Espectáculo lamentable

Las tensiones del encrespado panorama político estallaron ayer en el hemiciclo parlamentario, con características tales que se han traducido en un mayor deterioro de la imagen del Congreso de la República, una institución esencial que, por representar al pueblo y tener la elevada misión de legislar y fiscalizar, debería preservar su respetabilidad como pieza maestra del sistema democrático.

| 05 abril 2013 12:04 AM | Editorial | 1k Lecturas
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La actuación de legisladores gritando desaforadamente y politizando temas en forma arbitraria, por evidentes intereses políticos egoístas y menudos, relegó a un segundo plano lo que debería ser una labor objetiva y profunda de esclarecimiento de las acusaciones de corrupción e irregularidades del anterior gobierno, agudizadas con el caso de la libertad de presos que habrían sido condenados por delitos graves.

El hecho que tal pesquisa haya derivado en una confrontación política fue lo que esta vez convirtió al Parlamento en una especie de ring de lucha libre verbal en el que los contendores apelaron al insulto y a las alusiones personales, algo que puede llevarnos a la conclusión de que son plenamente justificados los índices deplorables de aprobación que el Poder Legislativo tiene en la ciudadanía, según todas las encuestas.

Los legisladores deben preocuparse por esa situación, producto además de frecuentes escándalos e irregularidades cometidos por algunos de ellos, sobre todo en esta fecha en que recordamos una de las jornadas más negras de la historia política reciente, el autogolpe del 5 de abril de 1992.

Aquella vez, la dictadura recién instaurada utilizó como coartada de su atentado contra la democracia el descrédito en el que se había hundido el Congreso de la República, por frecuentes escándalos y bataholas, que devaluaron a ese poder del Estado de manera tal que cuando los parlamentarios demócratas que resistieron valientemente el asalto y llamaron a la ciudadanía a defender la democracia, no encontraron eco inmediato.

A tal extremo había llegado la devaluación del Legislativo, que una encuesta posterior al cuartelazo fujimontesinista evidenció que, de las medidas de la naciente dictadura, la más aplaudida era el cierre del Congreso.

Tuvieron que pasar años para que el pueblo reaccione y reclame el Estado de Derecho hasta comenzar a recuperarlo con la vergonzosa fuga del dictador a Japón.

Dicen que la historia no sirve solo para ilustrarnos sobre el pasado, sino y sobre todo para no repetir los errores y para construir un futuro mejor. Ojalá así lo entiendan nuestros congresistas y empiecen por moderar sus discusiones y las desarrollen con altura y civismo.


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