Elecciones en Venezuela

Los venezolanos acudirán este domingo a la elección número 18 en menos de 15 años, en las que optará por la continuidad del modelo político y de desarrollo iniciado por el fallecido presidente Hugo Chávez, o por un retorno a formas políticas tradicionales de las que esa sociedad parece haberse alejado, según lo observado en las multitudinarias muestras de adhesión y fervor por Chávez y su proyecto, que nos mostró la televisión en las honras fúnebres.

| 12 abril 2013 12:04 AM | Editorial | 632 Lecturas
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Los medios de comunicación y los políticos contrarios al llamado modelo chavista consideran que esas demostraciones eran solo epidérmicas y producto de la solidaridad que motiva la muerte de un líder, y apuestan a que, habiendo desaparecido del escenario Chávez, y asumiendo que este no sería más que un caudillo irreemplazable, el proceso que él inició estaría destinado a terminar.

El candidato señalado como sucesor político por el propio Chávez, sin embargo, advierte que la llamada revolución bolivariana ha calado en el pueblo, por sus medidas de beneficio a las mayorías, y que el líder fallecido sigue vigente y es el inspirador de sus seguidores que están decididos a defender y desarrollar su obra.

En esa medida, es respaldado como continuador del liderazgo del fallecido gobernante y así lo reflejan la mayoría de las encuestas, entre las que solo una proyecta como ganador al candidato al que hace seis meses derrotara en forma clara Chávez. Por ello no debe llamar a sorpresa que resulte triunfador el favorito.

La decisión que tome el pueblo venezolano, sea cual fuere, debe merecer nuestro respeto y nuestra comprensión, en acatamiento civilizado de los principios de soberanía y de libre determinación de los pueblos; es decir por el mismo respeto que exigimos a los países vecinos y a los del mundo entero para las decisiones nacionales, que solo competen a los peruanos.

Debemos pues ver lo que suceda este domingo en Venezuela con amplitud de criterio y sin las ojeras que nos imponen campañas de satanización o simplificaciones que generalmente no se basan en un estudio profundo de la realidad venezolana, del devenir histórico del país de Bolívar y de sus peculiaridades políticas y hasta culturales.

Esas campañas más bien están inspiradas en animadversiones o en una subordinación a intereses ajenos a América Latina que, felizmente, no han podido arrastrar al Perú a una polarización regional indeseable y contraria al espíritu de unidad en la diversidad que cada vez con más fuerza se impone en la región.


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