Día de reflexión y de esperanza

Muchos le llaman Día del Trabajo, pero en realidad es el Día de los Trabajadores, el día en que se recuerda las luchas que a lo largo de la historia han librado los obreros para hacer más democrática la sociedad y más soberana a la Patria; el día en que evocamos a los mártires caídos con altruismo en esas luchas históricas.

| 01 mayo 2013 12:05 AM | Editorial | 825 Lecturas
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Por eso es una jornada de reflexión sobre la deuda pendiente con los trabajadores, que en el Perú estuvieron entre dos fuegos durante la época de la subversión; perseguidos, secuestrados y asesinados con la falsa acusación de terrorismo, por defender sus derechos; cruelmente asesinados por no querer sumarse a una causa de violencia demencial y por defender sus formas históricas de heroica lucha social.

La deuda por pagar se debe a que la dictadura de los noventa despojó a los trabajadores de sus conquistas alcanzadas a lo largo de decenios de lucha, hasta sumirlos en la precariedad laboral; tema pendiente de la democracia y la justicia, y no de ningún proyecto radical, como cada vez que se habla de derechos de los trabajadores afirman aquellos que creen que pueden congelar el reloj de la historia.

Se trata de una deuda que se acrecienta día a día, pese a los esfuerzos y avances logrados, y no será saldada hasta que sea posible que en el país haya salarios dignos, seguridad y plenos derechos que nos hagan una sociedad sobre todo más democrática, en la que todos nos sintamos ciudadanos, compartiendo los beneficios del desarrollo, en una sociedad segura con la que sus miembros se sentirán comprometidos.

Es sobre los hombros de los trabajadores, los asalariados, los emprendedores que perdieron el empleo y pudieron salir adelante, los labriegos, los profesionales, que descansa el crecimiento económico del que tanto y con tanta razón nos enorgullecemos.

Ese crecimiento se ha ganado con inversión, ciertamente, pero no hubiera sido posible sin el esfuerzo laborioso de los peruanos, trabajando siempre más allá de la jornada de ocho horas que los obreros y el género humano conquistaron como estadio superior de civilización: ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso y ocho horas para la cultura y la recreación, bandera de los viejos luchadores que volverá a hacerse realidad más temprano que tarde.

La certeza de que la deuda con los trabajadores será pagada, de que los trabajadores han sido siempre capaces de grandes logros, le da también a este día un contenido de esperanza en un futuro mejor, que debe llegar más temprano que tarde, para bien de la sociedad y de la Patria.


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