Se cayó la campaña

La campaña fujimorista que pretende, casi siempre mediante subterfugios, golpes efectistas y presiones, victimizar al condenado de la Diroes a fin de obligar al Presidente de la República a indultarlo, había tenido algún efecto, sobre todo aprovechando la sensiblidad ciudadana.

| 26 marzo 2013 12:03 AM | Editorial | 521 Lecturas
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La campaña entró en una fase decisiva en octubre, cuando fue presentada la petición de indulto presidencial humanitario, por los hijos del reo, que, altanero, se negaba a solicitarlo porque, obviamente, ello equivalía a aceptar la culpa; aunque finalmente tuvo que suscribir la petición.

De ahí en adelante no se limitaron a esperar el perdón, que es una gracia, una dádiva; sino que la exigieron como si fuera un derecho, con arrogancia, con provocaciones, tratando de arrinconar al gobierno, filtrando fotos lastimeras, regando supuestas afecciones o magnificando las reales.

Sufrieron duras derrotas con la publicación en la prensa de fotos y un video sobre lo cómodo que está el condenado en la exclusiva cárcel, cumpliendo una condena, no hay que olvidarlo, por crímenes de lesa humanidad y corrupción. Así se desbarató buena parte de la campaña, a la que daba aire un coro mediático que añora la reivindicación de la dictadura de los 90.

Una de las maniobras más notorias del preso y su entorno fue negarse a que sea examinado por la junta médica encargada de verificar su estado, pues el pedido de indulto alegaba que sufría diversos males, sobre todo cáncer, algo que pusieron en duda reputados profesionales.

Exigían una junta médica a su medida, con la participación de médicos designados por el preso, algo que nunca ha ocurrido en casos análogos. Demoraban el procesamiento del indulto con la absurda exigencia y con altanería acusaban a las autoridades de ser ellas las culpables de la demora, por no acceder a su capricho.

Su demanda fue parcialmente atendida al admitirse la presencia de dos de sus médicos, pero solo como observadores, y el preso no tuvo más remedio que someterse al examen de los profesionales, que dictaminaron, en otras palabras, lo que sabían médicos y periodistas que siguieron con seriedad el caso: que sufre displasia (ulceración) recurrente en la lengua, pero no cáncer.

Desesperados porque ha caído estrepitosamente su tinglado, ahora los fujimoristas pretenden imponer su lectura sesgada del informe y el dictamen dividido sobre la depresión que, como todo preso, sufre su mentor.

Los que hace muy poco juraban que el preso se estaba muriendo, ahora niegan haber dicho que su estado fuera terminal. Pero la mentira ha quedado al desnudo y el indulto, según opiniones generalizadas, parece definitivamente inviable.

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