Secuencia del caso Repsol

Cerrado ya el capítulo de la posible compra de un paquete accionario de Repsol Perú, resulta interesante reconstruir la secuencia del desarrollo del tema, sobre todo en los medios de prensa partidarios del neoliberalismo a ultranza.

| 03 mayo 2013 12:05 AM | Editorial | 1.1k Lecturas
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El asunto comienza con la publicación de trascendidos en medios de comunicación de esa tendencia, que no son ni confirmados ni negados por el gobierno, a lo que sigue la publicación de la noticia de que el presidente de Repsol se había reunido con el primer mandatario del Perú y le había propuesto que el Estado compre el paquete mayoritario de acciones de la operación de la empresa en el Perú.

De ahí en adelante se confirma oficialmente lo que son tanteos por iniciativa de Repsol y se desata un vendaval contra lo que era solo una posibilidad. Una oleada de furibundas críticas que llega a extremos de sostener que el país marcha inexorablemente al chavismo, a una dictadura populista perpetuada y otras historias de política ficción.

En ese contexto, el ministro de Economía primero y el Presidente de la República después, además de la Primera Dama, precisan que la oferta existe, que el Estado peruano había manifestado interés en conversaciones confidenciales con Repsol y que la compra solo se haría, en caso de convenir en términos técnicos y económicos, a los intereses del país y no a intereses privados.

La algarada “anti-estatista” se intensificaría luego, acrecentado su furor por la reglamentación de la Ley de Fortalecimiento y Modernización de Petroperú, y exigiendo en forma intolerante al gobierno que no piense siquiera en la adquisición.

Finalmente, Petroperú anunció la decisión de descartar la oferta de venta del paquete accionario de Repsol, que había tomado esa iniciativa, no el gobierno.

En la síntesis de la historia, los análisis políticos se dividen entre los conservadores que celebran haber obtenido algo así como una victoria al obligar al gobierno a desistir de la compra, y las posiciones de izquierda, que hablan de un retroceso bajo presión conservadora.

Lo extraño es que los comentaristas y opinadores que sobredimensionaron y convirtieron en un “fantasma estatista” lo que era solo una posibilidad de compra estatal, terminen diciendo que el gobierno creó la angustia económica que ellos decían padecer, cuando la iniciativa de resaltar el tema y convertirlo artificialmente en una crisis, fue de ellos.

Y hasta dicen que, si al final no iba a comprar, el gobierno no hubiera dicho nada; cuando fueron ellos los que exigieron un pronunciamiento y hasta reclamaron porque el tema se mantenía en la reserva propia de las negociaciones preliminares.

Lo triste de la historia es que nadie cree en una radicalización del gobierno o una estatización de la economía y que en el episodio terminado los fundamentalistas del mercado mostraron parte de lo que son capaces para presionar al gobierno en función de sus posiciones.


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