Conjunción de voluntades

La polémica que se ha desatado en torno al proceso de revocación y la legalidad de su génesis, así como las discusiones y especulaciones en torno a quién ganó y quién perdió –que los revocadores fracasados en el empeño de defenestrar a la alcaldesa aprovechan para disimular el revés sufrido– no deben impedir lo fundamental que, reiteramos, es la búsqueda de concertación política y consenso entre quienes integran el gobierno municipal de la ciudad, en aras de mantener una administración eficiente y seguir la senda de progreso y desarrollo en la que nuestra ciudad está empeñada.

| 20 marzo 2013 12:03 AM | Editorial | 818 Lecturas
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Independientemente que haya –como todo lo indica– o no concejales revocados o de cuántos y de qué partidos sean, las fuerzas políticas presentes en el concejo municipal limeño deben reunirse lo antes posible y establecer los términos del gobierno de ancha base ofrecido por la alcaldesa, con los concejales que hayan salido airosos de la consulta ciudadana del domingo y los accesitarios que deberán cubrir las vacantes dejadas por los revocados.

No será precisamente lo mejor que los concejales que ya estaban familiarizados con la administración municipal –y que eventualmente podrían actuar en adelante en la misma como técnicos– sean reemplazados por quienes a todas luces son cuadros políticos a los que costará trabajo adaptarse a sus nuevas responsabilidades.

Pero es urgente e imprescindible la tarea de administrar nuestra caótica megalópolis, tan necesitada de acciones para su ordenamiento, progreso y desarrollo, así como el avance de las reformas en marcha, que ni siquiera la caterva revocadora se atrevió a cuestionar.

Y para ello necesitamos la conjunción de voluntades de los concejales y de las agrupaciones políticas que los representan. Aunque pueda sonar idílico, ello requiere de renunciamiento, de evitar aprovechar eventuales ventajas ganadas, de evitar posiciones irreductibles; todo en aras del bien de la ciudad y de sus sufridos habitantes.

Pero también organización, reparto de responsabilidades y de trabajo.

Hay quienes han ido más allá y piensan que inclusive para las absurdas e indeseadas elecciones complementarias de noviembre próximo se debería presentar una lista de las fuerzas que apoyaron el no unidas, para continuar el gobierno municipal de ancha base planteado por la alcaldesa desde antes de someterse a la decisión de las urnas.

Que ello sea o no factible, depende de muchos factores. Pero lo que sí parece una obligación inevitable, es sumar fuerzas y decisión para sacar adelante la administración municipal, para llevar adelante las obras y las reformas que exigen y necesitan todos los limeños, los que votaron por el Sí –por creer en la prédica revoicadora– y los que votaron por el No.

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