Basta de insultos

Es censurable que, con el consabido pretexto del calor de la polémica, los políticos tradicionales y, en particular, los revocadores apelen con inadmisible desenfreno a lo que desde el comienzo ha sido su arma favorita, el insulto y la torpe maniobra para descalificar al adversario, como arma para ganar votos.

| 21 febrero 2013 12:02 AM | Editorial | 657 Lecturas
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Tal vez más condenable aún es el burdo intento de justificar y hasta legitimar los insultos con alegatos indignantes, como negarles ese carácter con argumentos de tan baja estofa, como el de alegar que, como hay muchos marihuaneros y la Alcaldesa ha dicho que alguna vez fumó marihuana, resulta que no es insultante que uno de los voceros del Sí haya llamado “marihuanero” a un regidor solo porque no quiso debatir con él porque no lo considera digno de polemizar, por el pobre nivel de sus argumentos.

Solo la desesperación de los revocadores ante su caída sostenida en las encuestas, frente al continuo ascenso del NO a la revocatoria, podría ayudar a entender, pero nunca justificar, semejante comportamiento, que ayer incluyó una portátil vociferante ante el edificio donde vive la Alcaldesa.

Esa conducta degrada la política y confirma que el proceso de revocación, como la causa de quienes pretenden defenestrar a la Alcaldesa, se han desprestigiado y sus impulsores se han encargado en mostrarlo como lo que es, un juego sucio en el que se mueven turbios intereses ligados a la corrupción que busca volver a apoderarse del gobierno municipal de la ciudad con fines nada santos.

Es insostenible calificar como insultos que merecen epítetos de respuesta, las referencias a esos antecedentes, que constan en procesos y expedientes judiciales, así como en denuncias firmes y en escándalos de público conocimiento protagonizados por los revocadores y los partidos que los apañan. Denunciar en qué lado está la negra sombra de la corrupción no es insultar, sino ilustrar a los ciudadanos sobre lo que está en juego en el proceso.

Por cierto, si los revocadores creen que con insultos –que pretenden sutilmente justificar encubridores mediáticos al atribuir el mismo mal a revocadores y defensores de la institucionalidad, a victimarios y a víctimas- van a recuperar posiciones y ganar votos, se equivocan absolutamente.

La ciudadanía repudia la procacidad y el juego sucio, sobre todo cuando se practican con descaro y torpeza, como es el caso, y sabrá demostrarlo en las urnas, en las que dará una dura respuesta firme y contundente a los conspiradores de la revocación; sin renunciar, de ninguna manera, a su derecho a exigir constantemente a la autoridad municipal legítima y fruto de la voluntad popular, que siga cumpliendo a cabalidad los deberes que le encomendaron los electores.


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