Pilpintuwasi: Un refugio para la esperanza

Gudrun Sperrer, otea su creación con marcado rostro de preocupación. Guddy, como muchos amazónicos la conocen, es una austriaca que llegó al Perú hace 27 años y decidió quedarse para dejar que la selva la convierta en una entomóloga hecha por la fuerza de la naturaleza.

| 29 mayo 2009 12:05 AM | Ecoturismo | 4.9k Lecturas
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Poco importa que su rostro y su frágil cuerpo traicionen sus 48 años, porque esta amada gringa, algo desaliñada, especie de María Reiche de la Amazonía, vive con intensa pasión y marcada responsabilidad la tarea que el destino y este país le han reservado, esa obligada labor de conservación de nuestras especies a las que el Estado está acostumbrado a dar la espalda.

A orillas del río Nanay, cerca al pueblo de Padre Cocha, a 20 minutos por río desde Iquitos, existe Pilpintuwasi (casa de las mariposas), el zoo criadero de mariposas y centro de rescate de animales silvestres creado con marcado esfuerzo por Guddy.

Luego de aprender sobre las plantas que hospedan los huevos de las mariposas, Gudrun junto a sus colaboradores y amigos ha logrado hacer un criadero donde actualmente 43 especies de insectos alados nacen, crecen, se reproducen y vuelven a nacer.

Quien visita Pilpintuwasi puede ser testigo no sólo del ciclo completo de vida de una mariposa y su impresionante desarrollo, sino del adecuado trato que se les debe dar a especies silvestres que viven en cautiverio.

Este centro de rescate cuenta, además de mariposas, con más de una decena de especies de monte que fueron rescatadas de manos de sus captores.

Muestra de ello es “Pedro bello”, un hermoso jaguar que alguna vez un hombre compró a los nativos con la intención de venderlo en Iquitos. Luego de tenerlo un mes encerrado en una caja de madera para frutas, sin alimento y casi al borde de la muerte, fue dejado en Pilpintuwasi. Hoy tiene seis años y su salud es envidiable.

Asi como Pedro, en este espacio de vida renacen un manatí de río recién entregado, un tapir llamado Lukas, Angélica la perezosa, una osa hormiguero llamada Rosa e irreverentes primates que acostumbran dar la bienvenida a los que visitan este hogar a campo abierto.

Si preservas, existes
Guddy y quienes toman conciencia de la preservación en Pilpintuwasi son concientes que su trabajo es y será insuficiente, aunque saben que si existiera mejores condiciones por parte del Estado y se dieran leyes más reales y racionales de preservación, no sólo se estaría dando grandes pasos para asegurar el futuro de la Amazonía, sino que este gobierno y los venideros estarían menos expuestos a futuras revueltas sociales.

Pero la realidad dista mucho de los deseos de Guddy y los especialistas que trabajan sin desfallecer en la selva peruana. El mensaje es uno solo. “El futuro de la Amazonía no es la producción extractiva, es el ecoturismo, la investigación y la preservación” así de enfático.

Tráfico millonario
Guddy denuncia que la depredación de especies endémicas como las mariposas ha llegado a niveles surrealistas en el Perú. Los comercializadores ilegales, nacionales o extranjeros, pagan un promedio de 50 nuevos soles por día a los cazadores de mariposas. Cada uno de estos aniquila en promedio 500 especies al día, de las cuales sólo se llega a comercializar la mitad por que los coleccionistas solo compran las que están en perfecto estado.

Lo triste del tema es que una mariposa tipo agria tiene un precio en el mercado internacional de hasta 2000 dólares por ejemplar, mientras que en el Perú, luego de legalizar la comercialización de mariposas disecadas, Inrena cobra 0.50 centavos de sol por cada mariposa que intente salir por el Jorge Chávez o alguna frontera.

Más lamentable aún es saber que muchos ni siquiera pagan ese irrisorio monto, puesto que el 95% de los envíos lo hacen a través de correo postal.

Resulta paradójico ser testigo de dos leyes que se contradicen una a otra. Mientras una sanciona la caza de especies endémicas, existe otra que legaliza la comercialización de algunas de ellas, como es el caso de las mariposas.

La dueña de Pilpintuwasi no se equivoca al indicar que la solución para frenar la depredación es legalizar la comercialización de especies vivas y regular la venta de las mismas a precios internacionales. Con la venta en Europa de una sola mariposa los traficantes acostumbran a pagar su boleto de ida y retorno a nuestro país.

La esperanza de vida de orquídeas, mariposas, otorongos, primates y cuantas especies estén en peligro tiene un refugio. Pedro, el Chavo, Igor, Angélica y Guddy pueden dar fe de ello.

Iván Mory
Redacción

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