Maravillas flotantes

Cuando uno habla de Puno, lo primero que viene a la mente es el fastuoso Lago Titicaca, y acto seguido, la Isla de los Uros, un conjunto de islas flotantes de totora, fabricadas por sus pobladores, indígenas descendientes de una de las culturas más antiguas de América.

| 19 junio 2009 12:06 AM | Ecoturismo | 2.2k Lecturas
Maravillas flotantes
Isla de los Uros. Muestra clara de lo que la creatividad de nuestros uros puede lograr a base de la totora que crece en grandes cantidades en el Titicaca.
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La isla Khana Uru (amanecer achatata), su nombre real, se ubica a media hora del muelle de Puno y se llega a ella en unos pequeños yates que cobran 10 soles por pasajero nacional y 15 soles por extranjero, además de los 2.50 soles por concepto de salida.

Estas embarcaciones son conducidas por los propios uros, que han visto en este servicio una forma de ganarse la vida. La presencia de patos silvestres escondidos entre los totorales anuncia la cercanía de la isla, ubicada en la desembocadura del Titicaca al río Vili, a una altura de 3,810 m.s.n.m, en aguas de temperaturas de hasta 10 grados bajo cero.

Cada isla flotante tiene su presidente, como el señor José Lujano, quien recibe a los recién llegados que aún no salen del asombro de estar sobre un montón de totora en medio del agua, mientras son observados por algunas mujeres, vestidas con coloridas blusas turquesas y faldas rojas; y que exhiben la artesanía que producen o adquieren a través del “trueque” de pescados que son la base de su alimentación.

Estos centros habitacionales y comerciales son construidos sobre bloques de raíces de totora, atados a palos de eucaliptos a modo de rompecabezas y, que son traídos con cuerdas desde una distancia de seis kilómetros. El material, al entrar en descomposición, emana gases que quedan atrapados en un enredo de raíces, lo que ayuda a la flotación.

Encima de estos bloques de raíces colocan totora seca, sobre la cual construyen viviendas de formas cónicas y tiendas. La totora seca es cambiada de forma quincenal o mensual para evitar su destrucción. Para mantener la firmeza, las islas son ancladas al fondo, por medio de palos que atraviesan el piso.

La Isla de los Uros cuenta con dos colegios nacionales y uno privado, y sus pobladores no son ajenos a la energía eléctrica debido a las antenas solares ubicadas en cada isla flotante.

Uno no termina de asombrarse hasta que la mirada se cruza con un “Caballito de Totora” gigante que surca las aguas, entonces parece retrocederse miles de años. Los uros prestos explican que se trata de su “Mercedes Benz”, por lo que sólo se destina al paseo de turistas que son despedidos por algunas lugareñas con un “hasta la vista baby”, que les arranca risas.

Las principales actividades económicas de los uros son la pesca y la caza; también se dedican a la elaboración de tapices de lana y al disecado de animales.

Los visitantes pueden conocer la Isla entre las ocho de la mañana y las dos de la tarde en que salen los yates desde el Puerto de Puno. El recorrido dura aproximadamente 3 horas.

Vilma Escalante
Redacción

César Aquije
Fotos

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