Vamos, por Lima

Ha llegado el día de ir a votar y asumir nuestra responsabilidad sobre lo que queremos para nuestra ciudad, el espacio donde reposan los huesos de nuestros antepasados y en donde crecerán nuestros hijos y las generaciones venideras; de decidir por el progreso, la institucionalidad y la democracia.

| 17 marzo 2013 12:03 AM | Editorial | 510 Lecturas
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Cada elector optará según su conciencia, sin influencias ni manipulaciones, pero tendrá que hacerlo sopesando hechos y consecuencias, analizando propuestas y propósitos de quienes reclaman el voto ciudadano.

Y deberá hacerlo pensando en el progreso y el desarrollo de la ciudad que, según, convicción ampliamente mayoritaria, requiere sobre todo de preservar la estabilidad y busca fórmulas de consenso para mejorar todo aquello que sea necesario en la administración edilicia de nuestra querida Lima.

Tenemos elementos de juicio que nos permiten ser muy optimistas en que el dictamen de las urnas marchará en esa dirección y dejará de lado el camino de la turbamulta, el caos y la inestabilidad, independientemente de las diferencias de criterio que pueda haber en torno a tal o cual tema municipal, que deben ventilarse en el marco de la tolerancia y la ética política, sin intrigas, mentiras ni manipulaciones burdas.

Sin que ello implique el afán de llamar al voto por una u otra opción, que consideramos respetable y ante las cuales solo el elector debe decidir; nuestro diario tiene un compromiso, y lo reitera, con la necesidad de preservar la estabilidad, más aun en la medida que no hemos visto razones suficientes para un cambio traumático que solo debería proceder ante causas precisas y extremas.

Por el contrario, creemos que la campaña ha dado lugar a nuevos niveles de concertación y al encaminamiento de la solución de los problemas, por lo que alentamos que estos pueden llegar a solucionarse sin la necesidad de tener una sucesión de administraciones precarias.

Muchos celebran ya, por cierto, que la campaña se haya terminado, por la deplorable exhibición que algunos protagonistas han hecho de ofensas, insultos y malas artes, que han causado indignación porque ofenden a la dignidad humana y sobre todo a la inteligencia de los ciudadanos.

La experiencia debería servir para que en el futuro, los pactos éticos sean más efectivos y, sobre todo, que las autoridades electorales ejerzan a cabalidad su obligación legal y constitucional de exigir corrección en la contienda y poner coto a excesos e ilegalidades, como el reparto de volantes cuando el proselitismo ya estaba prohibido o las concertaciones o conspiraciones ajenas a la ética y que hasta orillan la ilegalidad.

Finalmente, queremos dejar constancia de nuestra seguridad de que la ciudadanía sabrá elegir la mejor opción y que la ganadora de la contienda será Lima, evitando un desenlace que pueda traer días negros, por los que tendrían que responder quienes los provocaron.


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