Fidel: una charla con la historia

Sentado, vestido deportivamente, como quien invita a alguien a su casa para una charla distendida, el Comandante Fidel Castro Ruz tiene la misma fuerza inquisidora, inteligente y curiosa en la mirada, como aquella que vimos en fotografías, algunas de color sepia, en los días en que con otros muchachos barbudos bajó de la Sierra Maestra.

| 24 diciembre 2008 12:12 AM | Entrevista | 925 Lecturas
Fidel: una charla con la historia
(1) Desde los primeros días de la revolución cubana, hace medio siglo, Cuba no ha tenido una sola tregua, por la hostilidad de Washington. (2) El hambre y la depredación del medio ambiente preocupan a Fidel. (3) Omar Torrijos.
925

Miro a ese hombre sereno, de cabellos y barba encanecidos, que suavizan su rostro, mucho más recuperado que en fotografías recientes, y lo imagino –por un momento– cruzando un mar bravío con sus compañeros desde México a La Habana, en un barco, que, de acuerdo con todas las predicciones, no podría haber llegado como lo hizo, cargado y con 82 tripulantes. Después de un desembarco bajo brutal bombardeo, sólo volvieron a reunirse en la Sierra Maestra unos pocos. Allí se inició esa increíble guerra de liberación que derrocó a la dictadura de Fulgencio Batista y con ella el intento del imperio de quedarse definitivamente en Cuba. Fue la independencia definitiva lo que en realidad se logró aquel primer día de 1959.

Castro saluda de pie y su mano es firme. La última vez que lo vi, antes de su enfermedad, estaba con uniforme militar. Ahora, con su ropa de entrecasa se le ve más cercano y esto desarma toda formalidad. No será una entrevista. Me advierte sonriendo que él hará preguntas.

Todo transcurre como un río, la charla y ese deseo apasionado de saber detalles de acontecimientos y personas.

Quiere saber, por ejemplo, sobre Celia de la Serna de Guevara, la madre del Che. “Ella tuvo una influencia indudable sobre el carácter y la formación del Che”, dice.

Conoció a Celia cuando llegó con su familia a La Habana poco después del triunfo de la Revolución, para abrazar a un hijo que no veía desde hacía años. Ernesto Guevara, el joven médico, se había convertido en el Che. “Me impactó el rostro y la mirada de Celia”, confiesa Castro.

Es sorprendente que esté hurgando en los pequeños detalles del pasado para escribir sus “reflexiones”, columnas de análisis de la actualidad, que serán recogidas por periódicos en todo el mundo. Me dicen que es muy riguroso y revisa palabra por palabra, ajusta el lenguaje y es perfeccionista en extremo. Cada una de esas palabras tendrá peso en el mundo y él lo sabe.

La contrainsurgencia informativa, el “terrorismo mediático” le preocupan mucho. Sabe que la información es hoy más que nunca un arma efectiva que se usa contra los pueblos y los gobiernos. Se mencionan los llamados “golpes suaves” y las conspiraciones que no dan descanso contra algunos países de la región.

Pero también de la enorme resistencia de los pueblos y América Latina va por delante en eso, con altibajos, porque “todo es perfectible” en el camino de la construcción de un mundo nuevo.

Es evidente que se siente muy orgulloso de su pueblo solidario, de los maestros, de los médicos, de todas aquellas mujeres y hombres que trabajan ejemplarmente por la vida en varios países de la región.

Fidel habla del dolor y la afrenta que significa el uso del territorio de una parte de Guantánamo, donde Estados Unidos convirtió sus bases en un campo de concentración brutal. Nos vamos a Venezuela y Bolivia, al presidente Hugo Chávez, a quien él no dudó en sorprender yendo a esperarlo al aeropuerto en su primer viaje a Cuba “allá por 1994”, cuando recién comenzaba a perfilarse como un líder político.

Y el presidente Evo Morales y el pueblo boliviano que emergen luego de tantos siglos de resistencias y que ahora deben resistir golpe a golpe, día a día, los intentos de volver a robarle sus derechos recuperados. Y vamos tocando otros países y otras situaciones, en este nuevo mapa de América. Reflexiona también sobre la sorprendente situación que se vive cuando las revoluciones comienzan a hacer justicia, y por primera vez llegan beneficios a los pueblos tan postergados siempre. “Cuando pasa un tiempo ya eso se incorpora como una conquista de la vida cotidiana”. De aquella admiración y asombro de los primeros tiempos se pasa a la costumbre. Ya está, ya se tiene y la Revolución debe seguir dando pasos y a la vez resistir los embates de los que necesitan que todo esto desaparezca.

De todo se habla, de ese hilo que une tan dolorosamente las injusticias de un terrorismo mundial que no cesa, de las debilidades de organismos internacionales que no detienen la mano de la muerte, cuando se esperaba un mundo distinto para el siglo XXI.

Realmente lo que uno puede sentir es su enorme preocupación o angustia, porque la tecnología que debía salvar y ayudar al hombre “para la vida, es utilizada para la muerte y la dominación”. Se toma la cabeza entre las manos cuando habla de la depredación incansable del capitalismo que está destruyendo el medio ambiente, el hábitat del hombre. Y el hambre en el mundo parece dolerle en el pecho.

Entiende que hay un momento histórico único con posibilidades extraordinarias de transformación y liberación, pero también peligros inmensos.

“Tratan de llevar a una guerra cruel a países vecinos. Es gravísimo para el mundo lo que sucede entre Paquistán y la India”, comenta. Insiste en el peligro de estas “contrainsurgencias informativas”, que hacen su trabajo cotidiano sobre los pueblos, que paralizan y confunden, los dejan inermes y los llevan a participar en luchas estériles entre países y poblaciones que no son enemigas.

Como un hombre que ha vivido una de las experiencias más extraordinarias y creativas en el siglo pasado y lo que va de éste, sabe que se necesita la reflexión creadora, la unidad imprescindible de los pueblos. Por eso, Fidel Castro está analizando ahora cada detalle para cerrar bien los relatos de nuestra historia común.

“El camino siempre será difícil y requerirá el esfuerzo inteligente de todos. Desconfío de las sendas aparentemente fáciles de la apologética, o la autoflagelación como antítesis. Prepararse siempre para la peor de las variantes. Ser tan prudentes en el éxito como firmes en la adversidad es un principio que no puede olvidarse. El adversario a derrotar es sumamente fuerte, pero lo hemos mantenido a raya durante medio siglo”, ha dicho no hace mucho tiempo.

Ahora se informa cada día de todo lo que pasa en el mundo y escribe como un soldado de las ideas, es decir, con el arma de la palabra. Este tiempo de obligado sosiego le ha dado la enorme posibilidad de ser el único líder de una revolución y de una resistencia heroica y mítica contra un imperio brutal, que puede mirar en retrospectiva todo lo sucedido y abundar en detalles, como lo ha demostrado en el libro que recientemente escribió sobre Colombia; esos detalles que dan la verdadera luz a la historia universal.

Fidel Castro no descansa. En su retiro de trabajo nos entrega cada día un relato histórico, renovado y enriquecido para que los pueblos recuperen la memoria verdadera, sin subterfugios. Afuera, el pueblo cubano se prepara para comenzar un año festejando la Revolución que llegó hace medio siglo para quedarse. Este hombre que no ha dejado de luchar desde su adolescencia nos enseña que la humildad es un destello maravilloso de la vida en revolución.

Historia de invasiones
Pide detalles sobre la invasión a Panamá, que este 20 de diciembre cumple 19 años y que el gobierno de George Bush (padre) llamó "Causa justa".

Y surge el recuerdo del general Omar Torrijos, un hombre que luchó para terminar con el enclave colonial de la Zona del Canal y el Comando Sur y sus bases militares, las escuelas de contrainsurgencia que sembraron de tragedias a la región en el siglo XX.

En ese viaje en que se transforma la charla, también recuerda al ex presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, que firmó el Tratado con Torrijos (para la entrega del Canal), y enfrentó una feroz campaña de los fundamentalistas en su país.

Nada se escapa a sus recuerdos. Lo conmueve pensar en los muertos de esa invasión a Panamá y en esas madres lanzando flores al mar para sus hijos.

Y de allí retrocedemos a 1983. El 25 de octubre de 1983, Estados Unidos invadió Granada, una isla caribeña de 344 kilómetros cuadrados.

Entre esas indignaciones justas, surge el recuerdo de Paraguay y su encuentro con el escritor Augusto Roa Bastos.

Aún lo emociona el relato sobre aquellos niños paraguayos que fueron los últimos defensores de su país, cuya población masculina fue exterminada. Una guerra de exterminio, en que bajo intereses británicos se armó otra de las típicas coaliciones. Le llamaron la Guerra de la Triple Alianza y en ella participaron los gobiernos oligárquicos de Argentina, Uruguay y Brasil. Un exterminio que transcurrió entre 1865 y 1870.

Me doy cuenta de que ese rápido recorrido por sucesos que conmovieron al mundo, o personas que han "iluminado" el continente, tiene que ver con el presente.

Stella Calloni
Entrevista

Loading...



...
Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital

Colaborador 1937 LPD