Desafíos para el Congreso

Es lamentable que el Congreso de la República se enfrasque en debates absurdos y nada útiles para el país, a partir de suposiciones, especulaciones o manipulaciones políticas, con objetivos nada edificantes de servir a intereses partidarios o particulares, dejando de lado el cumplimiento de obligaciones que, de manera indirecta, la población que eligió a los parlamentarios, le reclaman mediante la constante reprobación que el Poder Legislativo registra en las encuestas de opinión ciudadana.

| 29 abril 2013 12:04 AM | Editorial | 710 Lecturas
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Para esta semana está prevista una especie de rendición de cuentas de agenda libre de los integrantes del gabinete ministerial, en la que los legisladores podrán pedir informes o explicaciones sobre la labor que cumplen quienes secundan al Presidente de la República en la conducción del Estado y del país.

Es de esperar que tal comparecencia, prevista por la Constitución y que debiera ser un espacio de diálogo y de información ilustrativa, en términos alturados y democráticos, no se convierta en una nueva demostración de la intemperancia, el sectarismo y la algarada, que con frecuencia desvirtúan los debates parlamentarios, forma nada cívica de ejercer el deber de representar al pueblo, legislar y fiscalizar que la Constitución y la voluntad popular le han fijado a los parlamentarios.

Sería deplorable, que se traslade al encuentro del viernes, el debate obsesivo y de pocas luces que cubre hoy los espacios de la prensa, sobre todo la que se identifica a rajatabla con las posiciones conservadoras o añorantes de tiempos dictatoriales

Esa presentación ministerial debe ser más bien una oportunidad para que nuestros legisladores se reivindiquen ante sus electores y presenten las inquietudes reales de éstos, sin crear polémicas artificiales y lejanas del sentir popular.

Con el mismo ánimo, el Parlamento tiene que abocarse ya al cumplimiento de su agenda pendiente, que incluye ampliar el plazo de trabajo de la Comisión que investiga los posibles casos de corrupción registrados durante el anterior gobierno, y debatir y buscar consenso en torno a otros temas cruciales.

Las reformas electorales, que deberán estar orientadas a perfeccionar ese mecanismo de consulta ciudadana básico de la democracia, y la legislación sobre los partidos políticos, para su mayor democratización, destacan en esa agenda.

También, por cierto, tienen pendiente los legisladores el cumplimiento de la obligación de concertar posiciones, sin sectarismos ni cálculos mezquinos, de designar a quienes cubrirán los cargos vacantes de Defensor del Pueblo, jueces del Tribunal Constitucional y miembros del directorio del Banco de Reserva.

Es nuestro deseo que, por el bien del país y de la democracia, el Congreso esté a la altura de esas tareas.


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