Extremos peligrosos

Está llegando a extremos inaceptables la algarada que han desatado quienes buscan trasladar al Perú la confrontación política venezolana y pasarle la cuenta al Presidente de la República y al Canciller porque la comunidad internacional –Unasur, OEA, la Unión Europea, etc.- ha reconocido, con aisladas excepciones, la legalidad de la elección presidencial en ese país.

| 23 abril 2013 12:04 AM | Editorial | 651 Lecturas
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La ofensiva no solo le falta el respeto al Presidente de la República, con acusaciones de un supuesto radicalismo “potencial” que los denostadores saben perfectamente que no existe, sino que pretende cuestionar abierta y agresivamente la política exterior, invadiendo los fueros del jefe del Estado, único con capacidad de decisión para manejarla y mantenerla dentro de las líneas de la diplomacia histórica del Perú.

A ello se ha añadido la pretensión de interpelar y hasta censurar al Canciller, porque supuestamente no dijo la verdad cuando en una reunión confidencial les habría expuesto a los portavoces de las bancadas la necesidad de que el Congreso le otorgue al primer mandatario permiso para ausentarse, por si decidiera viajar a Venezuela, lo que finalmente hizo tras la declaración unánime de los gobernantes de Unasur, de derecha, izquierda y centro.

Los cuestionadores rompen la confidencialidad de la reunión, algo que dice poco de su seriedad, y actúan con ventaja, porque saben que el Canciller no puede hacer lo mismo; y, en el colmo de su radicalismo conservador, han llegado a decir que poco les importa el impacto negativo que censurar al ministro puede ocasionar a la necesidad de mantener la cohesión interna y la continuidad en la Cancillería, cuando estamos a un par de meses del fallo de la Corte Internacional de La Haya, que puede derivar en tensiones para las que hay que estar preparado.

Resulta patético que al cargamontón –pocas veces un término coloquial tan atinado- se haya sumado la lideresa de un partido que se preciaba de ser oposición constructiva y proactiva y que ha asumido derechismo extremo, digno de los años oscuros de la Guerra Fría.

De esa manera, está echando por tierra la imagen centrista de ponderación y conciliación, que había ganado en amplios sectores, al distanciarse de su tradicional posición conservadora y entenderse con fuerzas de izquierda en la batalla contra la desestabilización del municipio limeño. Todavía está a tiempo de enmendar rumbos y retomar el camino de la modernidad democrática.

Es de esperar por otra parte que un partido aliado del gobierno no caiga en la tentación de dejarse arrastrar por el extremismo que alientan y aplauden quienes añoran la dictadura de la corrupción y la ilegalidad y pretenden hacerse pasar por demócratas.


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