“Creo que lo que se viene es una colombianización terrible”

“Este premio es una interesante alianza entre la empresa privada y la universidad”, comenta Salomón Lerner Febres, en calidad de presidente del Consejo Permanente del Premio Southern Perú, que este año estrena la Medalla Adolfo Winternitz Wurmser a la creatividad humana. Con este motivo conversa con LA PRIMERA, en una entrevista en la que habla también de sus recuerdos de la CVR, la posible colombianización del VRAE y algunas anécdotas.

| 22 mayo 2012 12:05 AM | Entrevista | 2.5k Lecturas
Salomón Lerner Febres con una artesanía de un preso arrepentido que captura un instante de la época de la violencia política en el Perú.

Más datos

BASES

Las candidaturas para el Premio Southern deben estar respaldadas por instituciones y serán recibidas hasta el 29 de junio. El premio: 20 mil dólares estadounidenses. Bases en: premio.pucp.edu.pe/southern/
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Salomón Lerner Febres, el inolvidable presidente de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), es también presidente del Consejo Permanente del Premio Southern Perú, galardón que premia, intercaladamente año tras año, con la Medalla José de la Riva-Agüero y Osma a personalidades en Humanidades y Ciencias Sociales, y con la Medalla Cristóbal de Losada y Puga a los especialistas en Ciencias Exactas, Naturales y Biológicas, Ingenierías y Tecnología. Este año estrenan la Medalla Adolfo Winternitz Wurmser a la creatividad humana, dirigida a las distintas manifestaciones artísticas como las artes plásticas, las artes escénicas y la música.

La importancia de este premio radica en que “en un país en el cual no hay memoria ni gratitud para la gente se destaque a personas en estos terrenos que parecen tan venido a menos, como son el arte, la cultura, la creación”, dice Lerner Febres: “Es el décimo sexto año en que nos esforzamos por hacer que se reconozca no solo económicamente, sino públicamente, los valores que tenemos. ¿Por qué vamos a esperar primero que aquellas personas que le han dado al Perú tanto prestigio sean premiadas en otros países?”.

SIN INJERENCIAS RELIGIOSAS
—¿No hay injerencia religiosa en este premio?
—No la hay. Este premio se creó hace 16 años y no tiene nada que ver con prejuicios e ideologías. Aquí lo que se toma en cuenta es la obra de una determinada persona, si tiene valor o no, además de la constancia, la permanencia, el aporte. No son nuestras estrellas de la farándula ni la habilidad de nuestros políticos aquello que nos ha hecho conocidos en el mundo y herederos de una cultura milenaria, sino más bien gente que con simplemente inteligencia y creatividad han salido adelante.

—¿Que nuestros políticos y personajes de la farándula ocupen grandes espacios en los medios no es producto también de esta llamada “civilización del espectáculo”?
—Sí, pero se debe a una afinidad. Un político quiere ganar votos, habla con aquel que lo imita en un programa cómico y gana el favor popular; en el fondo, que hay una pobrísima importancia y significado otorgado a la política y a los políticos, y una falta de respeto y banalización por parte de la farándula que se presta a estas cosas.



EL LLAVERO DE LERNER FEBRES
“¿Ve usted esa pequeña cerámica? Eso lo ha hecho un preso en Lurigancho”, dice Lerner, y señala una artesanía que permanece en un librero de su oficina, en el departamento de Humanidades de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). La figura es la de un grupo de mujeres de barro que acaba de encontrar los restos de un desaparecido en la guerra interna. Un lazo de lana blanca los une por el cuello; es la representación del lazo, el puro vínculo entre ellos en el dolor, en su historia común.

Pero no es la única artesanía que lleva consigo. Enseña un llavero, de color perla, que le regaló algún preso arrepentido: en relieve se aprecia el escudo de la PUCP y, al reverso, su nombre: Salomón Lerner Febres. “Me lo entregó un terrorista arrepentido”, dice: “Es un llavero que fue hecho con, entiendo, afecto, porque si no, no se hubiera dado el trabajo. Esto me recuerda que hay personas que se equivocaron mucho, pero se arrepienten; que están purgando culpas, penas, que tienen talento y lo han desperdiciado muchos años”.

Son artesanías menores, pero pertenecen al rubro que será premiado en este año con la medalla Adolfo Winternitz. Al ver estas muestras del recuerdo de lo que fue la guerra interna, surge la siguiente pregunta:

—¿Se viene otra guerra interna en el VRAE?
—Creo que lo que se viene es una colombianización terrible. ¿Qué es lo que saben de política y revolución mundial estos hombres de Gabriel. No saben qué es la dialéctica ni quién fue Marx; nada. Lo que hay es una especie de alianza perversa con la cual los narcotraficantes quieren vestirse de luchadores sociales.

—¿Habrá muertos de los que no sepamos, como en otras épocas?
—Hace treinta años moría la gente y nadie sabía. Ahora, lo terrible es que la realidad se transforme como en México: una guerra entre carteles. Estamos, me temo, camino a eso. Y el problema es que esto se retroalimenta con políticas equivocadas, como sucedió en Colombia, con la constitución de paramilitares, que son, de alguna manera, sostenidos por el mismo gobierno, pero que se van apoderando de las tierras.

—¿Cree usted que las Fuerzas Armadas realicen nuevamente una guerra de “baja intensidad”?
—Yo espero que no. Deben haber hecho un examen de sus acciones pasadas. Hay que educar la inteligencia, no la fuerza bruta. Y tampoco debemos apoyar doctrinas maquiavélicas, como la de que el fin justifica los medios. Lo que uno hace con eso es legitimar moralmente la violencia. Esa es la trampa que puso Abimael Guzmán y en la cual cayó el Estado peruano. Guzmán decía que hay que provocar el genocidio y el Estado peruano hizo eso. Cayó en la trampa. Ahora en el VRAE hay falta del Estado.

PREMIADO GARATEA

—Volviendo al premio Southern, ¿a quién le gustaría premiar a usted?
—Hay muchos que lo merecen y como recién vamos a dar por primera vez el premio, el mensaje de nosotros es que no solo aquel que vaya a ser declarado ganador merecerá recibir este premio, porque solo puede ser uno, sino que habrá otros que no serán galardonados esta vez, pero que lo merecen tanto como aquel que gane. Por ejemplo, hay mucha gente valiosa en el terreno del teatro.

—¿Pueden ser premiados nacionales y extranjeros?
—Siempre y cuando tengan un aporte al país. Solo una vez hemos premiado a un extranjero. Fue un peruanista boliviano que trabajaba el arte virreinal peruano. José de Mesa Figueroa, el padre del que fue presidente de Bolivia (Carlos Mesa Gisbert).

—Si este año correspondiera dar el premio a personalidades en Humanidades y Ciencias Sociales, ¿elegiría al padre Gastón Garatea, nuevo blanco del cardenal Cipriani?
—(Ríe). Por lo pronto, se le ha nombrado profesor honorario de la Católica. La ceremonia todavía no se ha hecho, pero creo que él ya está premiado en el recuerdo de los peruanos en el sur andino, de padres de familia en el colegio La Recoleta, de profesores en esta universidad, de gente con la cual trabajó en la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Es un hombre bueno, honesto; son las paradojas que ocurren en nuestro país.



SIN MIEDO AL PASADO
Recuerdos de la CVR

—¿Qué ha sucedido con los miembros de la CVR: se reúnen?
—Nos reunimos de vez en cuando. Yo los convoco. Hemos tenido unos almuerzos y conversamos sobre la situación del país, y como amigos. Desgraciadamente hay algunos que no pueden asistir. Carlos Iván Degregori murió y justamente estamos conmemorando un año de su partida. El padre Antúnez de Mayolo está delicado. Los demás, incluido el pastor Lay, Alberto Morote, Carlos Tapia, Enrique Bernales, entre otros, todos nos reunimos, y, en fin, medio que nos reímos con cierta dosis de picardía, conversando sobre todas las barbaridades que se dicen en determinados medios de comunicación. Y pensamos en cómo deberíamos aprovechar las oportunidades como ésta para decir al país que no tenga miedo de mirar el pasado, porque es necesario para superarlo. Solo se le supera en tanto se le conoce. Hay una política de olvido. Estamos muy acostumbrados a esas memorias oficiales que nos edulcoran la historia. Cuando yo estudié historia, los incas eran los más sabios y humanitarios de todas las culturas, no había sacrificios humanos. Lo cual es mentira. En la República también estudiamos personajes claros, maravillosos, pero brillaron en medio de una historia terrible de cobardía y traiciones. Esas cosas no se cuentan. Yo estoy leyendo las memorias de Cáceres que aparecen en el semanario “Hildebrandt en sus Trece” y lo que se cuenta ahí, la defensa de Lima, y cómo la gente se escondía, esas cosa no nos la cuentan, no.


Marco Fernández
Redacción


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