Urge una política activa frente al dólar

Con la reciente política devaluatoria del Brasil, el país más industrializado de América Latina, las exportaciones brasileñas se sumarían a las exportaciones manufactureras chinas a los mercados de todos los países que, como el Perú, pierden competitividad dejando apreciar sus monedas.

| 12 mayo 2012 12:05 AM | Economía | 1.8k Lecturas
Urge una política activa frente al dólar 1827

Mientras en nuestro país los responsables de las políticas fiscal y monetaria conspiran contra el crecimiento y la diversificación productiva aconsejándonos a vivir con una moneda fuerte, en Brasil la devaluación de su moneda es resultado de una política consistente en la aplicación de impuestos al ingreso del capital extranjero y en intervenciones activas de su Banco Central en el mercado cambiario.

Las razones de la baja del dólar o de la apreciación del nuevo sol
El debilitamiento del dólar a nivel global se debe al déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos de los Estados Unidos y al simultáneo debilitamiento de su financiamiento externo (las compras de acciones, bonos y otros papeles del tesoro norteamericano se han reducido). Lo que los Estados Unidos reciben por el intercambio de bienes y servicios es menor de lo que paga; por lo tanto, requiere financiamiento externo. Pero este financiamiento se ha hecho más difícil dando lugar a un proceso de depreciación del dólar. La entrada de menores recursos implica pérdida de respaldo al valor de la moneda norteamericana.

Al debilitamiento del dólar se suma la política devaluatoria explícita del Banco Central norteamericano, adoptada, sobre todo después de la crisis internacional de los años 2007-2009, y que se traduce en tasas de interés bajas. Con tasas cercanas al 1% se desincentiva la entrada de capitales. En otras palabras, se intenta reducir el déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos mejorando la competitividad de sus exportaciones con un dólar bajo en relación con otras monedas.

A estos dos factores externos se adiciona uno interno: el recurrente superávit comercial de nuestro país. Pero hay que señalar que este superávit está asociado a una renta natural cuyo valor se acrecienta con el aumento de los precios de los minerales, y no al mantenimiento de un tipo de cambio competitivo, como política cambiaria explícita. Esto es así porque las exportaciones de nuestro país son predominantemente primarias. Finalmente está el factor especulativo. Debido al mantenimiento de tasas de interés relativamente más altas a las prevalecientes en los países desarrollados, entran capitales. En nuestro país entonces hay, junto a una «enfermedad holandesa» conocida, otra asociada al capital especulativo.

Efectos del valor del tipo de cambio o del valor de la moneda nacional
La disminución del tipo de cambio o la apreciación del nuevo sol afecta especialmente al sector exportador no tradicional. Sus efectos negativos son tanto en el nivel de actividad como en el empleo. En el mundo globalizado actual donde la política arancelaria ha perdido importancia, el tipo de cambio no puede ser dejado al arbitrio del libre mercado.

Cuando el tipo de cambio se reduce, dadas las tasas de inflación externas e internas, los precios de los bienes extranjeros se hacen relativamente más baratos o los precios de los bienes nacionales se hacen relativamente más caros. Así, con un dólar más barato se estimula las importaciones, mientras que con un dólar más caro se abaratan las exportaciones. Las importaciones baratas asociadas a un tipo de cambio bajo afectan a los productores manufactureros y agroindustriales nacionales y, por lo tanto, al empleo; mientras que las exportaciones baratas, asociadas a un tipo de cambio alto, estimula la producción nacional y por lo tanto el empleo. De aquí se deduce que es mejor abaratar el precio de los bienes producidos nacionalmente.

Pero no solo importa el nivel del tipo de cambio (que sea alto o bajo), sino también sus fluctuaciones. En realidad las fuertes entradas y salidas de capitales en un contexto de libre movilidad complican las decisiones de inversión privada nacional en los sectores transables internacionalmente. Las decisiones de inversión suponen flujos de ingresos en un horizonte temporal largo; por lo tanto, las fuertes fluctuaciones de corto plazo del tipo de cambio afectan estas decisiones.

Finalmente, la apreciación monetaria que resta competitividad a los sectores transables cuando ocurre en medio de una crisis internacional que implica una caída de la demanda externa, afecta la rentabilidad de estos sectores y, en consecuencia el empleo y la producción. Las empresas privadas más afectadas con esta situación son las que tienen dificultades de acceso al financiamiento y un casi nulo poder de mercado (las pequeñas y medianas empresas que operan en los sectores transables).

A modo de conclusión
Hay pues razones de carácter financiero y productivo para adoptar una política devaluatoria activa. Un tipo de cambio más alto reduce el costo en dólares de las empresas, y la devaluación de la moneda reduce la tasa de depreciación esperada (porque el tipo de cambio se acerca al esperado) con lo cual se desincentiva la adquisición de activos externos. Así se influye positivamente en la rentabilidad de los sectores transables y se protege al mercado nacional. Es necesario tener la libertad de fijar la tasa de interés (la tasa del banco central) sin referencia a las tasas prevalecientes en el resto del mundo; y, para que esto sea posible, hay que controlar el flujo internacional de capitales, asegurar un tipo de cambio real estable y competitivo con intervenciones esterilizadas activas y seguir acumulando reservas.


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