Más daño a Caja Militar - Policial

La maltratada y agonizante Caja Policial-Militar, al borde del colapso, está a punto de perder un millón de dólares, víctima de las maniobras de un empresario que parece haber encontrado la manera de quedarse con una fábrica textil sin honrar las deudas que esta tiene con diversos acreedores.

Por Diario La Primera | 21 set 2008 |    
Más daño a Caja Militar Policial
(1) Los afectados por los golpes a la Caja Militar-Policial reclaman sus derechos. (2) Deuda de la Textil Santa Anita sin esperanzas de ser cobrada.
Maniobras de un empresario hacen que fábrica incumpla deuda de un millón de dólares con la institución.

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A RECORDAR

Un detalle final: la empresa Southamtex está domiciliada en el mismo lugar de Textil Santa Anita, es decir se encuentra superpuestas. Esto le cuesta un alquiler al habilidoso Servalli, que hace dinero y agota la vida útil de máquinas y equipos, con una empresa de fachada, sin asumir su     responsabilidad por las deudas acumuladas. ¿Y dónde está Indecopi? Pintado en la pared.

El caso está referido a la empresa Textil Santa Anita, que adeuda a la Caja Policial-Militar un millón de dólares, suma que está a punto de perder, lo que agravaría la situación de los fondos de retiro de policías y militares, duramente castigados por las maniobras financieras del entorno montesinista.

Uno de los dueños de la planta, Franco Giovanni Servalli Priori, ha adquirido otras deudas y las ha puesto a nombre de una empresa de fachada, Southamtex, con la que explota la maquinaria y equipos de Textil Santa Anita, sin asumir sus obligaciones, entre ellas el millón de dólares adeudado a la Caja.

En la década de los 90 se creó el sistema concursal peruano, por el cual las empresas en dificultades económicas y financieras podían optar por declararse en insolvencia y solicitar la conformación de una junta de acreedores que asumiese la administración y definiese el camino a seguir para tratar de salvar el negocio y los puestos de trabajo, a través de procedimientos de reestructuración y aumento de capital, o marchar a la liquidación y la recuperación de las deudas.

Este sistema se consideró un avance de modernización respecto a los viejos mecanismos de quiebra. Pero al poco tiempo resultó aprovechado por personas que, en el clima de corrupción y manipulación que creció en esa década, encontraron las brechas necesarias para el fraude. El caso de Textil Santa Anita es uno de ellos.

Constituida en setiembre de 1989 por don Ángelo Servalli Boni, en una sociedad con sus hijos, la empresa logró consolidarse a pesar de los tiempos turbulentos en que le tocó sufrir, pero acumuló diversas deudas para solventar su expansión. En 1995, tras la muerte de su fundador, sus herederos decidieron encarar su problema de las deudas declarando la insolvencia de la empresa.

El tema no llamaría demasiado a sorpresa, sino fuera que al poco tiempo Franco Giovanni Servalli Priori empezó a comprar las acreencias a los bancos y a otros. Esto llevó en un cierto tiempo a una situación paradójica en la cual el insolvente era dueño de la mayoría de su propia deuda. Todo esto, por supuesto, con un disfraz, ya que en el 2000, el mismo Franco Servalli conformó la empresa Southamtex SAC, con un mínimo de capital (3 mil soles), y la hizo aparecer como titular de las acreencias, lo que le permitió a su vez tomar el dominio de las máquinas de Textil Santa Anita y ponerlas a trabajar para la nueva empresa.

En ese punto, Servalli empezó a ofrecer a otros acreedores un pago a cuenta de su deuda. Así al señor Franco Farchetta, al que le deben 200 mil dólares por la venta de máquinas, le ofreció 30 mil para arreglar el asunto “entre paisanos”.

Raúl Wiener
Unidad de Investigación


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