Tristeza y esperanza

Este día santo, otrora dedicado a la reflexión y el recogimiento por ser el día en que evocamos el sacrificio de Jesús por los demás, nuestra sociedad oscila entre sentimientos contradictorios de tristeza y de esperanza.

| 29 marzo 2013 12:03 AM | Editorial | 601 Lecturas
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Tristeza y dolor por los excesos de lo que ha ido convirtiéndose en largo, relajadísimo y poco moderado fin de semana y por el fallecimiento de más de 40 compatriotas, víctimas, una vez más, de la informalidad y el caos que reina en nuestras carreteras, donde la muerte campea, sobre todo en estas fechas en que aumentan los viajes entre las regiones.

Nuestra solidaridad con las familias desgarradas por la pérdida de sus seres queridos y nuestro anhelo de que se enfrente con eficacia y resultados el desorden que propicia estas desgracias, lo que corresponde a las autoridades concernidas, que deben aplicar la ley con severidad a los infractores que, en una conducta criminal, juegan con la vida de inocentes pasajeros. Es hora ya de que hagamos algo para que haya orden y respeto a las normas, como corresponde a toda sociedad medianamente civilizada.

Pero al mismo tiempo en este día renovamos la esperanza de que seamos capaces de construir una sociedad peruana justa y equitativa, plenamente inclusiva, en la que el progreso y la prosperidad de unos no se logre a expensas de la pobreza, la enfermedad, la ignorancia y la desgracia de los más; una sociedad que, en palabras del Nazareno, haya expulsado a los mercaderes del templo para tornarse fraterna y justa.

La esperanza es mayor en este día santo, para católicos, creyentes de otras religiones y no creyentes, cuando desde el Vaticano nos llegan la voz y los gestos de un nuevo Papa que parece decidido a la renovación que logre superar el deterioro de la credibilidad de una Iglesia que tiene en sus altas instancias conductas que Francisco y su antecesor han deplorado.

Fundamental en tal sentido son los reiterados llamados del Pontífice a una mayor y más firme identificación de la Iglesia con los pobres. Algo alentador cuando, más cerca de lo que quisiéramos, vemos a quienes debían ser pastores identificados plenamente con los anhelos de justicia de sus pueblos, colocados abiertamente al lado de sectores autoritarios, excluyentes y hasta corruptos, favoreciendo sus intereses y su impunidad.

Es de esperar que el mensaje de Francisco y su acción renovadora calen en la Iglesia y sus decisiones hagan realidad el anhelo mundial de que se transforme y se ponga a la altura del mensaje del Hijo de Dios cuya entrega a la causa de los demás hoy recordamos.

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