Delfina y el mar

Salamanca es un sitio apacible. Un rincón lleno de almohadas con motivos preíncas me descansan al lado de las pequeñas piedras redondas dentro de unos vasos transparentes. Señalan el equilibrio de la sala de una de las más distinguidas actrices que vieron los escenarios peruanos. Es Delfina Paredes, de 75 años, quien entre vino y galletas con crema griega nos da la bienvenida en su hogar para esta nocturna entrevista.

Por Diario La Primera | 22 ago 2010 |    
Delfina y el mar
La laureada actriz habla sobre la sociedad, la vida, su obra y la muerte.

Delfina mira desconfiadamente al fotógrafo que me acompaña, como cuidándose dice un “Oh, no”. Le pregunto si ella también cree que la fotografía le roba el alma. Se ríe. Sus dedos son fibrosos, y los nudillos, hinchados, parecen de largo quehacer en la chacra campesina. Sus ojos a veces se ponen chinitos, en otros momentos los abre como un verdadero tesoro donde se proyecta una luz que el mismo fotógrafo entiende a la perfección y dispara sus clics. Me poso frente a ella… nos separa una mesa larga y baja. En el fondo de la puerta pasan varios cantantes de la movida de hip hop, a lo lejos. A Paredes no la veo frágil por ninguna parte. Cuando habla pienso en los árboles fuertes andinos, por los que pasa seguramente por el ferrocarril sur, en el Cusco, donde pasó su niñez, en Urcos.

-Mi problema con las fotos es por pura vanidad. No salgo muy favorecida en ellas. Yo gesticulo mucho cuando hablo y salgo con unas muecas…

-Empecemos con el sabor que me deja tu vida y obra, un poema social…
-Pensé más bien que me querías decir que es dramático. O épico.

-Corríjame, Delfina…
-Me cuesta analizarme, soy esto, soy aquello. Colocarme en un casillero.

-Usted es una de las pocas actrices que le ha dado una calidad interpretativa a la poesía peruana, en su recitación tu añades su vivacidad, su eterna flama. A Vallejo lo recitas como si nada. Eso lo aprendiste de niña. En el Ferrocarril del Sur nació una memoria privilegiada.
-Habrá sido responsabilidad de mi madre, una increíble lectora. El recuerdo de sus lecturas son imágenes, personajes, veo espacios. Eso me ha marcado. No dejo de ser actriz para hacer el poema; lo que hago es interpretar el poema, colocarme en el lugar del poeta. Es una pretensión, pero no tengo otra forma. Si puedo transmitirlo es una bendición. Vallejo tiene la variedad de temas, emociones, situaciones, de conocimientos que nos va entregando. Él no fue como dicen, que Georgette lo tenía de saco largo. Vallejo dice: “Ello es que el lugar donde me pongo el pantalón, es una casa donde me quito la camisa en alta voz…”. (Delfina le da la fuerza y la musicalización exacta que ingresa como sedita en la tranquilidad de la casa). Eso demuestra que él era el hombre y autoridad en su morada. La consecuencia de Vallejo con su obra es bien importante. No es que él escribía una cosa y hacía otra, como estamos tan acostumbrados por acá… además lo descubro cada día más.

-Usted dio vida, en escultura actoral a una de los personajes más entrañables de la televisión y teatro: La Chola Evangelina. Personaje de los setentas que rayó.
-Sí, traté con todo respeto al personaje, con dedicación al pueblo, al revés del tratamiento que se le da a algunos personajes en la televisión actual. La gente la recuerda, la reconoce. Si a la chola la presentamos de oropeles y tacazos, no la aceptamos tal cual es.

-La choledad peruana siempre se presta para el humor. Qué valor se perdió en esa piedra de toque que duele tanto… siempre el “Me río de ti porque eres inferior”.
-Peor todavía. El propio indígena, indio, cholo, tiene desprecio de esta situación; sale el “yo me río porque ese no soy”. Mal. Eso es lo más duro. Que yo esté viendo que alguien se burle de mi hermano y yo me ría también.

-Como la Chola Jacinta, y la Chola Chabuca…
-Tienen buena voluntad. Pero hay una diferencia enorme entre un imitador y un actor. El primero es maquetear el personaje. El segundo es el personaje. Uno no imita a Hamlet. Sé es Hamlet.

-Jean Cocteau, poeta francés, inmortalizó esta frase: “Dios no habría alcanzado al gran público sin ayuda del diablo”. ¿Es Cipriani el diablo de la Iglesia Católica para sus fines de llegada la masificación mediática?
-Ese señor no representa a los miles de hombres de Cristo que están en la sierra, o selva, apartados, predicando el evangelio. Muchos de ellos no están de acuerdo con él y sus discursos, aparte que estuvo tantos años al lado de ese chino, que por respeto a esta entrevista, no reproduzco su nombre. Sus fines políticos son evidentes.

-Alan García acaba de manifestar que el mejor presidente del Perú fue Augusto B. Leguía. ¿Quién es el gran presidente de Delfina Paredes?
-Para hacer esa opinión tengo que estar en ese proceso histórico y en esa época yo no vivÑ Para mí, el mejor gobierno fue el de Velasco. Le dio una gran importancia al tema cultural.

-El auto llamado gobierno revolucionario. Pero eso fue una dictadura…
-Hmmm. Yo creo que sÑ También dentro de los conceptos de democracia y libertad hay tanto por definir… Uno va por ahí y no puede comprar cosas que los demás sí pueden…

-No cree que un gobierno militarista es un desorden en sí mismo en cualquier país, que los militares están hechos para proteger nuestras fronteras, y no tanto formados para gobernar. Es una distorsión y extensión de su legítimo poder que siempre nos ha llevado a mal.
-Es cierto, los militares no fueron hechos para ello. Y es terrible que un gobierno se vuelva asÑ Pero fue lo más justo ante un período anterior que no iba bien. Y mira que yo durante el gobierno de Velasco estuve en los sindicatos, en las marchas. Los izquierdistas decían que no era un gobierno revolucionario, que era un gobierno reformista, fachistoide. Curiosamente, la izquierda radical no apoyó a Velasco. Pero ahí estuvieron trabajando muchos, por ejemplo Martha Hilderbrandt, y ahora tendría que defender ese gobierno, y pasa inadvertida. Había una sinceridad, una manera de servir a la gente. Nunca lo conocí a Velasco.

-Pero la Reforma Agraria fue un disparate…
-Si no hubiese habido la Reforma Agraria nadie hubiese parado la diferencia de clases. A la vera del Ferrocarril del Sur había un tren para los indígenas, la segunda clase. Pero en el Cusco, desde Urcos, salían ómnibus. Nunca un indio se hubiera atrevido a subir a uno, estaba el camión o el tren para su uso. El 68 vivía ya acá en Lima, y regresé al Cusco después de la Reforma Agraria. Entré y había indios. Una señora mestiza refinada, recién había aprendido el castellano y no quería que los indios estén en el ómnibus. Le dijo “oye, carca, qué haces aquí, ándate al fondo, amontonado”. El indio le dijo: “Por qué señora, yo también pago mi pasaje, ¿acaso no soy gente? No me voy a parar”.

-Muchos de mi generación la vimos en la película “Caídos del cielo” (1992), de Francisco Lombardi, donde actuabas en la historia de “Los gallinazos sin plumas”, cuento de Julio Ramón Ribeyro. Eras la villana.
-A pesar que no tuve tiempo de procesar el personaje, estaba en Piura, escribiendo guiones, cuentos, y en un programa de radio. Pude dar más. Sin embargo, me reconocen mucho por ese papel. (Se nota la humildad de Paredes)

-El festival de cine de este año la homenajeó por sus 50 años de artista…
-Tuve sentimientos encontrados. No me lo merecÑ Me dijeron que fue por el teatro, y no hice tanto cine…era mucho más de lo que podía soportar. Me sentí muy abrumada.

-Si el presidente de la República la condecora con la Orden del Sol...
No acepto. Para nada. Depende de la persona que te la entregue para que te sientas honrado. Además, él de ninguna manera lo haría.

-Qué poema visual traería al presente desde la niñez, alguna imagen…
-Los niños que trabajaron en la tierra del Túpac Amaru… en Surimana, Pampamarca y Tungasuca.

-Habla con una vitalidad inigualable. La tercera edad deja chico a cualquier joven de ahora…
-Siento responsabilidad con la juventud, qué mundo les estamos dejando. Hemos vivido tanto de la humanidad, tanto científicos. A mí y a mi generación nos ha tocado gozar de todos los avances, y hacia dónde estamos llegando. Sólo les puedo decir a los niños y los jóvenes que lean muchísimo. La lectura, es decir la palabra, es el descubrimiento más grande del mundo. Tenemos que asumir la palabra, entender la palabra, llegar al conocimiento y al placer.

-Ahora todos quieren la pena de muerte, ¿cuál es su posición?
-Es terrible que se hable de la pena de muerte y que nadie hable del narcotráfico.

-El aborto es un tema de discusión que atañe directamente a la vida de un ser indefenso.
-Es una terrible situación que no debe llegar nunca a una mujer. Que se cuiden los hombres. El aborto, salvo que estamos hablando de una violación, no es opción.

-Hay quienes están de acuerdo con la legalización de la marihuana…
-No creo que legalizar las drogas sea la solución. Y pienso que el narcotráfico es el terror numero uno. El narcotráfico lo han circunscrito al VRAE y no es cierto, se expande, está en todos los sitios.

-¿Cómo cree que es la muerte, es blanca, negra, tranquila, violenta?
-(Delfina calla, piensa mucho…). Quizá me gustaría estar anunciada. Aunque voy ordenando algunas cosas. Me gustaría despedirme. No decir “chau, mañana me muero”, sino ir dejando las cosas en orden. Pero (se quiebra, se deja ver los ojos rojos, Delfina lagrimea por sus padres e hijos)… así como yo he quedado con un sentimiento respecto a mis padres, y a pesar que yo los tengo presente, yo de lo que estuve convencida cuando murieron mis padres fue que la materia no se crea ni se destruye, se convierte en energía, esa de sus cuerpos, pero también energía que el cuerpo mientras ha estado vivo va dejando en el espacio, con esa yo me comunico con mis padres, en nuestros lugares… igual (la voz se vuelve a resquebrajar, se limpia las lágrimas de los ojos), lo que yo no quiero es que ellos tengan pena, mis hijos… (hace una larga silencio…). Mis padres tuvieron actitud, preocupación social. Como dicen, de raza le viene al galgo… mi padre ha llevado máquinas de escribir para la comisaría en Cusco, cuando fue alcalde, su honestidad, lo hacía cumplir su palabra…

Abuela de Pedro Mo
Muchos no saben que Delfina Paredes es la abuela de Pedro Mo, el rapero angular de la movida del hip hop peruano. El cantante ha grabado muchos de los recitales de su abuela para preservar los dones de la memoriosa y querida actriz. Entre los dos hay mucha química, son compatibles en lo ideológico, en la cultura y el arte. “Él se ha mudado hace un año a mi casa”, dijo la gran Paredes. En los pasillos, encuentro un triplay de madera con grafiti. Es Salamanca, en Ate, ahora más urbano que nunca. Cuenta Delfina que el contestario rapero una vez la llevó al estrado de sus acostumbradas presentaciones de hip hop. Narra la dramaturga que la convenció de que lo escuche cantar. “Mamá (como la llama), tú no quieres recitar un poema de Vallejo, mira que ya se acerca su día”. Delfina, muy nerviosa, al ver al joven público, diferente a sus alumnos, le contesta: “¿Tú crees que les guste?”. Los jóvenes fanáticos de la gran movida de hip hop peruana dejaron de beber y un silencio sepulcral se instauró en la presentación. “La energía de ese público de pronto me tocó, con su silencio sentía que hubo una comunicación, una química, me aceptaron. No hemos repetido la experiencia, pero yo no lo dudaría de hacerlo”. Antes de la entrevista, Delfina me presenta a Pedro. “Él es el chico que en su columna (Malas Palabras) puso una canción entera tuya”. Yo aclaro que fueron en dos columnas seguidas (“Juan Panadero”). La abuela le dice al nieto que no la ha escuchado. El menor de la casa, hijo de Gabriela (otra gran actriz conocida en la TV) dice que sí le hizo escuchar el tema, que ya no se acuerda. El rapero se despide y me dice “Gracias, hermano”.


Luis Torres Montero

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