercado de consumo que hoy representa los Estados Unidos; y tercero, hemos desarrollado una mano de obra altamente calificada. Si se nos garantiza igualdad de condiciones, podemos invertir más, generar más empleo, más recursos para el fisco, prendas peruanas de alta calidad para los consumidores y un alto valor agregado para el país.

LA PRODUCCIÓN DE ALGODÓN

-¿Qué debilidades y fortalezas tiene la producción de algodón en el Perú?, ¿en qué medida nos afectan los precios internacionales del algodón?
-La crisis de nuestro mundialmente afamado algodón peruano obedece principalmente a dos factores: La gran informalidad en su comercialización y la falta de una política integral del Estado que equilibre el tratamiento que otros países le dan a este producto. El problema de fondo no es el precio del algodón. El año pasado tuvimos los precios más altos de la historia y los problemas estructurales subsistieron. Un precio internacional alto ayuda en el corto plazo, pero si no abordamos los problemas de fondo, seguiremos en lo mismo. El problema es la baja productividad que se traduce en una pobre rentabilidad y la ausencia de un soporte técnico y económico para hacer sostenible este cultivo. Medidas tales como proveerles de semillas de calidad, hacer eficiente el uso de la mano de obra y los insumos, elevar la tecnificación y mecanización del campo y acceder a servicios tecnológicos agrarios, son necesarios para elevar los actuales rendimientos. Es fundamental priorizar una solución al problema del algodón no solo por ser un producto de bandera, sino por formar parte clave de nuestra cadena de valor. Nuestra industria textil no es sostenible basada en hilados de algodón importados. Solo deberíamos importar la fibra o los hilados que no producimos o cuya producción es probadamente insuficiente (fibra corta e hilados gruesos), pero para ello nuestros agricultores deben ser competitivos a nivel internacional. Con ello no pretendo proponer que se prohíban las importaciones sino que si se impide que éstas ingresen a precios artificialmente bajos y/o subvaluados, el mismo mercado regulará su presencia: muerto el perro, muerta la rabia.


Carlos Alonso Bedoya
Redacción


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