Paz para un pueblo hermano

El pueblo hermano de Colombia ha expresado masivamente, en las calles, su decisión de caminar la ruta de la paz, a fin de poner término a una guerra interna, sangrienta y compleja, iniciada hace ya seis décadas, y ha respaldado en tal sentido las conversaciones de paz que mantienen representantes del gobierno y de las FARC, negociaciones que el Perú oficialmente alienta y que se desarrollan en La Habana, Cuba.

| 11 abril 2013 12:04 AM | Editorial | 526 Lecturas
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La movilización, ferviente y multitudinaria, reunió al gobierno, los mandos militares, exguerrilleros, artistas, profesionales, trabajadores y otros sectores, unidos en un haz patriótico, abrazados en el común afán de cesar enfrentamientos y construir juntos un futuro de progreso y tranquilidad.

Colombia entera rechazó en forma tácita las maniobras de sectores extremadamente conservadores que encarna un expresidente –cuyos homólogos locales suelen presentar como demócrata ejemplar- contra las negociaciones de paz, que pretenden que siga y se intensifique la guerra, bajo la cual han medrado políticamente, a la sombra de la corrupción y el narcotráfico.

Esos sectores recalcitrantes representan a los grupos tradicionales de poder que no quieren que sus privilegios sean afectados por las reformas planteadas en la mesa de negociaciones, para eliminar de raíz, las causas profundas, sobre todo sociales del fratricida conflicto. Son aquellos que en todas partes se ciegan criminalizando y militarizando los problemas de fondo, sin tener el valor, la generosidad y la inteligencia de buscarles soluciones valederas.

Los peruanos debemos respetar el derecho de los colombianos a solucionar soberanamente sus problemas, sin injerencias externas que en las últimas décadas solo han servido para agravar el conflicto y llevarlo a un callejón sin salida, del que va saliendo por la vía del entendimiento, con una agenda de conversaciones que prevé el problema de la tierra, el narcotráfico, las víctimas de la guerra y la inserción política legal de las FARC.

El sentimiento del pueblo colombiano y su anhelo de un acuerdo de paz duradero y una cabal reconciliación, se han hecho sentir también en Lima, donde los nacionales de ese país radicados entre nosotros se unieron en una oración por la paz.

Es significativo que el embajador del país vecino, habiendo sido varios años rehén de las FARC, no solo se mantiene al margen de las posiciones belicistas contrarias a las negociaciones de La Habana y convocó a sus compatriotas a orar por la paz, sino que dijo que hay que perdonar y construir la paz que tanto necesita su país.


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