Escalada de excesos

Es lamentable que la escalada de excesos de sectores irreflexivos y en algunos casos carentes de representatividad o conocimiento de la complejidad de la diplomacia, esté convirtiendo el importante tema de nuestras relaciones internacionales, que ameritan cerrar filas en defensa de los intereses peruanos, en un tema de discusión panfletaria y de ingrediente de política interna.

| 07 mayo 2013 12:05 AM | Editorial | 2.5k Lecturas
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La situación ha llegado al extremo vergonzoso que una comisión parlamentaria que, por la importancia del tema, debería tratarlo con sobriedad y moderación, haya sido escenario de una algarada de la que todos son responsables, pero sobre todo aquellos que, con tal de arrinconar al contrario, no les interesa afectar la política internacional del Estado peruano, si con ello sirven además a posiciones de cerrazón ideológica y sirven a intereses contrarios a los del país y de la región latinoamericana.

Lejos de contribuir con actitudes reflexivas y con la búsqueda de consenso a aliviar tensiones y dejar las soluciones en manos de los especialistas y del Ejecutivo, al que la Constitución asigna la responsabilidad en materia de política internacional; se reclaman defensores de la dignidad del país, frente a gobiernos a los que detestan y denostan en forma permanente, por su fanatismo ideológico, aun antes de los impasses lamentablemente producidos en las últimas semanas.

Incluso llegan a tratar con desdén al argumento de que el Perú debe cautelar sus relaciones con todos los vecinos –y por ende superar cualquier problema con ellos-, para esperar en las mejoras condiciones diplomáticas posibles el fallo de la Corte Internacional de La Haya, previsto para las próximas semanas, sin conflictos ni enfriamientos que en nada nos favorecen.

Felizmente, desde diversas tiendas políticas surgen voces que llaman a la sensatez y piden que los problemas con dos de nuestros vecinos no sean exacerbados por la pasión política y plantean que hay que dejar que los canales y modos de la diplomacia, que suponen discreción y serenidad, encuentren el camino de la normalización de nuestras relaciones con esos países hermanos, sin intemperancias ni excesos verbales ni políticos.

Esas voces atinadas señalan que el tumulto protagonizado por un embajador en un supermercado no puede ni debe afectar nuestras relaciones con un país al que nos unen intereses comunes y relaciones de hermandad y mutuo beneficio; y que los excesos verbales de un gobernante, que por lo demás se ha rectificado y pedido dejar atrás el entredicho, tampoco puede dañar los importantes vínculos con su país.


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