García, diplomacia inoperante

El ex canciller Manuel Rodríguez Cuadros indica que, a pesar de todo, la sola realización de la cumbre de Unasur es ya un logro importante para Sudamérica, que va camino a la unidad. En esta conversación el embajador resalta que la falta de pericia de la Cancillería hace cometer errores al presidente García y nos hace quedar como un país que desconoce, por ejemplo, una agenda pública entre dos países.

Por Diario La Primera | 30 agosto 2009 |  1.3k 
García, diplomacia inoperante
(1) El ex canciller Rodríguez Cuadros sostiene que el avance de la región depende de todos. (2) El presidente de los errores y la falta de tino con su canciller. (3) Casi ningún país de la región de acuerdo con injerencia externa.
El ex canciller Rodríguez Cuadros analiza la actuación del presidente Alan García antes, durante y después de la cumbre de la Unión de Naciones Suramericanas.

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Falta todavía un buen camino para que las cumbres de Unasur sean prácticas, verdaderos foros de negociación, con capacidad de llegar acuerdos sustantivos.
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—¿Qué lecciones nos deja la cumbre de Unasur celebrada en Argentina?
—Una muy positiva: la construcción de la identidad sudamericana va por buen camino. El hecho que Unasur se haya reunido para discutir este tema ya es un logro, nunca antes había pasado en la historia de la región, y el hecho que hayan asistido todos los presidentes es también relevante; y otra técnica: falta todavía un buen camino para que las cumbres de Unasur sean prácticas, verdaderos foros de negociación, con capacidad de llegar acuerdos sustantivos, que en esta oportunidad no hubo.

—¿Cree usted que entre los países hay un ánimo de trabajar por una agenda común a largo plazo?, ¿qué es lo que impide la unidad?
—Si creo que hay posibilidad de una agenda común realista, para ello hay que desideologizar la diplomacia sudamericana.

—¿Qué hubo de rescatable en la reunión de Bariloche?
—Ya lo dije, su sola realización es el logro más importante. También que en la conciencia regional se haya instalado el tema de la seguridad regional. No ha tenido resultados prácticos, pues ello se impidió al hacer públicas las reuniones. En vez de analizar y negociar, las cámaras de televisión obligaron a casi a todos los presidentes a largos discursos para sus audiencias nacionales. Pero la cumbre continuará a nivel ministerial con la reunión del Consejo de Defensa, Allí debería encontrarse una solución con base a la idea de las garantías jurídicas.

—García pidió que el Consejo de Defensa de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) se reúna para verificar los acuerdos militares con países de dentro y fuera de la región y analizar la inversión de los países de la región en armas.
—La idea de la verificación, que es positiva, en parte fue recogida en el documento final, la de la compra de armas que es el interés peruano primordial no se tomó en cuenta. Creo que el canciller José Antonio García Belaunde debió quedarse en Bariloche hasta el final de la cumbre, para participar en la redacción del documento y asegurar que se incluya el tema que es crucial para el Perú. No fue así, se retiró con el presidente García, y en diplomacia la silla vacía cuesta.

—García propuso que el Consejo de Defensa de Unasur debería “comenzar a funcionar de inmediato” con un “proceso de verificación” de las bases colombianas que podrían ser utilizadas por tropas estadounidenses según el acuerdo entre los gobiernos de Bogotá y Washington ¿Es esto un alejamiento de Colombia? ¿Es una declaración para no ser visto tan amigo de Estados Unidos por los otros países de la región?
—Creo que es un saludable ajuste en la posición del Perú, que responde más a nuestros intereses nacionales que la posición inicial de cheque en blanco. Lo importante es que no quede en la retórica y se ejerza con coherencia en la reunión del Consejo de Defensa.

—Antes de Unasur, el presidente García ha dicho que existe un acuerdo secreto entre Chile y Bolivia, como si se tratara de algún tipo de peligro para el Perú, pero luego ha quedado aclarado que lo que hay es una agenda pública de conversaciones entre los dos países.
—Como ha quedado demostrado, no es cierto que exista un acuerdo y menos que sea secreto. Cuando lo haya, si lo hay, nunca podrá ser secreto por dos razones: la primera, es materialmente imposible mantener en secreto un acuerdo sobre transferencia de soberanía. No tendría sentido. La segunda, no tendría objeto útil el secreto frente al Perú, pues la viabilidad de ese entendimiento depende del acuerdo del Perú, entonces desde el punto de vista del interés de Chile y Bolivia lo que les conviene es ponerlo en consideración del Perú y no escondérselo. Se trata simplemente de un serio error de información y de acción que ha deteriorado aún más las relaciones. El tratamiento de ese tema, la salida al mar, es parte de una agenda pública de 13 puntos conocida por todos desde hace 3 años.

—Podría dar un ejemplo distinto al caso Bolivia-Chile.
—La propia agenda del Perú y Bolivia, que tiene 15 puntos según la Declaración Conjunta firmada por los presidentes García y Morales. Las negociaciones sobre cada punto de esta agenda son reservadas mientras no se lleguen a acuerdos. Ahora bien, hay negociaciones que son reservadas ya no por la técnica negociadora sino por el tema, por la materia. Por ejemplo, la que el primer gobierno del presidente García tuvo con Chile para ejecutar el Tratado de 1929 que no llegó a un final feliz, o las de Fujimori con el Ecuador para resolver los problema demarcatorios.

—Las negociaciones de Chile y Bolivia sobre la salida al mar, ¿deben ser reservadas?
—Obviamente, por su naturaleza deben ser reservadas. Como deben ser reservadas las que podrían tener Chile y el Perú, en aplicación del Tratado de 1929, para lograr un acuerdo sobre una eventual fórmula de salida al mar por Arica, a partir del acuerdo previo entre Bolivia y Chile. Ambas negociaciones al culminar deben publicitar sus resultados.

—Sin embargo, el presidente ha puesto en evidencia que había algo en marcha, que sus declaraciones obligaron a hacerlo público. ¿Qué piensa de todo eso?
—He leído que se ha querido edulcorar el gazapo diplomático del presidente, diciendo que se obligo a abrir una agenda secreta de 13 puntos. Las cancillerías de la región si estuvieron sorprendidas con las primeras declaración, deben haberse quedado estupefactas con este argumento racionalizador. Sencillamente porque es falso. Todos saben que la agenda de trece puntos se concertó hace tres años, que es relevante porque sacó las relaciones chileno-bolivianas de una fuerte crisis y las enrumbó por la vía del diálogo, la consulta, la cooperación y la negociación. Las está normalizando. Los famosos trece puntos “secretos” están en Internet hace 36 meses.

—¿Esto quiere decir que el presidente mintió conociendo la realidad?
—Esa es una hipótesis. La otra es que lo hayan hecho de buena fe, es decir en el desconocimiento total de la materia, sin haber leído los informes de Cancillería. Decisiones de Estado a partir de la inopia. Sinceramente, no sé cuál de las dos hipótesis es más grave para los intereses nacionales del Perú.

—¿Cuál cree?
-Es mejor que cada lector dé su repuesta.

—¿Qué opina del pedido implícito del presidente García para que Unasur discuta los 13 puntos de la agenda boliviano-chilena, lo que Chile rechazó tajantemente?
—Una nueva muestra de impericia de los asesores del presidente García. Eso es como pedir multilateralizar las agendas bilaterales de todos los países, que sólo a ellos les compete. Un nuevo lamentable error. Se expuso al Perú a una drástica declaración del canciller de Chile, que dijo que rechazaba tajantemente esa posibilidad, pues “era inmiscuirse en asuntos que no le compete sino a Chile y a Bolivia”. Lo que me extrañó es que mientras internamente el canciller intentaba demostrar que había algún sentido en la propuesta, al mismo tiempo mandaba instrucciones a nuestro embajador, en Chile, para que explicara de urgencia en la Cancillería chilena que eso no fue lo que quiso decir el presidente.


Costos de la falta de pericia

—Toda esta impericia y falta de prudencia, como usted dice, en el manejo de la política exterior, ¿ha traído costos?
—Por supuesto, a diferencia de la política interna los errores en política exterior siempre se pagan. Las relaciones con Bolivia y Chile están en su peor momento. Y, evidentemente dada la naturaleza de los errores, elementales, se ha afectado el prestigio de la diplomacia peruana. Con Bolivia se está yendo de manera muy irresponsable a un enfrentamiento que ya está pasando de la relación Estado-Estado y puede enraizarse en las poblaciones. Claro el gobierno dice que hay que diferenciar a Evo Morales de Bolivia, pero se olvida que Evo Morales con sus errores y sus aciertos tiene un respaldo de la población más del doble del que puede exhibir el presidente García. Mucho cuidado con estar creando enfrentamientos y animadversiones societales y nacionales. Sería el peor legado de un gobierno al sentido histórico de las relaciones peruano-bolivianas.

—¿Y con Chile?
—En el caso de Chile, el canciller Mario Fernández ha sido duro al afirmar que no aceptan intromisión alguna. Las relaciones han bajado a su penúltimo nivel. Están reducidas a los aspectos comerciales y económicos. Se excluye de la “relación inteligente” los aspectos militares y de seguridad, los políticos, los diplomáticos, los sociales y migratorios. Es decir a aquellos temas que son de interés prioritario de Chile quedan, los que tienen mayor interés para el Perú se congelan. Independientemente de la demanda en La Haya, no había razón para que las relaciones se deterioren al extremo actual.


Preocupan bases USA

—¿Cómo ve el tema de las bases militares de Estados Unidos en Colombia? ¿Qué le parece la posición peruana de reducir este problema a la cuestión de que Colombia es soberana para adoptar cualquier acuerdo? ¿Cuál es la implicancia política regional de este acuerdo?
—Es un asunto delicado. Donde hay que opinar con precisión. Toda presencia de fuerzas y equipos militares extranjeros en América Latina provoca una legítima sensibilidad política. No sólo por el pasado, que cuenta, sino porque por primera vez en la historia Sudamérica está impulsando un proyecto de institucionalidad externa propia con Unasur y ensaya, en ese marco, construir una política de seguridad y defensa común, también sin precedentes. Muchos se olvidan, pero hoy, en Sudamérica existe un Consejo de Defensa. La presencia militar extranjera permanente en la región -de cualquier país-, evidentemente afecta el proyecto de un esquema y una doctrina de defensa común. Por otro lado, la presencia militar de Estados Unidos en bases militares de Colombia provoca sensibilidad en unos y temor en otros. Finalmente, el hecho que el convenio aún no se haya firmado y por tanto se desconocen sus alcances específicos, crea una legítima preocupación. Por otro lado, esta el principio de soberanía que autoriza a cualquier país a suscribir los acuerdos de cooperación militar que estime conveniente.

Paco Moreno
Editor de Política
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