“El gobierno va a terminar al borde del nocaut”

El politólogo y catedrático de la Universidad Católica Carlos Reyna, hace un balance de los tres años de la gestión presidencial de Alan García y analiza lo que puede ocurrir en los dos años que quedan del régimen aprista. Responsabiliza a García de polarizar el país, lo acusa de estar jugando a favor del fujimorismo y advierte que la crisis social continuará agravándose si el gobierno no cambia su política. También habla sobre lo que García debería decir en su mensaje presidencial de mañana.

Por Diario La Primera | 27 julio 2009 |  1.2k 
(1) Carlos Reyna cree que García terminará a duras penas. (2) El rechazo es cada vez más grande y más activo. (3) García quiere que el fujimorismo capitalice su fracaso. (4) El abatimiento y la depresión del fracaso se le notan en la cara.
Carlos Reyna

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La combinación de neoliberalismo e intolerancia ha causado un gran estropicio. Ese estilo de mirar al resto desde una altura intolerante está detrás de hechos como los de Bagua.
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-¿Cuál es su balance de los tres primeros años del gobierno de Alan García?
-Uno quisiera decir algo más indulgente y comprensivo con el gobierno, pero lamentablemente el balance es muy negativo. Habiendo tenido tantos recursos, que el gobierno esté en la situación crítica en la que está por el alto nivel de rechazo ciudadano, es penoso. El presidente García, los ministros y la mayor parte de dirigentes apristas, deben tener una buena dosis de amargura, porque han hecho las cosas muy mal. En la población hay una fuerte percepción de la bajísima capacidad de gobernar de García.

-¿Cuál ha sido el mayor error del gobierno?
-Lo peor del gobierno ha sido su absoluta intolerancia. No solamente está la rigidez y el fundamentalismo con que el gobierno ha defendido un modelo económico que quiere reducir a todo el Perú a la condición de mercancía, sino también están la soberbia, la agresividad y el estilo polarizante y disociador del presidente García, que desde que comenzó el gobierno se ha dedicado a agudizar los conflictos. La combinación de neoliberalismo e intolerancia ha causado un gran estropicio. Ese estilo de mirar al resto desde una altura intolerante está detrás de hechos como los de Bagua.

-¿Este cuarto año de gobierno que comienza será especialmente crítico y riesgoso para la estabilidad democrática?
-Si no hay cambios sustanciales en la política del gobierno, el primer semestre del próximo año sería absolutamente crítico y decisivo…

-¿Ve indicios de un cambio en el gobierno?
-Lamentablemente, no.

-¿Esto puede poner en riesgo la continuidad del gobierno hasta el 2011?
Ese riesgo existe, porque así nomás un gobierno no tiene el 70 por ciento de desaprobación y el Congreso el 80 por ciento. Es una desaprobación activa, con una alta intensidad en su descontento, lo que se ve en la enorme cantidad de conflictos sociales.

-¿Qué tan alta es la probabilidad de que el gobierno no culmine su período?
-Lo que salva al gobierno es la campana electoral. El próximo año son las elecciones regionales y eso puede comenzar a desfogar las tensiones acumuladas. Creo que hay una posibilidad mayor de que el gobierno sí llegue al 2011, pero va a llegar boqueando, absolutamente quemado, casi al borde del nocaut. El problema es el desorden, la agitación y el conflicto que eso puede generar.

-¿Quién puede capitalizar mejor esta crisis?
-No necesariamente de la crisis del modelo neoliberal va a salir una corriente democrática y de sentido social. También pueden capitalizar este descontento corrientes autoritarias, represivas que, levantando la bandera del orden, canalicen el descontento popular. Me inclinaría a responder, quizá para tranquilizarme a mí mismo, que no está claro quién está capitalizando más la crisis, pero debo reconocer que el fujimorismo ha capitalizado más con la crisis.

-¿Este cuarto año de gobierno será de mano dura contra las protestas sociales?
-Parece que esa es la intención y por eso han llevado a ministros duros al gabinete. Velásquez Quesquén ha criticado a Simon por haber aceptado la derogatoria de los decretos sobre la Amazonía, lo que parece una señal a los sectores menos democráticos de que lo que conviene es atrincherarse, apretar los dientes y jugar muy rudo en lo que resta del gobierno. En la situación de debilidad del gobierno, apostar por la mano dura puede ser funesto.

-¿Es inevitable un incremento de la polarización y una mayor confrontación social?
-Si el gobierno no cambia su política, sÑ Desde que entró a gobernar, García ha tenido una política de división y polarización del país. El juego de la polarización le puede servir a García para que el desorden resultante fortalezca opciones conservadoras y autoritarias, como el fujimorismo…

-¿García está jugando para el fujimorismo?
-Esa es mi hipótesis de trabajo. Hasta ahora hemos tenido eso. Al único que no ataca el verbo alanista es al fujimorismo. Creo que García es una persona muy perceptiva y ha percibido que le va a ser muy difícil que su gobierno termine con una aureola de éxito. Ya que está clara la gran probabilidad de que su segundo gobierno termine en un gran fracaso político, García juega para que quien capitalice eso no sea una corriente de cuestionamiento al neoliberalismo económico, sino una corriente que defienda el esquema neoliberal que él ha abanderado.

-¿Y por qué García apostaría para el 2011 a un triunfo del fujimorismo y no por otra opción dentro del neoliberalismo?
-Porque además de las coincidencias en el modelo económico también está el parecido de familia que hay en términos de moralidad pública, lo que haría que se entienda mejor con el fujimorismo en las cuentas pendientes que tiene cada uno respecto a temas de corrupción. García quiere impedir a toda costa que se consolide cualquier corriente política a la izquierda del Apra, porque sabe que eso reduciría mucho sus opciones futuras y se da cuenta de las grandes dificultades de Lourdes Flores para captar el voto popular.

-¿Cree que el presidente García está resignado al fracaso de su gobierno y está pensando más en crear las condiciones para tener un sucesor que convenga a sus intereses que en intentar salvar su gobierno?
-No resignado, pero sí consciente que su gobierno va hacia el fracaso y que le va a ser muy difícil revertir eso. Después de lo de Bagua, que ha tenido un gran impacto político en el Perú y en el mundo y que marca el fracaso del gobierno, se nota, en el gesto, el ánimo y en el propio rostro del presidente García, el abatimiento y la depresión que lo embarga.

-¿Este segundo gobierno de García puede terminar tan mal como su primer gobierno?
-Es muy difícil que se produzca una catástrofe económica como la de su primer gobierno, pero sí puede terminar con un nivel de rechazo tan grande como el de entonces. Hay cosas que se repiten en sus dos gobiernos, como la megalomanía, la intolerancia, la improvisación para gobernar, inventar cosas, decir disparates sin miramiento ni escrúpulos. Lo que ha cambiado es que pasó de ser un populista desbocado en los años ochenta a ser un predicador neoliberal dogmático. Cambió de dogma, pero mantiene la ineficacia para gobernar. Una de las cosas que deprimen a García es que se da cuenta que si una vez lo disculparon, dos veces ya no, y que va a ser muy difícil que lo vuelvan a elegir para un tercer mandato.


Sin esperanza de autocrítica

-¿Qué se puede esperar del mensaje presidencial de 28 de julio?
-Digo lo que no esperaría del mensaje presidencial. No esperaría un presidente que reconozca errores y anuncie una política de diálogo, que reconozca la vulnerabilidad grande que tiene el Perú en el contexto de la crisis internacional; tampoco esperaría que su discurso produzca un cambio de ánimo importante en la opinión pública respecto a su gobierno.

-¿Qué debería anunciar García en su discurso para enfrentar la grave crisis que atraviesa su gobierno?
-Debería reconocer que las circunstancias que se presentan para el Perú son particularmente críticas, por la crisis económica internacional y la situación social en el país. Debería presentar al país un cuadro verdadero de los impactos de la crisis internacional para establecer un acuerdo en torno a una política equitativa que lleve a la mitigación de esos impactos y que no se dé el caso, tantas veces ocurrido en el Perú, de que ante la crisis una minoría poderosa se salva y a la mayoría se la lleva el río.

-Pero el gobierno mantiene el discurso de que al Perú le va bien.
-Así es. Y con eso lo que hace es desarmar al país y distanciarse de la gente, que sí sabe los impactos que está teniendo la crisis. El gobierno oculta la verdadera situación social del país, maquillando la pobreza y sobrevalorando el crecimiento.

-Además del tema económico, ¿qué otros aspectos deberían ser prioritarios en el mensaje presidencial?
-El presidente García ha desperdiciado una oportunidad de oro que ha tenido el país en los últimos años -oportunidad que también desperdició Toledo- para invertir masivamente en educación, salud, vialidad y comunicaciones para integrar a este país que es muy desintegrado. Frente al impacto del calentamiento global no hay una política de Estado en materia ambiental, a pesar que el Perú va a ser uno de los países más gravemente afectados por este problema. Es irresponsable que sobre ese tema haya un silencio absoluto. El presidente García debería tomar la iniciativa para que sobre esos temas haya un verdadero acuerdo nacional y no esa sombra de Acuerdo Nacional que existe ahora.

Carlos Noriega
Entrevista

Referencia
Propia



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