Dolor por Venezuela

La negativa del candidato opositor a reconocer los resultados oficiales de la elección del pasado domingo ha creado en Venezuela un clima de tensión y confrontación que le ha costado al hermano pueblo de Bolívar siete valiosas vidas de gente del pueblo, gente que solo festejaba el triunfo, aunque ajustado, del candidato oficialista, cuando hordas llenas de odio y sed de sangre dispararon contra ellos.

| 17 abril 2013 12:04 AM | Editorial | 543 Lecturas
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Hay también decenas de heridos, entre ellos uno que fue, salvajemente, quemado vivo, y fueron atacadas casas de militantes oficialistas y centros médicos, luego que un periodista azuzador sembró con criminal irresponsabilidad la falsa especie de que en estos los médicos cubanos colaboradores y venezolanos tenían escondidas ánforas.

Compartimos el dolor de los venezolanos por las trágicas pérdidas sufridas por el odio y la irracionalidad que rechazan a la madurez y el civismo para encauzar las diferencias en un marco constitucional, con acatamiento de las reglas de juego aceptadas por todos previamente.

Y hacemos un llamado a la paz y a la solución pacífica y ajustada a la ley, de las diferencias entre los venezolanos, y a que no vuelva a derramarse sangre de ese pueblo hermano.

El hecho de que el margen del triunfo del ganador sea estrecho no debe romper esa regla de convivencia y de competencia civilizada. Las reglas de juego se cumplieron y el tribunal electoral, único que puede decidir cuándo y cómo proclama un ganador y cuándo este debe asumir el cargo, ha dicho su palabra.

Por eso los países latinoamericanos, de disímil ideología, unos cercanos y otros distantes del proceso bolivariano, han coincidido en reconocer el resultado oficial y saludar al vencedor –no reconocer, porque ya no existe en las relaciones internacionales la figura del reconocimiento, pues cuando surge un nuevo gobierno las naciones simplemente continúan normalmente las relaciones o las interrumpen o reducen el nivel de las mismas.

Gobiernos afines al venezolano, como los de Bolivia, Ecuador o Cuba, así como ideológicamente contrapuestos, como los de México, Colombia o Chile, han coincidido con nuestro país en saludar a quien fue proclamado ganador por la autoridad a la que constitucionalmente corresponde hacerlo.

Eso se llama respeto a la soberanía y al principio de no intervención, principios pilares de la convivencia internacional que deben tener en cuenta quienes por anteojeras ideológicas o sometimiento a posiciones internacionales ajenas a los intereses peruanos, reclaman porque el gobierno no asume una posición diferente a la que mantiene en este caso, y hasta apoyan o callan ante una gran potencia que abiertamente apoya al candidato opositor, en un acto de injerencia inadmisible que solo puede agravar la situación.

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