Una decisión democrática

El Congreso de la República ha tomado una sabia decisión al autorizar el viaje del presidente Ollanta Humala, a Venezuela, para asistir a los actos de toma de posesión del presidente electo de Venezuela, Nicolás Maduro, en ejercicio de la potestad y el deber que la Constitución Política del Estado confiere al primer mandatario para conducir la política exterior del Perú.

| 19 abril 2013 12:04 AM | Editorial | 633 Lecturas
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Tras un largo y por ratos lamentable –por el bajo nivel que exhibieron algunos legisladores- debate, la razón se impuso sobre la poco sensata actitud de quienes pretendían imponer sus posiciones de animadversión al ganador de los comicios venezolanos.

Hubiera sido deplorable que se impusieran, pues hubiesen puesto al Perú en ridículo internacionalmente y no solo le habrían negado el permiso al Presidente, algo insólito, sino que hubieran impedido asistir (y eventualmente ayudar a distender la delicada situación venezolana) a quien preside actualmente Unasur.

Pretendieron cuestionar las facultades presidenciales, por irreflexivas posiciones partidarias que, por prejuicios políticos e ideológicos consonantes con la injerencia de terceros en la problemática venezolana.

Abiertamente han pretendido los opositores al viaje, condicionar al Presidente para que se someta a sus caprichosas posiciones, que son las mismas de una gran potencia que está interviniendo desembozadamente en Venezuela, como lo ha hecho durante todo el proceso bolivariano por no ser este incondicional a sus designios.

Los motivos de tan insólita actitud, por más que se envuelvan en discursos de pretensiones doctrinarias, se reducen al empeño de pretender que el Perú desconozca los resultados oficiales de los comicios del domingo, ajustados a la legalidad y la institucionalidad del vecino país; es decir, que el Perú se inmiscuya en sus asuntos internos, atentando contra su soberanía y contra el sagrado principio de no intervención.

Si tal despropósito se hiciera costumbre, nos preguntamos qué pasaría si en las próximas elecciones peruanas un candidato que perdiera las elecciones por margen ajustado saliera a ulular buscando el apoyo de países poderosos y la intervención extranjera en problemas que solo corresponde responder a los peruanos. Cuidando la soberanía de los países hermanos, resguardamos también la nuestra.

Es importante señalar que hubo congresistas que, pese a no comulgar políticamente con el gobierno venezolano, tuvieron la encomiable madurez de respetar las facultades presidenciales, en aras de la institucionalidad democrática.

Nuevamente, quienes se reclaman herederos de la dictadura que en los noventa arrasó con la democracia y la constitucionalidad, quisieron erigirse en guardianes de la democracia, sin convencer ni imponer sus criterios, felizmente.


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