La democracia de duelo

La unanimidad del reconocimiento a la trayectoria, la consecuencia, el patriotismo, la sencillez y la frugalidad que caracterizaron al líder aprista Armando Villanueva, constituye, junto a los homenajes del gobierno y el Congreso de la República, una reivindicación a quien dedicara la vida entera a sus ideas y a la democracia.

| 16 abril 2013 12:04 AM | Editorial | 541 Lecturas
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Tal rectitud es algo poco frecuente en estas épocas de inconductas y de devaluación de los valores de atruismo y servicio público como contenido de la política; tiempos en los que menudean el transfugio y el uso del poder en función de ambiciones e intereses ajenos a la ética, como la corrupción.

El reconocimiento general es también un desagravio del país a quien, por rebelarse contra las injusticias y contra el secante y excluyente sistema político oligárquico de la primera mitad del siglo, fue perseguido, encarcelado y desterrado, así como satanizado y motejado de “terrorista”, lo que alimentó a una leyenda negra que lo identificaba con la violencia, junto a una sucia manipulación del patriotismo de los peruanos, que lo denostó cuando fue candidato presidencial.

Lejos del resentimiento, del lamento o la paranoia, Villanueva se caracterizó por promover el diálogo y la búsqueda de consensos como práctica democrática y los ejerció al mantener amistad e intercambios de ideas con políticos de todas las tiendas, siendo respetado y estimado como una figura que estaba al margen de las pasiones y los enconos, aun por fuerzas adversas al aprismo y hasta en los momentos de mayor confrontación.

Combatió resueltamente a la dictadura de los 90, pero no dudó ni un instante cuando, tras la Guerra del Cenepa, recibió el encargo de ese gobierno de exponer en países vecinos la posición justa del Perú en aquel conflicto y sobre las diferencias históricas con Ecuador, hoy felizmente superadas.

Su preocupación por el país se vio reflejada en sus últimos días, con reflexiones, que su familia ha revelado, sobre la necesidad de consensos en torno a temas como la concertación para hacer frente al problema de la inseguridad ciudadana y el analfabetismo, y con su llamado a que no haya persecución entre demócratas, más como invocación que como denuncia, algo acorde con su estilo.

Fiel a su militancia, el último de los líderes históricos del Apra apostó por la renovación de su partido, como lo dijo en una reciente entrevista televisiva en la que parecía presentir su muerte, pues pronosticó que en dos o tres años el Apra volverá a ser la primera fuerza política organizada y dijo él no lo llegaría a ver, añadiendo que, de haber otra vida, desde ella “aplaudiré a los nuevos dirigentes del partido”.


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