Sentido común

En medio de la furia desatada contra el Canciller de la República por quienes parecen obedecer solo a impulsos y prejuicios ideológicos –incluyendo a periodistas que dicen cultivar la objetividad y el análisis desapasionado-, felizmente se escuchan algunas voces sensatas que, sin compartir la política exterior del gobierno, están llamando al sentido común, para que el Parlamento no haga un nuevo ridículo que agrave su ya preocupante descrédito ante la ciudadanía.

| 24 abril 2013 12:04 AM | Editorial | 824 Lecturas
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Dos parlamentarios de tiendas opositoras han manifestado su desacuerdo rotundo con la interpelación al ministro que impulsan los elementos más radicales de la oposición, irritados porque las cosas en Venezuela no están saliendo como hubieran querido, porque no pudieron impedir que la mayoría congresal apruebe el viaje del Presidente de la República a la toma de posesión del presidente de ese país y porque Unasur, como el resto de la comunidad internacional, reconoció la elección del mandatario vecino.

Ambos legisladores comparten la crítica a esos hechos consumados, pero dan fe de que el ministro no engañó a la Junta de Portavoces, como sostienen sus detractores.

Y uno de ellos ha señalado que no resulta pertinente ni tiene sentido que se interpele o censure al Canciller de la República, porque la razón de fondo sería que el jefe del Estado viajó a Venezuela, lo que carece de sentido en lo absoluto, porque lo hizo en uso de la autorización que le dio el Congreso.

Ha señalado igualmente que resulta contradictorio que, por haber perdido la votación que decidió ese permiso, la oposición se quede paralizada en el tiempo y siga sumergida en la discusión de un tema ya terminado.

Otro parlamentario y vehemente opositor ha reconocido que sería un disparate interpelar al Canciller porque solo se le puede interpelar por un acto reciente que corresponda al ejercicio de su función y no hay ninguno que se le pueda cuestionar.

Los sólidos argumentos deberían ser escuchados por los febriles promotores de la interpelación, entre otras cosas porque el Canciller es solo el ejecutor de la política exterior, como ya hemos dicho, y la política exterior la decide el Presidente de la República, lo que es su potestad exclusiva, según la Constitución Política del Estado.

Haría bien el Congreso en dedicarse a temas de mayor interés, trascendencia y urgencia para el país, en lugar de dejarse llevar por maximalismos influenciados por intereses extranjeros y azuzados por quienes carecen de credenciales democráticas y más bien añoran a la dictadura que reivindican sin rubor alguno.

Seguir adelante con la insensatez y querer lanzarse contra el Canciller, puede además afectar irremediablemente las relaciones entre partidos democráticos y dañar la estabilidad que tanto le ha costado construir al pueblo peruano.

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