“A pesar de la pobreza, se puede salir adelante”

El presidente del Gobierno Regional de Apurímac, Elías Segovia Ruiz, condecoró a ciudadanos ejemplares de Apurímac en diversas ramas del quehacer humano con la recientemente instaurada Medalla José María Arguedas. En esta entrevista con LA PRIMERA, apuesta por los difíciles retos de convertir Apurímac en región agrominera; también, integrar el trabajo de las ONG a los objetivos de la región, y cambiar la mentalidad del acceso al asistencialismo por la de la creación de oportunidades para la población.

| 15 mayo 2012 12:05 AM | Entrevista | 2.5k Lecturas
Elías Segovia Ruiz se plantea nuevos retos como presidente del Gobierno Regional de Apurímac y de la Mancomunidad del Sur.
ELÍAS SEGOVIA RUIZ

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MEDALLA ARGUEDAS

Los apurimeños reconocidos este martes por el Gobierno Regional de Apurímac con la Medalla José María Arguedas en el grado de Ciudadano Ejemplar fueron once: Mateo y Melitón Casaverde Río, David Loza Fernández, Wiley Ludeña Urquizo, Julio Sotelo Sierra, Adrián Huamán Centeno, Luis Bueno Quino, Juan Méndez Osborn, Edward Seleme Chávez, Wilfredo Quintana Alfaro y Hugo Neira Samanez.
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El Gobierno Regional de Apurímac ha instaurado la Medalla José María Arguedas, a 101 años del natalicio del célebre escritor andahuaylino. Once fueron los primeros condecorados en el grado Ciudadano Ejemplar, la noche del martes en el Hotel Marriott de Miraflores, por el presidente del Gobierno Regional de Apurímac, Elías Segovia Ruiz (Abancay, 1959), quien señala que “al condecorar a los hijos destacados del pueblo de Apurímac, queremos darle un mensaje a la juventud de que a pesar de la pobreza, se puede salir adelante, como lo prueban los condecorados. Adrián Huamán Centeno fue claro al respecto. Sus padres eran quechuahablantes analfabetos, y fue el primero en decir que Sendero Luminoso no era un grupo de abigeos, sino un grupo políticamente sostenible en el tiempo, y que se debía combatir políticamente”.

—Lo reemplazaron como jefe militar de Ayacucho por eso.
—Sí, lo botaron, aunque no reconocieron su mensaje que ahora toma vigencia.

—Aunque en su periodo, en 1984, se registró la mayor cantidad de muertos en el lugar, y por eso compareció ante la justicia.
—No. Él acercó el Ejército al pueblo y por ese acercamiento tuvo la descalificación de sus superiores, incluso la del Presidente de la República. Dentro del mando de la lucha de la violencia subversiva diseñó una relación directa de los campesinos, y estableció los primeros grupos de ronderos. Marcó un hito histórico.

—Menos polémicos resultan otros condecorados, como el intelectual Hugo Neira o el músico Wilfredo Quintana, voz y alma del Trío Ayacucho.
—Lo que sabe tiene valor en Francia, en Mozambique, en Australia. Fue interesante lo que dijo Neira, que lo que aprendió de niño es el sostén de su vida. Como dijo José María Arguedas, la peruanidad está sentada sobre la piedra andina.

—¿Qué obra prefiere de Arguedas?
—Como buen apurimeño soy arguediano, y creo que todas las obras son complementarias. Estoy acabando de leer la última obra que Arguedas no pudo publicar en vida, “El zorro de arriba y el zorro de abajo”. Lástima que se haya suicidado, muy joven, a sus 58 años, en la plenitud de sus facultades.

—¿Cómo va la Casa de Arguedas en Andahuaylas?
—En realidad, él no tuvo vivienda; las casas en las que vivió fueron de sus tíos, de su madrastra, de otras personas, y ahí están las casas todavía. Queremos hacer un circuito turístico de la vivencia dentro de Apurímac y Ayacucho. Lo que queremos implementar es un museo natural de la vida y vivencia de José María Arguedas, porque él vivió en Huanipaca, en el fundo Huayu-Huayu, al pie del río Apurímac; luego se trasladó a Abancay, al colegio Miguel Grau; después fue a Puquio, Cora Cora, y luego a Ica, al colegio San Luis Gonzaga, y de ahí a Lima, a estudiar en el Melitón Carbajal. Y después volvió a Andahuaylas.

—¿Qué es la Mancomunidad del Sur?
—Ayacucho, Apurímac y Huancavelica conforman la Mancomunidad del Sur y yo he sido elegido, por un año, presidente de esa mancomunidad. Queremos trabajar en dos ejes fundamentales: la lucha contra la extrema pobreza y desnutrición y el mejoramiento integral de la educación. En el tema educación queremos declarar la zona en emergencia, con propuestas claras en que se involucren padres, dirigentes campesinos, y la autoridad municipal, regional y nacional. Estamos en último lugar de los indicadores de razonamiento matemático y lectoescritura; el 90 por ciento está en niveles inferiores a lo normal. Y en el tema de la lucha contra la desnutrición, no queremos programas asistenciales que generen más pobres, sino que los programas asistenciales estén orientados a la producción, la consolidación de la familia y la recuperación de la dignidad del andino. Asistencia no, oportunidad sí.



—Habrá que cambiarle la mentalidad a las personas adeptas al asistencialismo.
—Estamos, de alguna manera, cambiando la mentalidad de la gente. En el caso de Apurímac estamos declarando la región Apurímac en región agrominera del país. En Apurímac tenemos la mayor reserva de minerales del Perú y también valles interandinos para la actividad agropecuaria. Tenemos que reconocer que en las provincias altas, en las tres regiones, tenemos camélidos sudamericanos.

—¿Usted sí cree que agro y minería pueden coexistir?
—En el caso de Apurímac, hablo solo por esa región, sí puede convivir. Ahora, para que exista agro, lo que genera la minería se debe destinar a infraestructura productiva, canales de riego, carreteras, capacitación, para que puedan acceder al mercado.

—Será una prueba dura. ¿En qué tiempo se verán esos resultados?
—Estamos considerando un año y medio en tener resultados tangibles, sobre la base de la producción redituable.

—Por otro lado, tengo entendido que en 2013 inaugurarán un teleférico hacia Choquequirao, en Apurímac.
—Sí. Estamos viendo eso. En el tema de desarrollo productivo también estamos considerando el asunto de la actividad turística. Para esto ya hemos hecho convenios Apurímac, Ayacucho, Huancavelica, Cusco e Ica, porque el circuito Wari-Chanca-Inca es una alternativa para general nuevos circuitos turísticos. El circuito de Ayacucho viene desde Vilcashuamán, Río Pampa, Huamanga, Andahuaylas, Pacucha, Sóndor, se integra al valle de Abancay con el Ampay, Saywite, el cañón del Apurímac, y Choquequirao, aunándose al circuito que ya se maneja en el Cusco con Machu Picchu, etcétera, y, por otro lado, en Ica, desde las figuras de Nasca, Pampa Galeras, el Valle del Pasa Sachaca, las aguas termomedicinales de Pincahuacho, y se integra al circuito en Abancay camino al Cusco. Y hay otros circuitos que todavía no están trabajados en Cotabambas, Antabamba y Grau, en Apurímac. Hay algo más. Quiero transmitir que en esta mancomunidad deberían tratarnos como un territorio de posguerra.

—¿Cómo así?
— El SNIP, el Sistema Nacional de Inversión Pública, debería ser diferenciado. Los parámetros para aprobar proyectos en el actual SNIP son inalcanzables en Apurímac, Ayacucho y Huancavelica. Por ejemplo, para construir una carretera debe garantizarse 500 vehículos diarios en circulación, y no hay; eso nos imposibilita hacer inversión vial. Y el otro tema es que las fuentes cooperantes tienen que estar en el enfoque de desarrollo que tiene la región. No queremos que las organizaciones no gubernamentales hagan trabajos deliberadamente individuales y que no lleguemos a consolidar una propuesta de desarrollo conjunta. Esto para que la pobreza no se convierta en un negocio.

—Hay víctimas de la violencia política en su zona. ¿Qué tiene planeado para ellos?
—Para nosotros, todos los que han quedado en Apurímac tienen un trauma de la violencia vivida, por eso estamos trabajando un convenio con el Instituto Noguchi en el tema de salud mental y que la autoestima que se ha quebrado se recupere. La forma es incorporar, incluir a la gente más humilde mediante la cultura: la danza, la música, la educación; luego, podemos incorporarlos a ellos como productores o generadores de economía.

—¿Cuántos apurimeños son?
—Hay 450 mil habitantes en Apurímac, y en Lima hay 400 mil apurimeños también.


Marco Fernández
Redacción


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