Serenidad ante todo

La política exterior peruana de relaciones positivas y fluidas, en torno a intereses comunes, con los países vecinos, ha sufrido en estos días un fuerte remezón por problemas que están evidentemente fuera de las posibilidades de control y sobre todo de la evidente voluntad del Perú de que los importantes vínculos con los países de la región, están por encima de diferencias políticas o ideológicas.

| 05 mayo 2013 12:05 AM | Editorial | 778 Lecturas
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Esa turbulencia ha sido causada por un lamentable escándalo protagonizado por el embajador del Ecuador, cuyo presidente se niega a retirar pese a que su misión en el Perú se ha tornado inviable.

También por una apresurada reacción del mandatario de Venezuela, producto aparentemente de un malentendido en torno a comentarios del Canciller de la República del Perú que no fueron más allá de reiterar la invocación al diálogo y a la tolerancia que ya había planteado la Cumbre de Unasur, con absoluto respeto a la soberanía de Venezuela, cuyos problemas solo podrán ser resueltos por los propios venezolanos, sin injerencias.

Aunque lo sucedido hace que el vecindario se vea alborotado, hay que mantener la calma, pues el Perú no puede darse el lujo de escalar los problemas suscitados ni permitir que se pierdan los valiosos avances logrados, con tanto trabajo, en las relaciones con esos y otros vecinos.

Felizmente, en el caso de Venezuela el presidente de ese país ha completado su información y virtualmente se ha retractado, al anunciar que el incidente ha sido superado y que hay que dar vuelta a la página; sin que haya sido necesaria una respuesta a sus duras declaraciones iniciales, lo que demuestra que la calma y la serenidad son herramientas muy eficaces para remontar turbulencias en las relaciones entre los países.

Es lamentable que las cosas sigan sin mejorar en el caso del mandatario ecuatoriano, que en muchas ocasiones ha demostrado una actitud amistosa hacia el Perú y quien dice apreciar la preservación del alto nivel de relaciones construido por ambas partes, pero que insiste en mantener a su embajador aquí, cuya posición es definitivamente insostenible, por el rechazo de la sociedad.

También en este caso hay que confiar en que la trascendencia de las relaciones Perú-Ecuador prevalezca sobre lo que ha sido un incidente aislado y personal.

Lo menos recomendable es agudizar los problemas o asumir actitudes radicales y de ruptura, como las que pretenden ciertos sectores, en aras de intereses políticos menores y por obsesiones y fobias ideológicas que la ciudadanía de ninguna manera comparte, porque el Perú no puede ver afectadas sus relaciones en el área, en este año crucial, por razones obvias.

Hay que anotar que es lamentable que los problemas reseñados hayan relegado a un segundo plano la trascendente y exitosa reunión “2 + 2”, en la que el Perú y Chile han ratificado su compromiso de acatar y ejecutar lo que dictamine la Corte de La Haya y de impulsar sus relaciones tras ese fallo.


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