Mundo al revés

En estos días de escándalos de posible corrupción que golpean a dos expresidentes y algunos actores secundarios de la escena política nacional, hay una fuerte dosis de confusión que políticos descalificados y ligados a prácticas reñidas con el correcto uso del poder, aprovechan para disimular sus pecados y cuentas por pagar y hasta pretenden erigirse en implacables defensores de la moralidad y luchadores anticorrupción.

| 27 mayo 2013 06:05 AM | Editorial | 3.6k Lecturas
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La confusión creada la aprovechan además, como hemos visto en estos días, dirigentes y parlamentarios del grupo político que, a diferencia de otras fuerzas con programas y propuestas definidas, solo tiene como razón de ser la justificación y la reivindicación de un régimen marcado por la corrupción y la violación de los derechos humanos, y la búsqueda de la impunidad para su principal líder.

Con semejante ADN, con tales antecedentes, pretenden presentarse como defensores de la democracia y la lucha contra la corrupción y actuar como celosos fiscales acusando a otros, generalmente, sin pruebas ni sustento, por ilegalidades como aquellas de las que no terminan de dar cuenta, como no terminan de explicar signos exteriores de riqueza que exhiben sin rubor cuando es evidente que ni siquiera tienen la edad suficiente para haberla acumulado con esfuerzo propio.

En cuanto a los políticos tradicionales, el mejor favor que le pueden hacer a la democracia es encarar las situaciones a las que los han llevado errores o acciones contrarios a la ley y esclarecer con humildad sus problemas, sin arrogancias ni subterfugios, de los que la ciudadanía ya está cansada de tanto escándalo y tanto engaño, y cada vez es más difícil engañarla con golpes de efecto que solo sirven para sacar de la actualidad y sumir en el olvido casos de corrupción que merecen castigo.

La sola insinuación de que la revelación de esos casos o su investigación y su impacto en la población, en vez de ayudar al combate a la corrupción –inclusive si la inocencia de los acusados sale airosa tras una investigación a fondo- puede desestabilizar o dañar a la democracia, suena más bien a una invitación a un pacto de blindaje mutuo que a nada bueno conduce y que aHondará el abismo cada vez más profundo que separa a los partidos de la sociedad.

Será pues la impunidad la que causaría un grave deterioro de la democracia, pues haría que los ciudadanos pierdan confianza en ella y sobre todo no sienten obligación alguna para defenderla. Y, peor aún, ese descreimiento muy frecuentemente se traduce en la creación de condiciones para el surgimiento de proyectos nada democráticos que pueden sumir al país, otra vez, en días de vergüenza y dolor.


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