Cada vez más claro

El debate en torno a la posible adquisición del paquete mayoritario de acciones de la operación de Repsol en el Perú, pone cada vez más claro que la mayoría de quienes se oponen lo hacen por fundamentalismo neoliberal, maximalismo derechista o simple conveniencia o compromisos facturables por jugosas consultorías, siendo menos los que aportan y enriquecen la discusión con convicciones y razones que ameritan confrontarse en el terreno de las ideas.

| 30 abril 2013 12:04 AM | Editorial | 854 Lecturas
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Otro nivel tienen, definitivamente, quienes, con diversas posiciones, consideran factible la operación, más allá de tabúes y motivaciones ideológicas, o por lo menos no reaccionan visceralmente y prefieren un análisis sereno y económico, solo en función de cautelar los intereses nacionales, sin contaminarlos con los elementos invocados por los detractores a priori de la operación.

Ya el Presidente de la República ha despejado los fantasmas del estatismo que enarbolan quienes entregaron las riquezas nacionales a intereses foráneos, al señalar que, si la operación se concretara, sería con Petroperú asociado como socio minoritario, a inversionistas privados.

Adicionalmente, la Vicepresidenta de la República, Marisol Espinoza, le ha dado en el espinazo a los argumentos de los ululantes opositores de la compra y su empeño por presentar la operación como inconveniente económicamente y a Petroperú como una empresa ineficiente e incapaz de obtener réditos para el país.

Ha revelado a quienes no estaban adecuadamente informados, que lo que ofrece Repsol –una refinería, una cadena de grifos y una planta envasadora de gas- no es “chatarra” como dicen los furibundos cuestionadores de una operación que no ha planteado el gobierno, sino que es ofrecida por la empresa española.

Por el contrario, es tan buen negocio, que las AFP han invertido los ahorros de los pensionistas peruanos en la compra de un importante paquete accionario de la empresa, que obviamente les rinde dividendos.

Y lo han hecho sin que ninguno de los proclamados defensores del patrimonio de los ciudadanos, haya dicho nada contra lo que, de ser coherentes, debieron considerar como una pésima operación que perjudicaba a los ahorristas.

Por cierto, los promotores de intereses privados y operadores mediáticos que ofician muchas veces de consultores empresariales, jamás se preocupan sobre en qué invierten las AFP, ni reclaman de ellas transparencia ni abogan por el respeto a los derechos de quienes guardan en ella sus ahorros para la jubilación.

Tampoco hay inquietud ni ánimo fiscalizador hacia una reciente fusión y cambio patrimonial en el campo de las AFP que lucran con el manejo de los recursos de los peruanos, a los que, además, cobran por guardarles el dinero, comisiones que muchos consideran excesivas o injustificadas.

Pero sí saltan ululando cual irracional coro, para bloquear a Petroperú y dejarle el camino limpio a intereses extranjeros para hacerse de Repsol, con riesgo para la seguridad nacional.

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