Una solución atinada

El problema de la conducta indebida del embajador de Ecuador en el Perú se ha encaminado a una solución, en el terreno de la diplomacia, sin precipitaciones ni torpezas que algunas personalidades políticas o comentaristas con pocas luces y mucho desconocimiento han reclamado, supuestamente “para acabar de una vez con este asunto”.

| 02 mayo 2013 12:05 AM | Editorial | 774 Lecturas
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Está fuera de duda que el diplomático desvirtuó la respetabilidad de su misión al involucrarse en una riña con dos damas peruanas, sin que sea relevante quién ni cómo comenzó el deplorable incidente, ni hasta qué punto pudo haber sido también incorrecta la actitud de las otras personas involucradas, y solo merece repulsa quien, en cualquier circunstancia, lanza insultos racistas y alza la mano contra una mujer.

Aunque pueda parecer una verdad de Perogrullo, es esencial tener en cuenta que se trató de un problema personal, como bien ha señalado la Cancillería al pedir al gobierno de Ecuador que considere el retiro del embajador y, obviamente, de ninguna manera ha sido una actitud que comprometa al Estado que representa.

Eso ha estado claro desde un primer momento para las opiniones más sensatas y sobre todo para las dos cancillerías, que están de acuerdo en que el incidente no puede afectar de ninguna manera las magníficas relaciones diplomáticas y de amistad y cooperación e integración que con tanto esfuerzo han construido los dos países desde que acordaron poner fin a viejas diferencias que los distanciaban.

Ese debe ser y ha sido, para bien de esas relaciones, preocupación esencial de la diplomacia peruana en el manejo del enojoso asunto, más aún teniendo en cuenta que estamos en un año de importancia particular para la política exterior de nuestro país.

En ese contexto, es correcto haber descartado una declaración inmediata de persona non grata al embajador –que irreflexivamente reclamaban algunas voces impertinentes-, porque esa medida se aplica ante una situación de extrema confrontación entre dos países y no ha sido tomada ni siquiera en los años duros en los que tuvimos situaciones bélicas.

Al haber pedido al gobierno ecuatoriano que considere el retiro del embajador y haberle dado toda la información del caso a su vicecanciller, que ha tenido el gesto de venir con celeridad a Lima para el efecto, el Perú ha dejado en manos del gobierno vecino la decisión de tomar una medida que resulta inevitable y corresponde a las buenas relaciones bilaterales.

Y esa medida no puede ser otra que el retiro de un embajador que no ha sabido comportarse a la altura del honor que le ha sido conferido, de representar a su país, y ha dejado por tanto de merecer esa distinción.


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