Es urgente una reforma

Exteniente alcalde de Lima y parlamentario por 14 años, Henry Pease García conoce de cerca los intríngulis de la política nacional: los de ayer y los de hoy. Advierte que los promotores de la revocación de la alcaldesa de Lima, Susana Villarán, solo quieren volver a tomar el poder para obtener beneficios personales, y aclara que la revocatoria se colocó como un derecho en la Constitución de 1993, pero no fue reglamentada en esa época.

| 10 marzo 2013 12:03 AM | Entrevista | 1.3k Lecturas
Es urgente una reforma
HENRY PEASE CRITICA A LOS REVOCADORES
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—Los revocadores han repetido, durante todo este tiempo, que la izquierda -que usted integró- en el Congreso Constituyente Democrático, promovió la revocatoria en la Constitución de 1993. ¿Cuál es la verdad sobre ese tema?
—Acá hay mucha mentira. Éramos cuatro representantes en un Congreso de 80: Gloria Helfer, Julio Castro, Julio Díaz Palacios y yo, del Movimiento Democrático de Izquierda que se formó cuando se rompió Izquierda Unida, entre 1991 y 1992. Que pudiéramos imponer algo, era menos que imposible, la oposición no podía imponer. No era un Congreso de iguales que negocia; por eso no firmé esa Constitución. He apoyado toda mi vida el derecho a la revocatoria como complemento de la democracia participativa. Lo único que hizo esa Constitución fue establecer ese derecho, así como al referéndum y la rendición de cuentas. Ahora, esos derechos se expresan en varias leyes surgidas en la época de Alberto Fujimori y otras posteriores, además de unas que afectan indirectamente, como las leyes orgánicas de municipalidades.

—¿Cómo es que afectan estas normas sobre municipios a la revocación?
—Por ejemplo, ¿el ciudadano de Lima tiene claro cuál es su alcalde? No, porque hay 41 alcaldes con la misma denominación, aunque sean provinciales o distritales. Si uno pregunta a cualquier ciudadano quién es el responsable de tal o cual cosa, no lo va distinguir. Eso es un problema que afecta a la revocatoria.

—Desde ese momento hasta ahora, ¿qué cambios hubo en el tema de la revocación?
—Casi no se ha tocado. Solo hay una norma del segundo gobierno de Alan García que permite que aunque uno gane con el 40% de votos la elección de alcalde, puede ser revocado con 20%. Es una barbaridad. Ahora, cuando fui presidente de la Comisión de Constitución (durante el régimen de Alejandro Toledo), se reformó la Ley de Participación Ciudadana, pero no se tocó el tema de la revocatoria porque nos dedicamos a corregir lo desdibujado por el fujimorato en su última etapa sobre la Ley de Interpretación Auténtica, que decía que no bastaba un millón de firmas recolectadas, sino un número de parlamentarios adicionales. Eso no existe en ninguna parte.

—¿Por qué cree que no se ha tocado la revocación?
—En primer lugar, cada tema tiene un órgano que investiga, que hace informes al Parlamento, que es el órgano político que sanciona leyes. Así como el Ministerio de Economía y Finanzas formula y estudia temas económicos para proponer normas, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) debería hacer evaluaciones en su ámbito, porque por ejemplo no es lo mismo hacer una revocatoria en Chosica que en Lima Metropolitana. Deben proponerse cambios, porque la revocatoria se está desinstitucionalizando. Así, políticos que lindan con la informalidad aprovechan para lograr sus objetivos, que no tienen que ver con los problemas de la ciudad.

—¿Qué es lo que no comparte de cómo se realiza la revocación?
—No estoy de acuerdo con la diferenciación. ¿Cómo en una ciudad con seis y pico millones de electores, bastan 400 mil firmas para la revocatoria? En todo el resto del país es el 25% del padrón, ¿y por qué aquí es diferente? Porque alguien tiene interés en debilitar la autoridad. El alcalde de Lima, que es la autoridad elegida con más votos después del Presidente de la República, es la autoridad más débil que existe, porque los legisladores le han ido dividiendo el escenario a lo largo de la historia. En el siglo XIX dividieron Lima del Callao; luego Lima de Lima provincias; y después en 41 distritos que tienen autonomía en casi todo. Entonces, el alcalde de Lima es muy débil.

—No solamente por la revocación.
—Así es. Pero además de eso, vi una encuesta que decía que los sectores D y E quieren revocar a la alcaldesa por los problemas graves de seguridad. Pero gran parte de esos pobladores no viven en el Cercado y allí no tiene responsabilidad la alcaldesa, sino la policía. Lo que sostengo es que se está manejando mal este tema de la revocatoria. Por eso sostengo que el Jurado Nacional de Elecciones tiene que evaluar si algo funciona o no, y proponerle al Congreso cambios. Pero no se ha hecho.

—¿Qué condiciones debería haber en la ley de revocatoria, en su opinión? Le pregunto esto porque los revocadores han presentado razones ambiguas.
—En primer lugar, la ley debe establecer requisitos de procedimiento. No es que cualquiera viene y pide un kit. Ahora algunos dicen que debe haber causales, eso debe estudiarse. Uno tiene que acreditar razones de lo que hace siempre en política, no debe basarse en razones como “me cae antipático”. Incluso el debate está mal planteado, la alcaldesa y los revocadores no son candidatos. Estos últimos no presentan fundamentos, le han dicho “vaga”, cuando casi ha hecho las mismas escaleras (y hasta más) que las que hizo Castañeda en sus dos primeros años. Además, es errada esa idea de que gobernar es hacer obras; siempre las hace la empresa privada. Gobernar es ser autoridad y ejercerla, cosa que no hicieron los antecesores de Villarán, como lo que hizo en Lima Norte para que avance el Metropolitano: eso es ejercicio de autoridad. Planificar y dejar una ciudad con brújula con un Plan de Desarrollo Concertado al 2025. Castañeda no elaboró ningún plan de desarrollo.



—Y tampoco usó el anterior de 1989.
—Además de eso, la alcaldesa, junto a 300 mil ciudadanos de todo Lima, formuló este nuevo Plan, aprobado por unanimidad en una asamblea de alcaldes y ciudadanos; y luego aprobado en el Concejo con solo dos votos en contra. Esta ciudad tiene brújula.

—Volviendo al tema de la revocación, ¿cree que ese cambio en la ley durante el segundo gobierno aprista, estaba preparando el camino por si ganaba algún “enemigo” en las elecciones municipales del 2010 en Lima?
—Alan García, Castañeda y los fujimoristas son aliados hace varios años. Hay quienes no quieren ver eso, pero no soy ciego.

—¿Qué piensa de esta campaña previa a la consulta?
—Me da vergüenza. Es una inmundicia como manera de hacer política. Desde la primera recolección de firmas a cambio de fideos. Todo de manera torcida, achorada. Me contó una persona amiga que venía de Carabayllo que ha visto que en los paraderos repartían fideos para votar por el sí. Eso también se hace en las elecciones, es una herencia del fujimorato. Eso es hacer de la política una cochinada, usar la miseria ajena para traficar. Pero no es lo único. Entre sus financistas aparecen indigentes…

—Como los que supuestamente eran dueños de Comunicore.
—Así es. Por eso el JNE debe exigir, al momento de la recolección de firmas, cuestiones de procedimiento para que no se hagan estas corruptelas. Hay dudas serias incluso sobre la decisión que se tomó para que proceda la revocatoria. No es contradictorio que yo apoye la revocatoria y no esté de acuerdo con que se revoque a esta alcaldesa, y con las leyes que respaldan esta consulta.

—¿Qué piensa de los revocadores?
—Les importa un pepino los problemas de la ciudad. No van a generar otro gobierno, sino tres años de desgobierno, sin una autoridad legítima que pueda mantener un plan de desarrollo. Están diciendo mentiras sobre lo que se hizo en La Parada, pero los que se mudaron están mucho mejor ahora en Santa Anita. El desorden ayuda a que muchos medren, y hagan daño a la ciudad. Somos la ciudad que tiene más tuberculosos por habitante en América Latina, ni Haití tiene eso; que se cuece en el desorden, el desgobierno, donde quieren hacer lo que les da la gana porque no hay un trazo de la autoridad democrática como lo ha comenzado a hacer esta señora. Los que no hicieron eso, la quieren sacar para hacer de la municipalidad que hace contrataciones de obras, porque eso da mucha plata.

—Ante toda esta campaña, ¿no cree que a la señora Villarán le han faltado reflejos políticos?
—Nadie es perfecto, en principio. No me he dedicado a esa evaluación, pero los resultados de dos años están por encima de muchos alcaldes que la antecedieron.

—¿Qué consecuencia traería un triunfo del Sí?
—La Municipalidad quedará desarmada por tres años, con procesos de autoridades que no duran ni un año, una quiebra de la política trazada y en funcionamiento.



LA IZQUIERDA
“Nunca he cambiado de posición. No he sido marxista-leninista, siempre fui cristiano y ese fue mi punto de partida. Muchos cambiaron, muchas cosas cambiaron, pero siempre estuve en la misma dirección y he trabajado con los que he coincidido. Tampoco he pretendido ser líder: he sido candidato a la presidencia no porque hubiera querido, sino porque Alfonso (Barrantes) se fue y nos quedamos solos. Acabábamos de organizar 150 mil ciudadanos en un congreso y no podíamos quedarnos solos. Se me exigió que saque la cara y la saqué, sabiendo que me iba a quedar sin nada. La política la entiendo como servicio, no como coqueteo para sentirme mejor. Tenemos que entender que somos aves de paso. Creo que en el Perú no se aprendió, es que los partidos y los liderazgos deben renovarse, no hay caudillos eternos”.



LA PRENSA QUE MIENTE.
“Con respecto a la tergiversación que hizo un canal de televisión sobre una declaración que hice, he reproducido en mi blog lo que dije exactamente, para que se vea la enorme distancia entre lo que dicen ellos en off y lo que digo yo con mi boca: yo sostengo que el JNE tiene iniciativa legislativa, pero ellos advierten que pretendo que reemplace al Congreso. Están haciendo lo mismo de la época de Montesinos: desinformar. Hay una consigna. No voy a dar una entrevista más a esos medios. No tengo obligación. No tienen por qué contar conmigo”.



ÉTICA Y POLÍTICA.
“Tengo 68 años, con problemas locomotores, dedicado como toda mi vida a enseñar por 42 años. He pasado muchos años en política, seis en la municipalidad como teniente alcalde y regidor, y 14 en el Congreso. ¿Para qué voy a buscar más? He salido de la política como entré. Yo no vine a buscar cargos ni plata, pero hay muchos que dicen que la plata llega sola. En mi vida la plata no llegó sola, pero no la busqué tampoco. Si alguien me ofreció algo, le dije no. Eso me da la libertad y tranquilidad”.


Víctor Liza
Redacción


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